07 ene

Adiós a las asignaturas: el trabajo por proyectos convence cada vez a más escuelas

Cada vez son más los convencidos. El aprendizaje por proyectos es más motivador, más real, más cooperativo y más integrador. La educación está cambiando y es tarea de todos hacer que sea posible.

Institutos como el de Sils optan por facilitar el aprendizaje de sus alumnos a partir de los proyectos, un planteamiento que ofrece más ventajas educativas que las asignaturas: les motiva y les ayuda a conectar conocimientos

Este es un reportaje publicado en El Diari de l’Educació

Imatge d'una de les aules de les escoles dels Jesuïtes.

Imagen de una de las aulas de los Jesuitas

¿Qué prefieres, escuchar toda la mitología griega pegado al pupitre, o descubrir el mundo de los héroes y los mitos a partir de su investigación en la música, la literatura y el arte contemporáneos? No contestes todavía. ¿Qué te gustaría más, volver del patio y que te expliquen en dos sesiones de una hora la evolución de los primeros habitantes de la tierra, o que tú y tus compañeros os lancéis a defender -con argumentación científica- el yacimiento que hay en el pueblo del al lado, que parece ser que amenazado por un pelotazo inmobiliario?

“Hombre, preferimos trabajar con los proyectos, que nos ayudan a aprender cosas que nos servirán para la vida real, y que nos motivan. Son retos”, apunta uno de los alumnos de Cuarto de ESO del instituto público de Sils (Girona). Él es de los que está recabando información con sus compañeros para armar una defensa justificada del yacimiento -realmente existente, y anteriormente amenazado- del Camp dels Ninots, cerca de Girona.

El trabajo por proyectos ha relegado las asignaturas a un tercio del horario en este centro educativo gerundense, y cada vez gana más terreno, según los expertos, a la clásica organización compartimentada de las materias. “El conocimiento no es algo separado que se baste a sí mismo, sino que está inmerso en un proceso por el cual la vida se sostiene”, proclamaba hace décadas el pedagogo americano John Dewey, una frase que adapta al siglo XXI Iolanda Arboleas, directora el instituto: “Queremos futuros ciudadanos que sepan relacionar aprendizajes, que sean capços de trabajar en equipo, de innovar, de adaptarse a los cambios y comunicar bien”.

Además de algunos centros educativos públicos, que como en Sils hace años que apuestan por esta metodología, en las últimas semanas ha trascendido el atrevimiento de las escuelas de los Jesuitas de Catalunya, una institución centenaria que en su profunda renovación también ha decidido cambiar las asignaturas por los proyectos. O el siempre envidiado sistema educativo finlandés,que recientemente también ha visto en las asignaturas un signo caduco de tiempos educativos pasados.

Y es que los proyectos son sólo la palanca que permite a muchos docentes transformar los aprendizajes de sus alumnos en una actividad más motivadora -los gusta el reto-, cooperativa -suelen trabajar en grupo- y significativa -las propuestas suelen ser vinculadas al entorno del centro. “Los alumnos siempre te preguntan: ‘¿pero eso para qué me servirá a mí?’ Pues bien, los proyectos sí, dan sentido a su aprendizaje. Está comprobado que les motivan”, expone Neus Sanmartí, durante años directora del Instituto de Ciencias de la Educación de la UAB y coautora del libro ¿ Trabajamos por proyectos? “Los currículos de todo el mundo van hacia los proyectos, porque permiten un trabajo interdisiplinar: los conocimientos deben relacionarse porque en la vida los problemas reales son complejos”.

Pero, ¿cómo lo hacen en Sils?

En el instituto de Sils tuvieron la suerte de empezar de cero. El centro abrió sus puertas en 2008 y lo hizo con un equipo de profesores con inquietudes pedagógicas y ganas de cambiar las cosas. “Sabíamos que queríamos acabar con los cuatro jinetes del apocalipsis de la Secundaria, en nuestra opinión orígenes de todos los males”, recalca Arboleas, “que son la exigencia de unos niveles mínimos para todos los alumnos, la segregación por niveles, la obsesión del docente por su materia -muy propio de la ESO-, y la concepción del alumno como receptor de conocimientos”, expone la directora.

