02 may

Acompañarles en su aprendizaje.

Acompañar a nuestros hijos en su aprendizaje. Ése es el deseo de muchos padres. Lo difícil es encontrar la manera de hacerlo de manera saludable, sin desestructurar la dinámica familiar y potenciando su progresiva autonomía.

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Escribo este artículo para reflexionar sobre unas pautas básicas que nos pueden ayudar a conseguirlo:

  1. Favorecer la concentración. Nuestro hijo necesita adquirir poco a poco hábitos, poner en marcha herramientas internas para centrar su atención en lo que hace. Esto sólo se consigue mediante la práctica.

Tengamos en cuenta que se podrá concentrar mejor en un lugar con pocas distracciones y ruidos, preferiblemente que sea “su espacio” y debe aprender a hacerlo sólo, sin depender de que alguien se siente a su lado para hacer las tareas. Podemos ayudarle a ser consciente de cuándo se concentra mejor, en qué circunstancias, qué consigue cuando lo hace, cómo se siente entonces… Lo ideal es que él se conozca y se pueda autorregular poco a poco.

  1. Fomentar la responsabilidad. ¿Y si en lugar de ser la “agenda” de nuestro hijo, estudiarnos los exámenes con él o preparar todos los días su mochila le vamos enseñando a asumir que ésa es responsabilidad suya? ¿Qué pasaría si un día se le olvida apuntar en la agenda o no se lleva el bocadillo a clase? Pues aprenderá que sus actos tienen consecuencias y que si no mete el bocadillo en la cartera no tendrá bocadillo en el recreo.

Cuando somos reponsables de las tareas y procesos que iniciamos, cuando los vivimos como propios, nuestra implicación es mayor. Es necesario que entienda que es su camino, nosotros estaremos cerca, pero es él quien lo ha de andar, quien lo ha de disfrutar, quien recogerá las consecuencias positivas o negativas de sus actos.

  1. Despertar la pasión por aprender. La motivación es algo interno pero sin duda influye el ambiente y la compañía. Mostrar interés por lo que aprende nuestro hijo, preguntarle por lo que hace (no tanto por las notas que saca), con quien se relaciona, qué es lo que más le ha gustado del día, los obstáculos que ha superado, cómo se siente al hacer unas y otras cosas… pocas cosas motivan más en la niñez que el interés y el apoyo de los padres.
  1. Sacar el aprendizaje del aula. Incentivar los experimentos, utilizar el error como herramienta de aprendizaje no de castigo, poner a su alcance herramientas que promuevan su curiosidad (libros, juegos, acertijos, museos, espectáculos, materiales distintos…), analizar los problemas de su día a día y buscar diversas soluciones (que las busque él, no dárselas hechas), dejarle tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas, responsabilizarse de tareas en casa, acercarle a los sentimientos de otros y ayudarle a expresar los suyos… Todos estos aprendizajes serán fundamentales para su vida y también para sus estudios. No todo lo que se aprende lleva detrás un boletín de notas.

Seguramente los aprendizajes más importantes de su vida sobrepasen el aula, intentemos que lo sepa y lo note a través de nuestras acciones y palabras.

Ana Ayala. Pedagoga en Cadakual Iniciativa Social S.Coop.

Publicado en Agenda Menuda en enero de 2016.
16 mar

Neuroeducación: Estimular el aprendizaje.

La neuroeducación nace de la unión de la neurociencia, la psicología y la educación; es el nexo de unión de todos ellos y consiste en aprovechar los conocimientos sobre el funcionamiento cerebral para enseñar y aprender mejor.

Mucho se está hablando últimamente sobre esta disciplina poniendo sobre el tablero educativo elementos que aunque antes estaban, sin duda no con tanta fuerza ni tanto “respaldo científico” como ahora: Estimular el aprendizaje, descubrir la pasión y el talento del alumno, asociar el error con el proceso necesario para el logro y por lo tanto con algo positivo (también nos enseña).

El aprendizaje debería ser divertido y natural, debería ser experiencia y debería ser un proceso permanente, que no acabase nunca, una herramienta que nos ayudase a enfrentarnos cada día a la incertidumbre. Los niños pequeños aprenden con alegría, con sorpresa, con ensayo y error, con retos a su medida pero sobre todo movidos por su curiosidad. Cuando el aprendizaje es positivo y agradable… ¡queremos más! ¿Qué hace que niños desde 2º y 3º de primaria quieran menos en lugar de más? ¿En dónde estamos fallando?

El siguiente vídeo muestra en 4 minutos mensajes importantes que podríamos ir aplicando en el mundo educativo: estimular el talento.

03 mar

El botiquín de las emociones

Ya nadie duda de la importancia de trabajar con las emociones en el aula, en casa y aprovechando cualquier ocasión que nos lo permita. No siempre es fácil; no hace tanto que comenzaron a considerarse como prioritarias en el mundo educativo.

