14 sep

Cada vez más profesores buscan construir la escuela del siglo XXI

Los profesores, los que están ahí todos los días en primera fila en nuestras escuelas, buscan el cambio; a pesar de las dificultades y de la falta de apoyo cada vez son más los que están convencidos de que es necesario una nueva escuela y luchan por ella. Suerte que llegó la "rebelión en las aulas", ¡ánimo maestros!
Artículo publicado en www.lavanguardia.com por Maite Gutierrez. 13 sept.2015

 

El nuevo curso arranca con proyectos educativos que pretenden eliminar horarios, mezclar asignaturas y desarrollar nuevas habilidades | Dos profesores explican sus métodos y su visión para recuperar la conexión con los alumnos

Cada vez más profesores buscan construir la escuela del siglo XXI

 

Más de un millón y medio de alumnos vuelven a clase a partir del lunes en Catalunya. Y lo harán, en muchos casos, en escuelas en plena transformación. Cada vez más profesores admiten que la enseñanza tradicional ya no sirve. Buscan nuevos métodos para construir la escuela del siglo XXI, porque, aseguran, aún estamos anclados en la del XIX. Desaparecen los horarios, las asignaturas o los exámenes. Llegan proyectos globales, materias mezcladas y nuevas habilidades -trabajo en grupo, iniciativa, creatividad…-. El movimiento coge fuerza y se extiende. Será, con toda probabilidad, uno de los grandes cambios educativos de los próximos años, y nace de los propios docentes, de la base. Dos de estos profesores pioneros explican aquí cómo dan la vuelta a la clase.

Minerva Porcel es maestra de primaria en el colegio concertado Claver de Lleida, de Jesuïtes Educació. Esta red de centros educativos ha puesto en marcha un ambicioso proceso transformador. Su iniciativa ha servido además para avivar el debate sobre la nueva educación en todo el país. Porcel se ha especializado en uno de los pilares de la metamorfosis de estas escuelas: la agrupación de 5.º y 6.º de primaria y 1.º y 2.º de ESO en una sola etapa educativa. Los niños de tres o cuatro años van a la escuela felices. Te explican lo que hacen, están entusiasmados. Se sienten queridos. Y luego, a medida que pasan los cursos, cuentan las horas para salir por fin del colegio, para que llegue el fin de semana y ser libres.

¿Qué ha pasado en medio?
Eso es. ¿Qué pasa? Pues que llegan a una escuela donde suena el timbre, hacen matemáticas, suena el timbre, cambian a lengua, suena el timbre, salen al patio, suena el timbre, clase de sociales… Dictados, exámenes. Y así un año, y otro y otro y otro. ¡Durante quince años! Normal que muchos acaben hartos.

¿Y qué hay que hacer entonces?
Poner al alumno en el centro. ¡Ilusionarlo! Luchar contra el absentismo emocional.

¿Absentismo emocional?
Este es un grave problema de la escuela actual. Niños que van a clase porque no les queda más remedio, que están pero es como si no estuvieran, y no porque se porten mal. En cambio, fíjese qué contentos van a las extra escolares. ¿Por qué? Pues porque las eligen ellos, porque, en general, hacen lo que realmente les gusta. Los maestros hemos tenido que reaccionar ante esto.

¿Por eso este movimiento de escuelas innovadoras?
Exacto. A los docentes nos ha costado verlo, pero es así. Durante mucho tiempo las escuelas han funcionado como fábricas, formando a niños en serie cuando cada persona es diferente y tiene unos talentos determinados. Y los profesores nos dábamos cuenta, pero no nos parábamos a buscar una solución. Ahora, en cambio, se ha visto que la renovación de la escuela es una gran necesidad. Los maestros se remueven y se han creado muchísimos foros de reflexión y análisis. Es uno de los grandes debates educativos del momento.

¿Sólo debate?
De momento sí. Estamos en una fase en la que hay mucha reflexión y menos acción. Pero esto cambiará. Ahora, para transformar la educación de verdad el cambio debe ser sistémico, o se cambia todo a la vez, o nos quedaremos a medias, no resolveremos el problema y nos frustraremos.

¿Qué hay que cambiar?
Todo. Los requisitos de entrada a las facultades de Educación, seleccionar mejor a los futuros docentes. Luego, la formación de los profesores en la universidad, la selección de estos en las escuelas, la organización interna de los centros, la relación con los alumnos, la forma de enseñar…

Un ejemplo.
Le diré lo que hemos hecho nosotros. No tenemos jefe de estudios ni profesores divididos por departamentos, sino un equipo de profesores encargado de cada curso. No dividimos la enseñanza por asignaturas, sino que introducimos los contenidos a través de proyectos interdisciplinares; hemos agrupado a los alumnos en clases de 60 con tres profesores.