En su cruzada contra los jintes, en Sils encontraron un claro aliado en el trabajo por proyectos. Actualmente dividen el horario lectivo en tres franjas -que no asignaturas-, “que van de menos a más autonomía para el alumno”. Las tres tienen el mismo peso horario. La primera es la de la llamada clase magistral. En el instituto consideran que también debe haber espacio para la transmisión de conocimientos. La segunda es la franja de los procedimientos. “Aquí metemos las mates y las lenguas, sobre todo la enseñanza procedimental. La ortografía y las ecuaciones, por ejemplo, se han de aprender a partir de la repetición”, constata Arboleas. Y la tercera es la de los proyectos.

Hacen uno cada mes. “Al principio dejábamos que los alumnos decidieran libremente sus proyectos, pero nos encontramos que no salíamos de las tribus urbanas… Y ahora les damos orientaciones”, detalla la directora. Esto les ha permitido repartir los temas con algo más de equilibrio en función de las materias, aunque el objetivo es que cualquier proyecto incorpore contenidos de cualquiera de las materias.

¿Cualquiera? Responde uno de los profesores del instituto, durante el recreto: “Sí, a ver, por ejemplo un proyecto sobre aislamientos -él es profe de tecnología-: incorpora tecnología, matemáticas porque tienes que tomar las medidas de la casa, ciencias naturales para estudiar los materiales con que lo puedes hacer, historia de la vivienda y los materiales de construcción del entorno, y lengua porque en todos los casos hacemos exposición oral al final…”.

Para integrar todas las disciplinas los profesores tuvieron que despojar los currículos de cada área, con la intención de obtener aquellos conceptos imprescindibles “para que luego los alumnos construyan sus propios conocimientos”. En este proceso, apunta Arboleas, no hay libro de texto que valga, pero sí los infinitos recursos de internet.

Los alumnos de Cuarto de la ESO del instituto de Sils.

Los alumnos de Cuarto de la ESO del instituto de Sils.

Las evaluaciones y el papel del profesor

Renunciar a las asignaturas, como han hecho en Sils, es tumbar una pieza de dominó. Automáticamente se tambalean muchas otras piezas, como los exámenes o el papel del maestro dominador del aula.

Quitar peso a los exámenes, tal como han hecho en Sils o en las escuelas Jesuitas, permite centrar la mirada más en la evolución de cada alumno. “Es la evaluación continuada que siempre hemos reivindicado pero que nunca se aplicaba”, expone Arboleas. Los alumnos de Sils, simplificando el proceso, obtienen más de la mitad de su nota en función de su trabajo en el proyecto. “Se les valora que se esfuercen, que ayuden a los compañeros, que muestren interés, que mejoren”, valora la directora.

De una manera similar se expresa Josep Menéndez, director adjunto de Jesuitas Educación, que pone el foco en las competencias: “Lo que reciben las familias en casa al final de trimestre es la evolución de sus hijos en competencias como la comunicación, la matemática, la ciudadana, la digital… Y luego eso nosotros lo convertimos, mediante un algoritmo, en las notas normativas, por cuestiones administrativas”, concluye.

Este planteamiento -valorar los alumnos en función de su progreso y no de unos mínimos previamente marcados- permite además, como ocurre en Sils, que todos los estudiantes puedan seguir en una misma clase, tengan más o menos dificultades. “Aquí aprueban los que se esfuerzan”, sentencia Arboleas, convencida de que así se refuerza la atención a la diversidad.

¿Pero como se mide el esfuerzo? ¿Y la colaboración? “Con observación”, coinciden ambos. Como el maestro ya no tiene que pasar las horas impartiendo clase, se puede pasear por el aula analizando el trabajo los alumnos.

“El maestro se convierte en un estimulador de aprendizajes y un diseñador de situaciones didácticas”. Esta es la definición de Arboleas del nuevo papel del docente. Menéndez tiene también la suya: “El maestro cede el centro de atención al alumno y pasa a plantear retos y acompañar; observar y evaluar”, sentencia.

El impacto de los proyectos en el sistema

El impacto de la transformación de los Jesuitas ha suscitado un amplio debate en la comunidad educativa.  El sociólogo Xavier Martínez-Celorrio aprovechaba para resaltar el conservadurismo de algunos institutos públicos a la hora de innovar, a lo que varios docentes han respondido que las instituciones privadas parten con ventaja de recursos, y que sí hay algunos centros públicos pioneros en este campo.