Lo difícil en el trabajo con las emociones es que los mismos adultos a veces no somos capaces de reconocerlas y gestionarlas bien y eso nos convierte en un no-ejemplo de lo que hay que hacer.

En estos casos nada mejor que aprender todos juntos, poco a poco. Primero identificando las emociones primarias: placer, ira, dolor y miedo (y poco a poco ir incorporando otras). Reconocerlas y dejarnos sentirlas. Y después ir probando respuestas que nos ayuden a gestionarlas (¡no a hacerlas desaparecer!),  a asumirlas, a actuar y por último a ser conscientes de las consecuencias/resultados de nuestra actuación (es decir si eso nos ayuda, nos hace sentir mejor o al contrario). El ensayo-error es una buena fórmula de aprendizaje.

Recordemos también que lo que funciona y sienta bien depende de cada uno hay que respetar que cada persona encuentre su manera y su momento para expresar lo que siente; las emociones y la manera de gestionarlas NUNCA se debería imponer.

Nos ha gustado mucho el siguiente artículo que expone de manera sencilla y práctica una dinámica para poder iniciarnos en esto de las emociones toda la familia, o toda una clase. Propone una serie de pasos: Analizar la situación, establecer un diagnóstico y recetar o auto-recetarse una “cura”.

El botiquín de las emociones 

Publicado en refugiodecrianza.com el 8 de febrero de 2016

juguete de médico

11 feb

Taller de formación para padres

Como apoyar y motivar a nuestros hijos de Primaria en su proceso de aprendizaje escolar.

Imagen Taller para padres - Feb 16

 

SESIÓN 1 – YO, COMO MADRE O PADRE, INFLUYO EN SU APRENDIZAJE

¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y si le estoy perjudicando? ¿Castigo, recompensa o hay otras opciones? ¿Qué hacemos con los deberes?
Claves para un acompañamiento emocionalmente sano.

SESIÓN 2 – MIENTRAS APRENDE… ¿QUÉ PIENSA Y SIENTE MI HIJO?

¿Puedo influir en la manera de aprender de mi hijo? ¿Cómo puedo motivarlo? ¿Cómo aprovechar los recursos que tenemos en casa para potenciar su aprendizaje? ¿Cómo contribuir a que se sienta bien mientras hace sus deberes?
Claves para favorecer el bienestar personal de mi hijo a la vez que su rendimiento académico.

SESIÓN 3 – TÉCNICAS DE ESTUDIO – HERRAMIENTAS DE APRENDIZAJE

¿Es lo mismo estudiar que aprender? ¿Qué hacer antes, durante y después del estudio? Tomar apuntes, subrayar, hacer resúmenes, esquemas, memorizar… conozcamos herramientas que pueden ayudar a nuestro hijo.
Técnicas y recursos para facilitar el estudio en casa.

Fechas de realización:
Sesión 1 – Jueves 25 de febrero de 20 a 22 h.
Sesión 2 – Jueves 3 de marzo de 20 a 22 h.
Sesión 3 – Jueves 10 de marzo de 20 a 22 h.

Lugar de realización:
Escuela Murciana de Primera Infancia – EMPI
(C/Morera s/n Santiago el Mayor – Ronda Sur)

Precio:
Inscripciones y pago hasta el 23 de febrero.
60€ el taller (las tres sesiones).
25€ una sesión.

Más información: info@cadakual.org

31 ene

Cómo ayudar a los niños en su aprendizaje.

Hoy nos estrenamos en el Blog de Agenda Menuda con un artículo sobre aprendizaje. No podía ser de otra manera, nuestra pasión y dedicación desde hace ya años.

Un artículo que pretende ser una reflexión para todos esos padres que quieren ayudar a sus hijos con sus deberes, porque no es fácil. 4 pautas que van más allá de los deberes porque su aprendizaje… también va mucho más allá.

Esperamos que os guste.

 

Cómo ayudar a los niños en su aprendizaje

 

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23 jul

Aprendizaje Accidental

Nos ha encantado este artículo. Aprender... por accidente; un aprendizaje invisible que sin embargo es más potente y duradero que el intencionado. ¿No debería de ser esto una pista para avanzar en otras maneras de aprender?
Publicado en Ined21.com. 15 julio 2015. Gisel Martínez Ortiz.

UPS, LO SIENTO… LO APRENDÍ POR ACCIDENTE

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El aprendizaje accidental se da en las actividades del día a día cuando aprendemos algo que no esperábamos o no teníamos intención de aprender.

En 1967 Arthur Reber se refirió a este fenómeno en términos de “aprendizaje implícito”, como un conocimiento intuitivo de la estructura subyacente de los estímulos del ambiente a los que estamos expuestos. Este conocimiento es difícilmente exportable o sistematizable y además complicado de verbalizar.

