25 feb

Juguetes que hablan, lo peor para el desarrollo del lenguaje en la infancia.

Cada vez leemos más artículos que siguen esta línea: las nuevas tecnologías o aparatos electrónicos no sientan bien al desarrollo de los más pequeños. En éste se explican muy bien las razones, o al menos algunas de ellas. Sustituir la curiosidad y la interacción natural con luces y sonidos pone al niño en un papel pasivo en su propio aprendizaje.

 

Los libros, bloques y otros juguetes tradicionales son mejores que los aparatos electrónicos que emiten sonidos

Publicado en elpaís.com – JAVIER SALAS –  17 FEB 2016 
Los móviles para niños reducen su desarrollo verbal.Los móviles para niños reducen su desarrollo verbal. Ceci

Como bien saben madres y padres, las conversaciones con sus bebés comienzan mucho antes de que sepan decir palabras. Se suceden diálogos, más o menos elaborados, durante el baño, en la comida y jugando. Estos turnos de palabra son esenciales en el desarrollo del bebé, sobre todo en el del lenguaje, y los juguetes electrónicos podrían estar siendo de poca ayuda. Un estudio que acaba de publicarse insiste en la sospecha que habían despertado otros trabajos anteriores: si el juguete habla, críos y progenitores callan.

Los más pequeños aprenden jugando y entre ellos, sus padres y el juguete se forma un triángulo que debe fomentar la interacción: el muñeco es un conejito, la madre lo verbaliza y su bebé lo asimila, tratando de repitirlo o respondiendo. Pero los juguetes que emiten luces, voces y sonidos generan tanta actividad e interés que rompen ese triángulo de aprendizaje: el aparato actúa mientras padres e hijos miran. La diferencia con respecto a otros juguetes tradicionales —analógicos— es tan sustancial que incluso se hace notable estudiando a grupos pequeños.

Si el juguete habla, críos y progenitores callan. Padres y madres usan menos palabras, generan menos conversaciones y menos respuestas de los niños. Es el caso del trabajo recién publicado por Anna Sosa, especialista en desarrollo infantil del lenguaje: mientras jugaban con juguetes electrónicos que hablan, padres y madres usan menos palabras, generan menos conversaciones y menos respuestas de sus hijos e hijas que al jugar con bloques de madera, figuritas o libros, que provocan mucha más interacción verbal. “Los resultados de este trabajo constituyen una base para desalentar la compra de juguetes electrónicos y fomentar el juego con libros y juguetes tradicionales”, señala Sosa. “No esperaba que los resultados fueran tan claros dado que la recogida de datos se realizó en los hogares de los participantes con las distracciones cotidianas normales”, asegura Sosa, que al plantear el estudio suponía que la mayoría de los padres hablaran y respondieran algo menos con los juguetes electrónicos, pero no un resultado tan notable para una muestra corta.

El estudio, publicado en JAMA Pediatrics, se realizó durante año y medio con 26 parejas de hijos de entre 10 y 16 meses y madres (sólo un padre), dejando que jugaran con tres tipos de elementos. Al jugar en casa se propiciaba una interacción más realista, que quedaba grabada para ser procesada por un software específico. Se comparó la conversación que surgía del uso de juguetes electrónicos (portátiles y móviles de juguete y una granja que emite sonidos) con juguetes clásicos (granja con fichas de animales de madera, bloques de goma y piezas de distintas formas para encajar) y con la lectura de libros infantiles.

Con los electrónicos, las madres usaron en promedio 40 palabras por minuto, en comparación con las 56 palabras empleadas con juguetes tradicionales y las 67 con los libros. La diferencia resultó mucho más notable en el análisis de las interacciones entre madre e hijo, las vocalizaciones espontáneas de los críos, las respuestas y los turnos de conversación entre ambos, que fueron mucho más ricas en juegos sin pilas. El uso de palabras de contenido específico del juego (animales de la granja, por ejemplo) se reduce a la mitad en cacharros electrónicos frente a bloques y muñecos. “Me sorprendió que los juguetes tradicionales crearan una interacción comunicativa de tanta calidad como jugar con libros”, reconoce Sosa, investigadora de la Universidad de Northern Arizona.

Los padres entregan cada vez más pronto a sus hijos al uso de aparatos electrónicos.