En el aspecto concreto del trabajo por proyectos, Sanmartí hace su diagnóstico: “Hasta ahora había algunos centros que trabajaban así, pero a contracorriente, y ahora quizás comenzará a pasar al revés. Sin embargo, dudo que el cambio sea generalizado. En general, el cambio se genera más en centros nuevos y en los que tienen alumnado difícil; los que ya tienen buenos resultados no se plantean estas transformaciones”, expone.

En cuanto a la Administración catalana, que ya en 2007 incluyó en la ley que había que hacer un proyecto al año en Primaria, Sanmartí opina que “no ha habido ningún otro incentivo en esta línea”. Así, ante la aparente apatía de la Generalitat, algunos centros como el de Sils han hecho su camino. “A nosotros nos han apoyado, y estamos contentos con el papel de la Administración: no nos ha dado grandes edificios ni muchos profesionales, pero nos ha dejado hacer y ha confiado en nuestra propuesta, que ya es bastante importante”, valora Arboleas.

A veces no sólo hay que convencer a la Administración, sino también las familias. “Al principio se nos quejaban porque los niños no llevaban deberes a casa”, recuerda la directora, que cree que las familias tienden a ser muy conservadoras al inicio.

Y es que decir adiós a un pilar del sistema educativo como han sido las asignaturas no es sencillo. Pero Arboleas matiza: “No es decir adiós, porque compartimentar el conocimiento también es práctico a veces, pero lo que no puede ser es que, como hasta ahora, vertebren todo un proyecto educativo o un centro. No tiene sentido”, concluye.

30 sep

“El juego es emoción, y sin emoción no hay aprendizaje”

Aprender a través del juego, utilizarlo como herramienta en las aulas. El juego despierta las emociones y estas son necesarias para aprender. Además... potencia la motivación, la participación y los "motores internos" del alumno hacia el aprendizaje.
Publicado en tiching el 21 de agosto de 2014.
Imma Marin |Tiching

Hasta hace poco no estaba muy bien visto jugar en clase. Existía la creencia de que las horas lectivas debían hacerse fichas, más o menos divertidas, y el juego era una actividad residual. Se juega si sobra tiempo. Pero detectamos cambios, sí, cada vez se juega más y mejor.

¿Qué quiere decir con que jugamos mejor?
El juego no es sólo un divertimento, es una técnica y puede llegar a ser una estrategia educativa si así lo queremos. Jugar es una actitud vital.

¿A qué hemos estado jugando hasta ahora en las aulas?
En las aulas se introducían juegos muy ligados a conocimientos curriculares concretos, a conceptos que requerían repetición y memorización: dominós de abecedarios, juegos deconectar países con capitales, juegos relacionados con las partes del cuerpo humano… Pero hasta ahora no hemos jugado con el objetivo de desarrollar capacidades o de alcanzar conocimientos nuevos por nosotros mismos.

¿Qué elemento ha hecho cambiar nuestra perspectiva del juego?
La perspectiva está cambiando poco a poco, pero creo que ha sido importante redescubrir el juego y desarrollar la gamificación en el mundo adulto profesional. Introducir el juego en dinámicas propias de empresas nos ha hecho cambiar un poco el chip.

¿Qué beneficios tiene el juego como estrategia educativa frente a otros sistemas?
El juego es emoción, y como ya defienden muchos estudios de neurociencia, no hay aprendizaje si no hay emoción. Cuando jugamos asumimos retos, nos esforzamos, nos volvemos perfeccionistas. A los 7 años, las niñas pasan más horas del revés que de pie, porque hasta que no saben hacer el pino perfectamente no paran. Nadie les ha dicho que lo deben hacer, pero es un “auto reto” que asumen con intensidad.

¿Qué es lo que hace atractivo el juego?
Yo creo que cuando planteas un juego, estas planteando un reto, un objetivo, que puede ser educativo aunque el alumno no lo asuma como tal. El juego también es narrativa si se plantea como una competición, como una aventura.

¿Y por qué cree que el juego no forma parte de las técnicas de aprendizaje o que no es en sí mismo una estrategia dentro de los centros formativos?
Porque no estaba bien visto, como hemos dicho antes. Algunos profesores sí intentaban aplicar el uso del juego como parte del sistema pero, definitivamente, es una apuesta del centro el incluir el juego como estrategia y como método.