El fenómeno ha recibido multitud de nombres además de implícito o accidental: aprendizaje incidental, serendípico, tácito, casual, periférico, colateral… Hay quien añade matices y quien usa las distintas nomenclaturas como sinónimos. A mí me gusta lo tremendo que suena “accidental”, por lo tanto, es el término que utilizo más.  También me encanta el concepto “aprendizaje invisible”, aunque lo entiendo como algo más amplio.

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En la otra cara de la moneda encontraríamos el aprendizaje intencionado, que es el que se da tras el proceso mediante el cual un individuo tiene como objetivo aprender algo y dirige sus esfuerzos a la consecución de dicha meta. Este conocimiento explícito es activo, estratégico, formal, sistematizado, exportable… lo contrario a lo comentado anteriormente.

PARADOJA DEL APRENDIZAJE ACCIDENTAL: SE APRENDE MÁS Y MEJOR

Como el aprendizaje intencional sigue una estrategia, está codificado y es más formal podríamos pensar que sus resultados sobre el aprendizaje incidental son mejores. Sin embargo, la práctica repetida e intencional de una actividad proporciona resultados mediocres si no ha sido convenientemente motivada y dirigida hacia la comprensión. Contrariamente, prácticas menos repetidas y además casuales, pero más motivadoras y comprensibles, ofrecen aprendizajes altamente significativos.

No es ningún secreto el escaso rendimiento que se obtiene de las exhaustivas explicaciones de las clases magistrales, actividad realizada con toda la intencionalidad pero que no siempre desemboca en aprendizaje. Sin embargo, no es nada extraño ver como se aprende eficazmente mediante las actividades espontáneas del juego.

Es común observar como el listado de vocabulario a aprender para el examen de inglés permanece en la memoria a corto plazo lo justo para a duras penas aprobar el examen, mientras que aquellas palabras que interiorizamos con las canciones de nuestros grupos favoritos o los diálogos de los personajes de nuestras series se alojan en nuestra memoria a largo plazo. Generalmente la actividad incidental ofrece mejores resultados.

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INCLUIR INTENCIONADAMENTE LO ACCIDENTAL

Vivimos en un contexto en el que NO se valoran los conocimientos de una persona si no están certificados por una institución académica oficial.

Afortunadamente, cada vez se habla más (aunque no lo suficiente) de la inclusión de la educación informal en la formal. Pero como apunta Marcia L. Conner, dentro del aprendizaje informal está el intencionado y el accidental. ¿Cómo incluir, a propósito, aquello que ocurre de manera casual?

Si partimos de la base de que la mayor parte de aprendizajes accidentales se dan en el contexto del aprendizaje informal, podemos deducir que haciendo el esfuerzo consciente de integrar lo informal en lo formal estaremos dando la oportunidad de manifestarse a todos esos conocimientos accidentales susceptibles de general verdaderos aprendizajes significativos.

Creo que es necesario cambiar este contexto en el que estamos, diversificar la manera en que se adquiere el conocimiento en nuestra sociedad. Es un buen momento para poner nuestras miras en la educación informal y aceptar y valorar el aprendizaje accidental que de ella se obtiene.

13 jul

El valor del aburrimiento en el juego infantil

Reflexión más que interesante, más para esta etapa de verano. Cambiar la perspectiva, darle un valor positivo y favorecer el autoconocimiento y la gestión de emociones. Todo un reto, para pequeños y mayores.

Publicado en www.rejuega.com – 9 julio 2015

el aburrimiento en los ninosUna reflexión sobre el aburrimiento en la infancia y su importancia en el juego infantil para el crecimiento y desarrollo de los niños. Una opción de ver el aburrimiento como un valor al alza.

Después de una época donde los niños han estado durante muchas horas con actividades dirigidas, propuestas seleccionadas, juegos acompañados, actividades extraescolares, horarios marcados, fines de semana planificados… llega un momento en el que aparece el tiempo libre y descubren que ese tiempo es suyo y deberían gestionarlo.

En muchos casos es como si de repente se asomaran a un abismo, donde no saben cómo seguir si no tienen a nadie que se lo diga, porque así llevan haciéndolo todo los días del año… Y comienzan a notar esa sensación llamada aburrimiento que quieren que le solucionemos o buscan solucionar de una forma poco productiva, molestando a su hermano pequeño que disfruta como una perdiz de su propio juego.

Desde hace unos año también vivimos esta sensación en casa y he de reconocer que al principio daba respuesta con ideas para que hicieran o hiciéramos, luego opté por no dar más ideas e incentivar en la generación propia de ideas sin mucho éxito, mientras yo me enfadaba conmigo misma porque no entendía cómo uno podía aburrirse con la cantidad de juguetes que tenían a su alrededor y de cosas que se podían hacer…. Hasta que entendí queel aburrimiento era lo mejor que les podía pasar a mis hijos si yo no ofrecía opciones de actividades y, mucho menos, daba permiso para el uso de tecnologías.