Los padres entregan cada vez más pronto a sus hijos al uso de aparatos electrónicos. Tom Carmony

Los juguetes enchufados desenchufan a los padres. Ya se sabía que aparatos como la televisión desplazan el uso del lenguaje, al contrario que el juego físico con otros niños o los libros, pero todavía hay pocas evidencias sobre el papel que los juguetes están desempeñando en el desarrollo del habla, más todavía con los nuevos aparatos electrónicos que cada vez son más protagonistas en las casas.

Pero los primeros datos, como este estudio, dan algunas malas señales: los bebés aprenden a hablar y a relacionarse escuchando a sus mayores y no hay evidencia de que puedan hacerlo escuchando máquinas. Entablar turnos de conversación durante el juego no solo enseña lenguaje y sienta las bases para la alfabetización; además, ayuda a aprender habilidades sociales, a interpretar roles y a aceptar el papel de los demás, escuchando, a través de la empatía.

Ya hay estudios que han mostrado cómo se reduce la adquisición de vocabulario con libros interactivos y cada vez son más los especialistas que alertan sobre las posibles trabas al desarrollo infantil cuando los menores se entregan a móviles y tabletas. Estos aparatos distraen de tal manera a los más pequeños que cada vez más padres y madres los usan como sonajero 2.0, hasta el punto de dejarles solos usándolos incluso a edades muy tempranas.

Es importante que los niños no se queden atrapados en el bucle del juguete-aplicación hasta quedarse excluidos de la participación en el mundo real”, advierte el editorial

Si el uso de la tabletas y smartphones está ocupando el lugar de otro tipo de interacciones sociales que sabemos que son beneficiosas para el lenguaje y el desarrollo social, advierte Sosa, sin duda podría tener un impacto negativo en estas áreas. “Creo que es importante que los padres entiendan que estos juguetes electrónicos, aplicaciones y juegos, incluso los comercializados como educativos, son un entretenimiento para los niños y no una herramienta para su desarrollo”, asegura la especialista.

“Es importante que los niños no se queden atrapados en el bucle del juguete-aplicación hasta quedarse excluidos de la participación en el mundo real”, advierte un editorial en la misma revista en que se publica el estudio de Sosa. En este editorial se recuerda un estudio de hace una década que descubrió que los preescolares criados en familias con pocos recursos escuchaban 30 millones de palabras menos en sus primeros cuatro años de vida que los niños de familias acomodadas, una diferencia abismal en el fomento del lenguaje que podría estar igualándose por abajo con la llegada de estos aparatos. De ahí que el artículo reclame que la industria se esfuerce por desarrollar aplicaciones y herramientas que, en lugar de mermar, fortalezca el triángulo comunicativo que se forma entre madres y padres, sus hijos y los juegos que les ayudan a desarrollarse.

22 abr

“Los docentes debemos creer más en nosotros mismos”

La educación lenta. Sólo oírlo suena bien, suena a algo bueno. Sabemos que la educación es un proceso, que los aprendizajes se construyen; todo proceso lleva su tiempo, ¿por qué nos empeñamos en aumentar el ritmo? ¿Realmente es positivo llegar a más aún a riesgo de romper la "maquinaria" por sobrecarga?

 

Entrevista a Joan Domènech, autor del libro “Elogio de la Educación Lenta”

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¿Hemos perdido el ritmo de la vida? Seguramente. Hay un predominio del tiempo desde su punto de vista cuantitativo, valoramos más los aspectos de aceleración: cuantas más cosas hagas y más rápido, mejor. Ahora valoramos más el tiempo que utilizamos para hacer muchas cosas que el que utilizamos para hacer cosas en su merecido tiempo.

¿Y qué hemos perdido con ello? Las cosas que antes tenían valor han pasado a un segundo plano. Los griegos tenían dos dioses relacionados con el tiempo: Kronos, vinculado al tiempo que duran las cosas y Kairos, que está ligado a los ciclos de la naturaleza, al tiempo que necesitan los acontecimientos para desarrollarse plenamente. Nuestra cultura sólo conoce y valora a Kronos.

Esta concepción, ¿la hemos trasladado a la educación? Si, por supuesto. La tendencia es pensar que cuanto más tiempo estudien los niños, cuanto más rato dediquen al aprendizaje formal, más listos serán y más cosas sabrán. Esto es falso. El aprendizaje es interdisciplinar, y cada individuo tiene su ritmo. No podemos globalizar ni acelerar el aprendizaje.