¿Y cómo es un proyecto?
Los alumnos pueden plantear una pregunta o tema que les interese. ¿Por qué la Tierra es redonda? La historia del tiempo, los dinosaurios, lo que sea. Y a partir de ahí introducimos los contenidos.

Y para realizar el proyecto, leen, escriben, aprenden las matemáticas, la historia, o la lengua inglesa.
Sí. Para el profesor, trabajar así requiere un mayor esfuerzo y preparación. Lo que se hace en la escuela tradicional es mucho más fácil para nosotros.

¿Qué tiene que aprender un alumno de primaria?
Ya vamos otra vez a los contenidos. Los contenidos son necesarios, pero esto es lo menos complicado de enseñar. Ya viene en el currículo. Lo que un niño necesita es entender el mundo en el que vive. Y tener herramientas para construir el mundo en el que vivirá en el futuro. La sociedad cambia a ritmo acelerado. Entonces, además de matemáticas o lengua o historia, una persona necesita tener recursos propios, ser creativa, autónoma y también poder trabajar en equipo. Ser capaz de aprender constantemente y renovarse. También estar comprometida con el bien común y crear un itinerario de vida. Contextualizar al alumno en sus necesidades es lo más difícil, y eso se consigue con un equipo de maestros que estudien su caso y lo apoyen.

Las escuelas de primaria son más atrevidas, y en cambio, la secundaria suele ser más tradicional, cuesta que se atrevan a probar métodos nuevos.
Los profesores de secundaria tienen muchas ganas de transformar la educación. En la primaria cuesta menos, porque los maestros están 25 horas a la semana con los alumnos. Los conocen más y la enseñanza está más globalizada. En la ESO, cada profesor pasa unas tres horas a la semana con cada grupo de alumnos. Están muy condicionados por los horarios y la estructura organizativa.

Boris Mir trabaja como profesor de historia y música en el instituto-escuela público Les Vinyes, en Castellbisbal, un centro de referencia en innovación educativa. Ellos han dado la vuelta a las clases y la organización de los profesores.

¿Ahora todo el mundo habla de innovación educativa? ¿Es una moda o una necesidad real?
Está de moda la innovación. Pero transformar el sistema educativo es una necesidad real y la innovación es una herramienta para conseguirlo. A pesar de que, bajo este paraguas, se esconden muchas ideas clásicas con nuevas presentaciones. En realidad hay muy poca innovación en educación, simplemente hay una “actualización” de la escuela, fruto de las nuevas demandas de la sociedad, a menudo actualizando ideas pedagógicas clásicas.

Cada profesor defiende su método. ¿En qué se basan? ¿Hay evidencia que una cosa funcione y otra no en educación?
Tenemos muchas evidencias de cómo funciona el aprendizaje. Nos lo dice la psicología, la neurobiología, la didáctica…

Entonces, ¿por qué no se aplican? Si hay consenso científico sobre aquello que funciona, ¿por qué no hay consenso político?
Porque la educación está incrustada en un sistema de valores y de opciones políticas y éticas. Esta mezcla hace que los debates sean muy superficiales. Los debates de fondo sobre el modelo de persona que queremos formar y el tipo de sociedad en la que queremos vivir se mezclan con las evidencias que tenemos sobre el aprendizaje. Son cosas diferentes y las mezclamos. Una cosa es la didáctica y otra el propósito de la educación o las finalidades de la escuela. Fíjese en Finlandia y Corea del Sur. Tienen resultados muy buenos con métodos y objetivos muy diferentes. Los primeros creen en la cooperación, los segundos en la competitividad. La manera de enseñar vehicula siempre valores, y esto es crucial.

Por proyectos, sin asignaturas, sin libros, sin horarios, sin notas… ¿Hay que repensar todo esto?
Debajo el paraguas del “trabajo por proyectos” se esconden muchas cosas bien diferentes. Y se contrapone a “contenidos”. Hay demasiado nominalismo en todo eso, siempre tendemos a sobreactuar en los debates pedagógicos. Se habla mucho y se hace poco. En realidad está todo bastante “repensado”: actualizar la escuela a partir de las evidencias que tenemos no es un tema de modelo.