Era la mejor opción porque una vez pasada la cresta de la ola del “estoy aburrido”, “no sé qué hacer”…, llegaba la fase interna de: “he de buscar algo para hacer porque no me ofrecen alternativas”, y luego la etapa de silencio donde poco a poco comenzaba a deslumbrar la idea….. Entonces comprobé que el aburrimiento se convertía en la antesala de la imaginación pero de una imaginación auténtica extraída del interior y capaz de llevar al niño a un punto creativo tremendamente rico. 

el aburrimiento en los ninosViendo el panorama que nos rodea me doy cuenta que tenemos a los niños acostumbrados a estar rodeados de miles de cosas al día (sean actividades, tecnología o juguetes estructurados); quizás porque tenemos tanto miedo a que no aprovechen el tiempo aprendiendo, que creemos, con toda nuestra buena fe, que estimularlos las 24 horas del día es lo mejor.

Y quizás no nos hemos parado a pensar que si desde pequeños les dejamos tiempo para ellos: tiempo para jugar libremente y para que realicen la actividad que su interior les marca, ya sea un juego espontáneo, una lectura, un dibujo o lo que les apetezca; el niño aprende mucho más sobre esa experiencia y sobre sí mismo que con cualquier otra actividad dirigida. Y ojo, que las actividades dirigidas son muy enriquecedora pero con moderación y pasión controlada.

Por eso creo que deberíamos de replantearnos esto y comenzar a darles más tiempo libre para jugar y cuando aparezca el aburrimiento, que aparecerá, interpretarlo como un estado más del juego y del aprendizaje que el niño ha de aprender a detectar y gestionar. Y que si no intervenimos en la solución son ellos, poco a poco, los que encontrarán la salida.

Pero para ello hemos de reflexionar y modificar ciertas actitudes, y en este caso del que hablamos, hemos de cambiar nuestra visión negativa del aburrimiento para considerarlo un valor al alza, un valor muy importante que repercutirá en su juego, en la manera de jugar y experimentar, en su curiosidad y asombro, pero sobre todo en el propio auto-conocimiento del niño.

No veremos un cambio inmediato en ellos, pero si les favorecemos ambos tiempos: para jugar y para aburrirse, aprenderán a valorar que ese tiempo es realmente suyo y que con él pueden y son capaces de hacer lo que quieran. Aprenderán a detectar las etapas del juego con sus momentos álgidos y su decaída, y será en ese momento de disminución de atención o de necesidad interior cuando podrán encauzarlo hacia otro terreno, hacia otro tipo de juego que les llene más.

Será el momento en que el asomo del aburrimiento llamará a la imaginación para que le guíe…

Este proceso, por parte del niño, necesita de un aprendizaje de la gestión del aburrimiento.Y por parte del adulto, necesita del permiso paterno para aburrirse, de una mirada positiva, de abstenernos de dar opciones y aguantar dignamente la “bajada de la ola” de una manera tranquila. De esta forma nuestros hijos irán adquiriendo el hábito de buscar sus propias iniciativas, de solventar esa sensación de abismo y canalizar esa energía “desconocida” en un torrente de posibilidades para su juego y su aprendizaje.

Así que te invito a que investigues las fases del aburrimiento que te encuentras en casa, que hagas el ejercicio de mantenerte al margen y que observes el transcurso del tiempo restante. Estoy segura que desde el primer día te sorprenderás y valorarás aún más el “me aburro”, porque lo considerarás una oportunidad de descubrir en tus hijos sus propias posibilidades, sus gustos y posiblemente su pasión y su talento.

Y descubrir esto te dará a ti una información valiosísima para su acompañamiento y su desarrollo como persona. Así que, ¿Cómo ves tú el aburrimiento ahora?

16 jun

Yo no ayudo a mi mujer con los niños ni con las tareas de casa.

Las frases y los gestos con los que viven nuestros hijos todos los días son los que ayudarán a conformar su visión del mundo. Los estereotipos se transmiten de generación en generación porque de manera consciente o inconsciente están en nuestro vocabulario, en nuestros gestos. Reflexionar sobre ello, identificarlos y ofrecer una visión diferente a nuestros niños será lo único que permita cambiar la realidad; la educación cambia el mundo.