¿Qué te provocó, personalmente, la necesidad de establecer un cambio en la forma de educar? El tiempo como variable siempre me había hecho reflexionar. Cuando preparas los cursos siempre intentas organizarte mejor que el año anterior para alcanzar los objetivos, pero siempre llegas a final de curso sin terminar todo lo que querías hacer. Un día te das cuenta que no es una cuestión de organización sino del sistema. Fragmentar el tiempo implica fraccionar el saber y esto no es garantía de un mejor aprendizaje ni tampoco que sea homogéneo en el aula.

¿Y cuál fue la conclusión? El tiempo siempre es el mismo. Puedes fragmentar el tiempo y meter con calzador todas las actividades que tienes que hacer, o puedes plantearte que necesidades tiene el niño y gestionar el tiempo de acuerdo a ellas.

¿Qué es lo más importante para llevar a cabo la segunda opción? Tener claras las prioridades. Actualmente la administración diseña el sistema educativo en función de la realidad social actual, perpetuando un modelo que solo da respuesta a este input. Pero la educación a lo que debe dar respuesta es a la necesidad del ser humano de desarrollarse.

¿El currículum responde a las necesidades del alumno?Hay un error de concepción en el currículum: es excepcionalmente rígido y está sobrecargado de contenidos. El currículum además es prescriptivo cuando debería ser orientativo.No puede ser que nos marquen hasta las lecturas que debemos realizar. Es como si a un médico cirujano le dijeran desde la administración con que bisturí debe operar.

¿Qué solución propone para la sobrecarga del currículum? Actualmente tenemos poco margen, pero lo tenemos. Yo creo que debemos seleccionar los contenidos claves y trabajarlos más profundamente. Pero tal y como está diseñado el sistema sólo se puede pasar superficialmente por los contenidos. Los maestros debemos creer más en nosotros mismos y romper con el seguidismo que nos propone la administración.

¿En su escuela practican la educación lenta? Practicamos lo que podemos ya que el margen que da la administración es limitado. Nosotros tenemos unos horarios más flexibles e interdisciplinares y los resultados son muy buenos.

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Y  esto no va en contra de lo establecido, ¿no? No, en ningún sitio lo prohíbe. Contamos además con el apoyo de toda la comunidad educativa de nuestro centro. Profesores, familias, equipo directivo y alumnos estamos de acuerdo en trabajar de esta forma y defendemos nuestro derecho de hacer esta lectura de la normativa.

¿Qué pautas de trabajo se proponen los profesores de su escuela para trabajar así? La más importante, y la que nos cuesta más cumplir, es entrar con serenidad al aula. Nuestro sistema reclama una autoexigencia superior y esa presión recae en los profesores. Es un poco contradictorio, ya que para aplicar nuestra filosofía lo interesante es poder ejercitarla también como individuo en el caso del profesorado. Pero nos esforzamos cada día por transmitir a los alumnos las ganas de profundizar en lo que aprenden.

¿Cómo valoran los padres y tutores el sistema? Muy positivamente. Todos estamos de acuerdo además que nuestra fórmula es la más exigente con los resultados. Solo la educación que se adapta a las necesidades de cada alumno puede exigir el máximo de cada uno de ellos. No hay que caer en el error de pensar que la educación lenta va asociada al libre albedrío. Nosotros promovemos que cada alumno dedique el tiempo que necesita a aprender lo que se le enseña.

¿Las TIC les ayudan en su tarea diaria? La tecnología por sí sola no cambia nada. Lo que sí hace es poner en cuestión muchas de las cosas que hacemos. Ciertamente, hemos integrado las TIC en nuestras aulas y nos son de gran ayuda porque sabemos exactamente qué finalidad tiene la herramienta. De nada sirve personalizar las actividades si no tienes claro para que las quieres personalizar, por ejemplo.

¿Qué hábitos cree fundamentales en casa para favorecer la educación lenta? Darle tiempo al niño para desarrollarse. Los niños deben jugar, hablar con lo padres, dialogar y escuchar. Deben participar de las actividades cotidianas, ir a comprar, preparar actividades con el resto de la familia, etc. Han de poder aplicar lo que aprenden en clase en la vida cotidiana pero no repetir lo que hacen en el colegio.