04 nov

¿Dónde pierden los niños las ganas de aprender?

Nos hacemos eco hoy de un artículos de Mireia Long (Pedagogía Blanca) en el que reflexiona sobre esas ganas de aprender, tan intrínsecas al ser humano y... que llega un momento en la etapa educativa de los niños... en que casi desaparecen. ¿Podemos cambiar algo para no llegar a ese punto?

¿Habéis escuchado a un niño que pregunta y pregunta? ¿De qué están hechas las cosas, qué pasaría si…, de dónde viene, porqué, cuándo, qué es primero? Esa curiosidad desbordante, ese deseo de saber, es algo natural en el ser humano, nuestra mejor habilidad y la clave de nuestra supervivencia como especie. ¿Que hacemos para matar esa curiosidad en los niños en le hogar  y qué prácticas habituales en la escuela provocan que ya no quieren saber y no se pregunten, que pierdan ese brillo en los ojos cuando aprendían algo nuevo en su primera infancia?

Aprender es la clave de la supervivencia y es nuestra mejor estrategia evolutiva. Estamos hechos para aprender y para disfrutar aprendiendo. Pero tiene que importarnos, tiene que hacernos vibrar.
El ser humano ha aprendido siempre y lo ha hecho con mecanismos, estrategias y herramientas que ningún método de aprendizaje puede negar si quiere ser realmente efectivo y realmente feliz.

Aprendemos de verdad lo que tiene significado y nos es útil (en cualquier sentido) y lo que nos hace sentir felices.  Por esa razón, proporcionar a los niños un ambiente que garantice su seguridad física y emocional, es indispensable. Los seres vivos tienen un calendario interno que guía las habilidades que naturalmente necesitan desarrollar, nunca hay que forzar. Y respecto a la inmensa cantidad de conocimientos que un ser humano asimila en su infancia (y en su vida entera) y la ínfima parte que constituyen de lo que es el total del conocimiento humano, sería quizá más efectivo dejar de cerrar los currículum y permitir que personas que no conocen a los niños y que hablan desde la política, sigan teniendo tanto poder.

Los niños merecen poder preguntar y descubrir los temas que les apasionan, siguiendo su curiosidad, sin presiones, castigos, homogenización ni evaluaciones, porque ellos amaban aprender hasta que los adultos les obligan a aprender.

Mireia Long

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