Esta mañana he ido de paseo y al supermercado con los niños (ya tienen 15 meses, están para comérselos, ¡de verdad!). En la cola, se me ponen a hablar un par de señoras, y las dos concluyen lo mismo: “hi ha que veure, lo que ajuden ara els homens a les seues dones amb els fills” (“hay que ver lo que ayudan ahora los hombres a sus mujeres con los hijos”). Ésta es una de esas situaciones que me encantan para poder provocar un poco y sacar mi lado más feminista. Pero hoy se hacía tarde para comer y me he limitado a sonreír, agradecer y seguir a casa.

niños

¿Que qué le habría dicho a estas señoras? Probablemente, como en otras ocasiones, les habría respondido con un “disculpe señora, pero no, ni ayudo ni pienso ayudar a mi mujer con los hijos”. Y pasaría a explicarle cuál es mi punto de vista al respecto.

Antes de tener hijos yo nunca he sido de esas parejas o maridos que ayudan a su mujer con las tareas de casa. Pero es que mi mujer tampoco me ha ayudado nunca. Y cuando llegaron los hijos las cosas siguieron más o menos igual: ni le he ayudado con la casa ni ahora con los hijos. Habrá alguno que aún no haya pillado de qué va la cosa y esté pensando maravillas sobre mí y apiadándose de mi mujer (¡pobrecita, menudo le ha tocado!). No, yo no ayudo a mi mujer con los niños porque no puedo ayudar a alguien con algo que es mi entera responsabilidad.

Los hijos, al igual que las tareas domésticas, no son el patrimonio de nadie: ni pertenecen a la mujer ni pertenecen al hombre. Son responsabilidad de ambos. Por este motivo me llega a ofender cuando, de modo muy bienintencionado (soy consciente) me halagan con “lo mucho que ayudo a mi mujer”. Como si no fueran mis hijos o no fuera mi responsabilidad. Hago, con mucho esfuerzo y mucho gusto ni más ni menos que aquello que me corresponde. Al igual que mi mujer. Y por mucho que me esfuerce nunca podré llegar a hacer tanto y tan bien como hace ella.

¿Por qué tenemos esta visión de las responsabilidades?

Tenemos aún en la mente un modelo de familia patriarcal en el que hay un reparto de tareas muy bien definido: el hombre es el proveedor de recursos, la mujer la gestora del hogar (ahí se incluyen los hijos). Sin embargo la sociedad ha cambiado profundamente en las últimas décadas (afortunadamente) y este reparto de papeles ha pasado en muchos casos a la historia. La mujer hoy en día, aunque sigue profundamente discriminada socialmente (no hay más que ver la diferencia en salarios u oportunidades de promoción laboral) es el agente de su propio desarrollo, tiene la capacidad de desarrollar una carrera profesional en los mismos ámbitos que un hombre y, si decide dedicarse al cuidado de los hijos es, en la mayoría de los casos, por una elección personal, y no por falta de oportunidades o derechos sociales.

En un momento en el que tenemos esta igualdad de roles entre hombre y mujer, asumir de facto que los hijos son responsabilidad de ellas es un vestigio del pasado. Hoy en día hombre y mujer se reparten (o deberían hacerlo) de modo equilibrado aquellas tareas que les atañen a ambos, como la casa y los hijos. ¿Y qué es “de modo equilibrado”? Ese equilibrio no implica en (casi) ningún caso un reparto 50-50, sino más bien una adaptación flexible entre la disponibilidad de los miembros de la familia y las tareas que se requieren. Pensemos por ejemplo, qué injusto sería un reparto de tareas 50-50 en un caso en el que la mujer llegara a casa a las 20:00 después de 12 horas de trabajo, y su pareja llevara desde mediodía en casa. Un reparto “mitad tú, mitad yo” sería tremendamente injusto. E igual a la inversa.

Los hijos implican dar un paso más allá en esta flexibilidad y suponen un importante test de compenetración y trabajo de equipo en la pareja (y cuando vienen a pares como en nuestro caso, más todavía). Ya hablé hace tiempo sobre el papel del padre durante la lactancia, ya que parece que muchos padres se sienten perdidos durante esta etapa pensando que la mujer es la única que puede hacer algo por el niño. Ni mucho menos. Pero conforme crecen los niños el papel que juega el padre crece más si cabe.

¿Cuáles son las tareas propias del padre y cuáles las de la madre?

Bueno, pues más allá de ser la madre (por obvios motivos) la encargada de la teta, el resto de las casi innumerables tareas relacionadas con los hijos no son patrimonio exclusivo de nadie, son total y absolutamente intercambiables entre padre y madre en función de las circunstancias, preferencias (de ellos o de los hijos -hoy quiero que me duerma la mami/el papi-) o habilidades de cada uno.

Un buen reparto de esas tareas es el que es equilibrado, justo, que no genera conflicto y que permite un desarrollo armonioso de la rutina doméstica.

¿Qué modelo quiero transmitir a mis hijos?