¿Qué cree que hace falta para hacer este paso?
Han de cambiar muchas cosas. En primer lugar, que los equipos directivos apuesten por ello. Que la formación de los profesores les ayude a desarrollar su capacidad de jugar, y que se deshagan de la concepción de que ellos son el centro de la clase. Las aulas deben ser “alumnocentristas” y dejar de lado la creencia de que los niños y niñas sólo aprenden si el profesor se lo explica.

¿Cree que los profesores no saben jugar?
El juego es una capacidad humana como pensar, amar o memorizar. Si no se entrena, se trabaja, se desarrolla y se pone en práctica, nuestra capacidad de jugar se reduce. Sí que sabemos jugar, pero olvidamos las dinámicas y las lógicas del juego.

¿Qué recomienda a los profesores?
A los que estén interesados en integrar estrategias de juego en su metodología, que hagan comunidad. El trabajo del profesor es muy solitario y es necesario sentirse arropado, intercambiar experiencias, propuestas y opiniones. Es importante que los profesores logren que esto sea un tema de reflexión dentro de sus centros, ya que si no se implica toda la comunidad educativa, el maestro al final se cansa y se quema.

¿Qué cambiaría de las escuelas de hoy en día?
El sistema educativo está en crisis y hay que aprovechar la oportunidad para proponer alternativas. Yo, evidentemente, utilizaría el juego como sistema, pero también cambiaría la estética y distribución de las aulas y, sobre todo, los patios.

¿Los patios?
Un niño de primaria pasa más de 5000 horas en un patio, y es un espacio en el que, por ejemplo, el profesor no tiene claro cuál es su papel. Es el único espacio del colegio destinado al juego y no está adaptado a ello, ni morfológicamente ni organizativamente.

La implementación de las TIC en las aulas, ¿favorecen o reducen el tiempo de juego?
Depende. En los centros donde se ha implementado el uso de TIC sin una formación específica al profesorado, sólo han logrado reforzar la figura del maestro y su clase magistral, porque piensan que ahora pueden poner dibujitos y animaciones que apoyan su discurso, cuando en realidad las TIC vienen a reforzar el aprendizaje partiendo del propio alumno.

¿Crees que los profesores sacan poco provecho de las tic?
No conocemos aún todas las aplicaciones que nos pueden ofrecer.  Precisamente los entornos digitales favorecen el intercambio de experiencias entre profesores también, lo que comentábamos antes de crear comunidad. En Tiching se hace por ejemplo alrededor de los contenidos. Debemos aficionarnos más a compartir experiencias, dudas, miedos, a proponer, a participar etc.

27 sep

El debate debe volver a la educación

Nos ha gustado mucho esta reflexión sobre la educación hoy, sus lastres y sus posibilidades. Estamos ante una oportunidad política, social y educativa. Ojalá sepamos aprovecharla.
Publicado en ined21 el 20 de septiembre de 2015. Autora Carmen Guaita.

Cuenta Stefan Zweig que los compañeros de Vasco Núñez de Balboa, cuando llegaron por primera vez al océaEL-DEBATE-DEBE-VOLVER-A-LA-EDUCACIÓN-INED21no Pacífico, bebieron de sus aguas para probar si tenía sabor salado. He utilizado esta imagen en otras ocasiones pero la empleo de nuevo porque el panorama ante el que se encuentra la educación no puede pintarse con una metáfora más acertada. Y porque me emociona pensar en aquellos hombres en busca de las referencias de un nuevo mundo justo cuando mis nuevos alumnos acaban de entrar en clase.

Para definir la complejidad de la educación en España, basta decir que una ley estatal en desarrollo no se aplica en todos los territorios. La LOMCE no está bien hecha: NO ha establecido un consenso sobre la mejora del sistema educativo, NI ha satisfecho las demandas NI ha abordado las soluciones a los problemas. El curso ha comenzado con una sociedad dividida por la intervención política, con problemas para la movilidad del alumnado, con los centros desbordados ante la complejidad de las nuevas demandas y escépticos sobre su continuidad, y las familias sujetas a los vaivenes editoriales. La intervención curativa es urgente pero, de momento, vamos a comenzar un nuevo e interminable periodo electoral. Una vez más nos ahogarán las palabras; una vez más puede pasar de largo la hora de actuar.