Quiero que mis hijos crezcan sin saber si planchar es cosa de hombres o de mujeres. Que no sepan si los baños son cosa de su padre o de su madre. Que no asocien la cocina con el feudo de nadie, ni tampoco la aspiradora, doblar ropa u ordenar los armarios. Que acudan con más o menos igual frecuencia a uno o a otro para dormir, para contar sus confidencias, para jugar o para enfadarse. Que no haya un “jefe” de la casa sino que todos convivimos del modo más feliz posible.

Así que no, señora, yo no ayudo a mi mujer con los niños. Tampoco con la casa. Estoy con ellos en el supermercado y les paseo porque son mis hijos y me acompañan allá donde voy. Les cambio los pañales, les baño, les llevo al parque o les preparo la comida no por ayudar a mi mujer, sino porque son mis hijos, son mi responsabilidad y quiero que crezcan con un modelo de familia y de reparto de tareas diferente a aquel que Ud. y yo hemos tenido.

02 jun

Así combate Finlandia el acoso escolar y el ciberbullying en las aulas

Ganas; recursos; formación a profesores, padres y alumnos; educación emocional como base para el cambio... y los resultados dicen lo demás. Porque es cosa de todos, todos nos habremos de implicar en la solución, que sin duda, pasa por lo educativo y la concienciación más que por la sanción.

El programa KiVa no solo detiene a los acosadores sino que también aumenta el bienestar y la motivación por estudiar

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Es un programa cuidado hasta el detalle que se llama KiVa, un acrónimo sencillo, y casi pegadizo, de dos palabras finlandesas Kiusaamista Vastaan (contra el acoso escolar). Con esta iniciativa,Finlandia está logrando frenar el acoso escolar y el ciberbullying en sus aulas. Implantado ya en el 90% de los colegios de educación básicasu éxito ha resultado tan arrollador que contar, o no, con este proyecto ya es un requisito que muchos profesores y alumnos tienen en cuenta a la hora de elegir y valorar un centro educativo donde trabajar o estudiar.

KiVa surgió de un serio compromiso entre la comunidad educativa y el gobierno finlandés. Tras una década de no lograr acabar con los casos de acoso escolar y de ciberbullying entre los estudiantes, llegó un momento en que el entonces ministro de Educación, Antti Kalliomäki, se planteó seriamente atajar el problema y habló con un grupo de investigadores de la Universidad de Turku que llevaba 25 años estudiando las relaciones entre los niños. Un año después, en 2007, arrancó el programa KiVa, financiado por el propio Gobierno, y diseñado por este equipo.

Casos de acoso que desaparecieron

«El proyecto se fue poniendo en marcha aleatoriamente en los colegios finlandeses», cuenta Christina Salmivalli, profesora de Psicología en Turku y una de las creadoras de KiVa. La universidad realizó, unos años después, un estudio para evaluar cómo se iba desarrollando el programa. Los resultados fueron espectaculares. «Fue el mayor estudio realizado en Finlandia. Participaron 234 centros de todo el país y 30.000 estudiantes de entre 7 y 15 años. KiVa había logrado reducir todos los tipos de acoso en los colegios. Los casos de acoso escolar desaparecieron en el 79% de las escuelas y se redujeron en el 18%», explica la profesora.

Sólo con un año de implantación los investigadores comprobaron que en algunos cursos el número de niños acosados bajó incluso un 40%. Pero además se llevaron una grata sorpresa al constatar que «KiVa también aumenta el bienestar escolar y la motivación por estudiar, al mismo tiempo que disminuyela angustia y la depresión», dice Salmivalli.

A diferencia de otros modelos que se centran exclusivamente en la víctima y el acosador, «KiVa intenta cambiar las normas que rigen el grupo —indica la profesora—. Dentro del grupo están los otros, esas personas que no acosan, que observan, que son testigos y que se ríen. A través de esa comunicación no verbal transmiten el mensaje de que lo que pasa es divertido o está bien, aunque tengan una opinión diferente. No hay que cambiar la actitud de la víctima, para que sea más extrovertida o menos tímida, sino influir en los testigos. Si se consigue que no participen en el acoso, eso hace cambiar la actitud del acosador. El objetivo es concienciar de lo importante de las acciones del grupo y empatizar, defender y apoyar a la víctima».

El contenido

Y así se sigue en el programa. Los estudiantes reciben una veintena de clases a los 7, 10 y 13 años para reconocer las distintas formas de acoso y mejorar la convivencia. Hay diez lecciones y trabajos que se realizan durante todo el curso académico sobre el respeto a los demás, la empatía… Cuentan con material de apoyo: manuales para el profesor, videojuegos, un entono virtual, reuniones y charlas con los padres… «Detectamos que muchos niños víctimas no contaban su caso. Así que añadimos un buzón virtual. De esta forma, pueden denunciar si son víctimas o testigos y nadie lo sabe», cuenta Christina Salmivalli. Para hacerse una idea, KiVa establece que los vigilantes del recreo usen chalecos reflectantes para aumentar su visibilidad y para recordar a los alumnos que su tarea es ser responsables de la seguridad de todos.

En cada colegio hay un equipo KiVa, formado por tres adultos que se ponen a trabajar en cuanto tienen conocimiento de un caso de acoso escolar o ciberbullying en el centro. «Primero actúan como filtro, para reconocer si es un acoso sistemático o algo puntual. Después se reúnen con la víctima para dale apoyo, ayudarla y tranquilizarla. También hablan con los acosadores para que sean conscientes de sus acciones y las cambien», indica.

La profesora Salmivalli está dando a conocer el programa en otros países y buscando socios-colaboradores para extenderlo. El proyecto ya ha merecido reconomientos internacionales y se ha exportadoa Reino Unido, Francia, Bélgica, Italia, Suecia, Estados Unidos… ofreciendo también resultados muy esperanzadores. Se ha comprobado que el acoso escolar ha disminuido entre un 30 y 50% en esos países durante el primer año de implantar KiVa. En España, algunos colegios y organizaciones ya se han interesado por esta iniciativa. «Nosotros no podemos atender individualmente a las escuelas de todo el mundo que nos escriben. Necesitamos —concluye la profesora— que en cada país exista una organización encargada de extender el proyecto, con socios locales que aporten una inversión para la traducción del programa, para pagar la licencia del desarrollo de KiVa y el sueldo de una coordinadora internacional».

23 may

Tonucci: “El alimento de la escuela debería ser la experiencia de los niños”

El valor de la experiencia, el valor de un buen maestro, el valor de una ciudad para los peatones. Todo se mezcla en las ideas de Tonucci, que aboga por la experiencia cotidiana como el mejor aprendizaje para la vida.
Publicado en reevo.org
Francesco-Tonucci | Tiching

Francesco Tonucci. Pensador, psicopedagogo y dibujante

¿Cuál era su punto fuerte, en la escuela?
El dibujo: siempre era el mejor. Recuerdo a las maestras acercándose al pizarrón para admirar mis dibujos. Pero lo cierto es que viví una experiencia escolar muy regular; cada año tenía miedo de no pasar de curso. Ahora sé que no hay ninguna relación entre el éxito escolar y el éxito en la vida. Esto es así porque, lamentablemente, la escuela tiene una relación muy escasa con la vida misma.

¿Cómo podrían acercarse ‘vida’ y ‘escuela’?
La experiencia de los niños debería ser el alimento de la escuela: su vida, sus sorpresas y sus descubrimientos. Mi maestro siempre nos hacía vaciar los bolsillos en clase, porque estaban llenos de testigos del mundo exterior: bichos, cuerdas, cromos, boliches…

Quería evitar distracciones.
Pues hoy un maestro debería hacer lo contrario, debería pedir a sus alumnos que le mostraran lo que llevan en los bolsillos. De esta forma la escuela se abriría a la vida, recibiendo a los niños con sus conocimientos y trabajando alrededor de ellos.

Si todo lo ponen los niños, ¿para qué necesitamos escuelas?
La escuela ofrece un método de trabajo, ofrece el cómo. El qué no es tan importante porque el contenido cambia. Hoy en día no queda nada de la geografía que yo estudié y, en cambio, nadie me enseñó a viajar, a conocer una nueva cultura. Lo que necesitan los alumnos de hoy, que serán adultos mañana -en un mañana que nosotros no podemos conocer-, son herramientas y ganas de aprender.

Para esto hace falta un buen maestro.
Claro. Un buen maestro es el que escucha a los niños, porque sabe que no están vacíos, sino que son ricos de una experiencia que él no conoce. Y, si no la conoce, ¿cómo va a proponer un contenido que les resulte interesante? Cada acción educativa tiene que empezar con una escucha, para recibir a los alumnos con lo que conocen y lo que saben hacer.

¿Y qué papel juegan las nuevas tecnologías y herramientas digitales comoTiching?
Las tecnologías son un gran invento pero no hay que olvidar que son un instrumento que solo vale si el que lo utiliza es bueno. Por eso los buenos maestros no solo necesitan estos instrumentos, ¡los estaban esperando! Yo conocí a grandes maestros que si hubieran vivido estos cambios habrían dicho: “menos mal que alguien lo ha pensado, porque estábamos haciendo un gran esfuerzo”. Son aquellos que utilizaban la imprenta para hacer un diario escolar, los que organizaban correspondencia con niños de otros países…

No todos los maestros piensan así.
Un maestro que usa el libro de texto de la primera página a la última -que es una forma lineal de enseñanza-, ¿qué puede hacer con un instrumento tan plástico y tan poderoso como un ordenador? Como mucho, lo puede humillar utilizándolo como libro de texto. No serán las tecnologías las que mejorarán las escuelas. Ni tampoco las leyes. Serán los buenos maestros.