Volverá a los titulares, seguramente, el debate sobre un pacto por la educación. Sin duda, los mayores retos en política educativa son el acuerdo general básico sobre los requisitos para la mejora de la educación y mantener la estabilidad cuando dicho acuerdo se alcance. Al menos, la generación que este curso inaugura su vida escolar podría decir que ha conocido una sola ley educativa: la buena. Los gestores deben convencerse de que no saldremos de la crisis sin incidir en la formación de la gente joven, y solamente puede tener éxito con acuerdos entre todos.

Por otro lado, nunca fue más cierto que ahora el aforismo de que educa la tribu entera. Tenemos que convencernos de que la educación implica a todos –familias, escuela, intelectuales, medios de comunicación– porque esta recesión no es lineal, sino que tiene forma de matrioskas.

¿Recuerdan a esas muñecas rusas? Nosotros nos parecemos hoy a ellas. Escondemos dentro de la crisis económica, la crisis política; dentro de esta, la social y, en el núcleo, una grave crisis moral.

Para remontar, estamos efectuando un viaje difícil, de sacrificio y esfuerzo, del que no saldremos exactamente iguales que entramos y que debemos llevar a cabo de dentro a afuera. No podremos atravesar el desierto para llegar de nuevo al aparente oasis del que partimos, con todos sus espejismos. Nuestro destino deberá ser una sociedad más madura y más justa. Donde fuimos atolondrados, nos tocará ser reflexivos; donde fuimos manirrotos, austeros; donde pasivos, participativos; donde individualistas, solidarios. Hace más de un lustro despertamos del sueño de que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, y la madrugada es dura pero puede ser liberadora. Para conseguirlo, debemos convertirnos en una sociedad educativa.

Entre los muchos espejismos del pasado se encuentra una actitud que ya es intolerable: la que ha confundido la política con la politización y, entre otros desmanes, ha contaminado a la educación con eslóganes de campaña y la ha arrojado al ring de la confrontación partidista. Es verdad que la educación tiene un componente político muy importante porque configura a la sociedad, pero la nuestra ya está configurada en sus líneas maestras: la Declaración de los Derechos Humanos, la Constitución… Vivimos en una democracia y la tarea es mejorarla. Lo que tenemos que decidir es si vamos o no a formar a la gente joven en las competencias que necesitan para ser ciudadanos de pleno derecho. Y después, establecer lo que tiene que hacer cada estamento para conseguirlo, en el ámbito del conocimiento, de la cultura, de la sociabilidad y de los valores.

Por eso hacen falta acuerdos.

Y es que las cosas han cambiado tanto que ya no se trata de decidir si la escuela va a resignarse ante la oscuridad del futuro o va a preparar a los alumnos para el futuro “tal como debería ser”, según la cosmovisión particular de cada opción política. A los autores de este tremendo presente, ¿quién nos autoriza a diseñar el futuro?

La tarea de la educación de hoy es armar a la gente joven con sentido crítico, valores empoderantes, conocimientos profundos sobre el presente y el pasado, y apertura mental para que ellos mismos, en medio de cambios vertiginosos, puedan diseñar el futuro que quieran.

Para que entren sin miedo pero con referencias en el océano y así se atrevan a probarlo, a descubrirlo, a darle nombre.

Por eso, a partir de ahora, los debates sobre educación deberán abordar estrictamente la educación. Y tener en cuenta al profesorado.

Es curioso que, en cualquier estudio, el trabajo de campo cobre un protagonismo fundamental, y que a partir de las experiencias obtenidas con él se alcancen conclusiones y se establezcan propuestas. Pues bien, los docentes son quienes realizan el trabajo de campo en educación, quienes saben si funcionan o no las disposiciones teóricas y las normativas.

Si yo afirmo ahora que no hay mayor experto en educación que un docente experto en su aula, ¿se tambalearía alguna institución? Pues bien, lo afirmo.

Los profesores saben de educación, es su vocación, su responsabilidad y su trabajo. A ella le dedican la vida entera, no solamente la cantidad establecida de horas laborables. En las reformas que se realicen a partir de ahora habrá que escucharles en primer lugar.