¿Qué cambiaría usted de la escuela?
Todo. La escuela es una estructura absolutamente ajena a la vida social. Dentro de la escuela tenemos el aula, un espacio abstracto que se repite exactamente con la misma forma más de 20 veces. Y lo raro es que, en ella, con el mismo mobiliario y con los mismos instrumentos, los alumnos se quedan horas y horas sentados haciendo cualquier cosa: lengua, matemáticas, arte, música…

¿Dónde deberían estar, los alumnos, si no es en el aula?
Mi propuesta es renunciar a las aulas. Me imagino una escuela hecha de laboratorios y talleres fuertemente significativos en la que son los alumnos los que se mueven, no los adultos. El recorrido de un taller a otro les ayuda a cambiar el chip y con la ambientación de cada taller se acaban de situar en la materia que les toca.

¿Cómo sería, por ejemplo, el taller de lengua?
Podría ser una biblioteca. Un lugar con libros, donde pudiéramos leer y escribir. En cambio, una clase de matemáticas sería completamente diferente, con elementos de geometría, por ejemplo. La de ciencia tendría microambientes, animales, plantas, microscopios… Y el taller de arte no se parecería en nada a todo esto, sería de colores y en las paredes habría las obras de todos los niños y niñas.

Parece divertido.
Y esto son solo los espacios internos, pero también pienso en los externos. En vez de patio, pondría una huerta. El patio de la escuela de la mayoría de escuelas parece una plaza de toros, un lugar adecuado para descargar las energías que se han cargado demasiado en actividades no reconocidas y no aceptadas por los niños. Me gustaría una escuela sin recreo, porque si en las escuelas se aprendiera jugando, no haría falta que los niños se desahogaran.

Pero los niños piden el recreo.
Si por la mañana hiciéramos una escuela de verdad, que no molestara a los niños, no haría falta el recreo. Y por la tarde podrían vivir una experiencia verdadera y con autonomía fuera de la escuela, en las calles.

La ciudad es peligrosa para los niños.
La ciudad que yo propongo, no. Se trata de la Ciudad de los Niños y debe cumplir dos requisitos. El primero es renunciar a hacer parques y otros espacios para niños. En el momento en que la ciudad inventa espacios para niños está excluyendo a los niños de los espacios que deberían ser para todos. Aunque hoy en día no son para todos, son para los coches.

De acuerdo, una ciudad sin parques. ¿Y el segundo requisito?
El segundo es garantizar a todos los ciudadanos la posibilidad de moverse en su propia ciudad con seguridad. Para conseguirlo, hay que dar la vuelta a la jerarquía. En vez de intentar mejorar el tráfico, garanticemos primero la movilidad de los peatones. Después de los peatones, nos ocuparemos de las bicicletas y luego del transporte público. Los coches tienen que ser los últimos. Dando la vuelta a la jerarquía afirmamos que los primeros y los dueños de la ciudad son los peatones.

Esto en las grandes ciudades parece imposible.
En realidad no, porque la ciudad es una suma de barrios y la mayoría de la gente no sale de su barrio. En él tienen la escuela, las tiendas, el kiosco, la farmacia… Hay que considerar este espacio, el barrio, como sagrado, y no cortarlo con nada. Si hay que poner en marcha un sistema urbano de conexión rápida, se hará bordeando los barrios.

¿Y dentro de cada barrio?
Prioridad absoluta de los peatones. Esto significa que el camino de los peatones, que son las aceras, no se puede interrumpir nunca alrededor de las manzanas. Y, para cruzar la calle, no hay desnivel para el peatón; es el coche el que sube y baja para adaptarse a la acera.

¿Quién viene después de los peatones?
Las bicicletas. Hay que adaptar la ciudad a las bicicletas: con carril bici, aparcamientos… Llegados a este punto, nos daremos cuenta de que no hace tanta falta el transporte público, porque la gente prefiere ir andando o pedaleando. Por lo tanto, vamos a ahorrar con el servicio público y podremos hacerlo de mayor calidad.

Y ya les toca a los coches.
Sí, pero como lo hemos montado todo pensando en los peatones, los medios privados tendrán una vida más complicada. Si tienes prisa, es mejor que utilices el medio público o la bicicleta. Si vas en coche, tendrás que tener paciencia, porque te espera el camino más largo y más incómodo. De esta forma, si hay un accidente las consecuencias son mucho menores.

Así los niños podrían jugar en la calle.  
¡Y esto les permitiría tener algo que contar en la escuela! Además, es muy importante que un adulto reconozca a su hijo el derecho de salir de casa

. Así, cuando vuelve, es él quien explica lo que ha pasado, sin ser interrogado. Esto le da la capacidad de enfrentarse a la novedad, a lo desconocido. Y le proporciona el gran placer de poder contar su historia.