A ver si así somos capaces de devolver al primer plano de la actualidad los asuntos verdaderamente importantes: el abandono escolar, la autoridad y la convivencia, el desfase entre el esfuerzo del profesor y los resultados del alumno –que me parece el primer factor de desmotivación de ambos–, la sociedad de la comunicación y sus retos, para qué necesita la escuela medios y dinero, cómo debe configurarse la autonomía de un centro, qué enseñamos, cómo y por qué, la implicación de las familias, la formación de los futuros profesores… Abandonemos la discusión sobre el número de horas que se pueden impartir y establezcamos las que se deben, con la calidad de la atención a los alumnos como indicador.

Nos toca ser intolerantes a partir de ahora con la politización. Se acabaron las peleas inducidas entre pública y privada, obligatoria y superior, universitaria y profesional, padres y profesores. Ha llegado la hora de la colaboración. Los docentes no quieren ver a la educación convertida en pelota de ese partido de ping-pong autista que ha sido la política hasta hoy. No quieren que se la use como acaparadora de titulares en la campaña electoral para luego ignorarla a la hora de gobernar. No quieren ser trending topics ni vídeos de You Tube sino latidos del corazón de la sociedad a la que sirven. Y me parece que la propia sociedad comparte estos deseos.

Estamos a punto de ver por primera vez un océano desconocido e inmenso y lo que nos jugamos aparece ya en los titulares del telediario.

Es hora de que los debates sobre educación vuelvan a la educación.

09 ene

Je suis Charlie

Interesante reflexión, como educadores y desde la escuela.
¿Somos suficientemente valientes cuando dejamos que el mobbing, el racismo, el acoso sexual entre en nuestras aulas? ¿Hablamos lo suficiente sobre las cosas más simples e importantes?
Publicado en aulascreativas.net. 8 enero 2015

Compartimos la siguiente reflexión de Pierre-Antoine Ullmo, creador de nuestro proyecto Aulas Creativas, acerca del terrible suceso ocurrido ayer en Francia. Podéis encontrar la versión inglesa original en su blog personal: paullmo.com

Je suis Charlie

12 personas murieron ayer en París, la mayoría de ellos ilustradores y periodistas. 12 personas asesinadas por dos terroristas que afirmaban venganza por el Profeta Muhammad. 12 personas que hablan por nuestra libertad, libertad de expresión, libertad de pensamiento.

Lincoln dijo una vez “si piensa que la educación es cara, pruebe con la ignorancia”. ¿Es todo sobre la ignorancia? ¿Se trata de su ignorancia? ¿O de nuestra propia ignorancia? ¿Son estos asesinos analfabetos el símbolo de nuestra incapacidad para educarlos?

Los periodistas que murieron estaban defendiendo una verdad simple: podemos reírnos de todo, en todo el mundo. ¿Realmente aprendemos en la escuela? ¿Somos suficientemente valientes en la defensa de los valores fundamentales de nuestras democracias? ¿Somos suficientemente valientes cuando escondemos la verdad para vender más atlas geográficos en una región determinada del mundo? ¿Somos suficientemente valientes cuando dejamos que el mobbing, el racismo, el acoso sexual entre en nuestras aulas? ¿Somos suficientemente valientes cuando discutimos acerca de cómo se debe enseñar la religión en lugar de abordar cómo se debe enseñar la democracia?

Escribo todas las semanas en este blog sobre el valor de la educación abierta y el aprendizaje innovador. La Educación Abierta debe permitir el conocimiento y que los valores sean compartidos masivamente.  El aprendizaje innovador debe posibilitar a todas las personas la oportunidad de tener éxito en la escuela y en la vida. Se discute continuamente sobre la eficacia, la rentabilidad, la adaptación al mercado de trabajo. Pero no hablamos lo suficiente sobre cosas más simples como el amor, el cuidado y el respeto. ¿Cuántos MOOCs y REA se han producido en la democracia, la libertad de expresión… y cuántos se utilizan realmente? ¿Cuántas habilidades tecnológicas son necesarias para tener éxito en la vida? ¿Y cuántas habilidades personales?

La educación es sólo una promesa que necesita ser reafirmada continuamente con o sin la tecnología. Dos terroristas que se habían criado y fueron a la escuela en Francia rompieron esta promesa con sus balas.

Para ellos la educación no es la respuesta. Para nosotros es la respuesta, más que nunca.