¿Nada de lo que se hacía antes vale? ¿Debemos rechazar la memorización y la clase magistral?
La memorización y la exposición magistral se tienen que reubicar, simplemente. La memorización es imprescindible, pero tiene que ser significativa. Rechazar la memoria sería rechazar la experiencia pasada, cosa que nos imposibilitaría hacer operaciones mentales. Otra cosa es defender la memoria inerte, como un repositorio de palabras y hechos. El tema de la clase magistral es diferente: no es un gesto mental, es una herramienta didáctica. Y como tal se tiene que utilizar en función de los objetivos de aprendizaje, de la situación.

Hace tiempo que las escuelas públicas innovan, pero hasta que una red grande de concertadas no lo ha hecho, el tema no ha llegado a la opinión pública.
Las escuelas públicas no se ocupan de tener o no tener alumnos. No necesitan “vender” su servicio. La escuela concertada, en cambio, sí. Eso los inclina a salir en los medios o presentarse a premios. De hecho, en la escuela pública, si tienes más demanda que oferta, tienes un problema, porque parece que compitas con los centros de tu zona. Cosa que es totalmente falsa. En un buen sistema educativo, los padres no tendrían que sufrir por escoger escuela: todas serían de primer nivel.

¿Falta apoyo del Departament a los centros públicos innovadores?
No hay ningún apoyo real a los centros públicos innovadores. La innovación está tolerada, pero no está apoyada. La concepción centralizada y burocrática de la enseñanza hace realmente difícil la existencia de modelos diferenciados. Trabajas resistiéndote a ser asimilado por el sistema.

¿Qué necesita un centro público para sacar adelante un proyecto diferente?
Otras reglas de juego para funcionar, como disponer de recursos propios, de profesionales capacitados y comprometidos con el proyecto del centro. Y de auténtica autonomía de centro.

¿Los profesores jóvenes que empiezan están bien formados?
No, pero tampoco pueden estarlo. Simplemente los tendríamos que formar in situ, acogiéndolos y tutorizándolos. Tendríamos que hacer como hacen los hospitales universitarios: jóvenes maestros que trabajan al lado de profesionales de referencia. Las tutorías de prácticas en el centro ni siquiera son remuneradas. Para mí tendrían que sustituir las oposiciones.

¿Qué le parece el nuevo currículum de la ESO, que ponga el acento en las competencias?
Es una continuidad del anterior. En algunos aspectos es una simplificación, en otros, una insistencia en las competencias. Pero en general, el impacto real, a corto plazo, está sobrevalorado. Cambiar las prácticas y la cultura de los centros no se hace con un decreto…

¿Qué tiene que saber un alumno al acabar el ESO?
Los objetivos básicos que marca la ley: alcanzar las competencias básicas y convertirse en personas capacitadas para vivir libremente y dignamente en nuestra sociedad. ¡Casi nada!

 

09 jul

«Educamos en el miedo y la competitividad y creamos gente manipulable»

El miedo al futuro atrapa nuestro presente, la competitividad crea patrones para ser todos igual, querer las mismas cosas y aprender lo mismo. Y eso  no nos hace libres sino manipulables. La educación debería cambiar para respetar la individualidad de cada uno, su ritmo, sus pasiones. Seríamos más felices, más personas y menos marionetas.

Publicado el 01.07.2015  – www.diariodeibiza.es

Joan Antoni Melé (Barcelona, 1951) pronuncia hoy a las 20 horas la conferencia ´¿Personas o marionetas? La educación es la clave´ en el Palacio de Congresos de Santa Eulària organizada por la Asociación sin ánimo de lucro Waldorf Ibiza.

Joan Antoni Melé estará hoy en el Palacio de Congresos.

Melé critica los modelos educativos tradicionales que solo buscan preparar «técnicamente a las personas» para competir, insta a recuperar las humanidades «que llevaban a otro tipo de civilización» y aboga por modelos que ayudan a formar personas «libres, creativas y capaces de relacionarse bien con los demás».

NIEVES GARCÍA GÁLVEZ | IBIZA Tras 30 años trabajando en banca tradicional, Joan Antoni Melé ha pasado los últimos siete desarrollando la banca ética en España. En estos momentos lleva a cabo esa labor en Latinoamérica e imparte cursos no solo sobre «una nueva economía basada en el ser humano y la banca ética», sino también de «humanidades y educación». A través de su empresa Taller de Conciencia realiza actividades de autoconocimiento y transformación personal orientados a personas que «quieran hacer un cambio personal para luego llevarlo a su trabajo y conseguir otro tipo de empresas más responsables». En el año 2009 publicó el libro ´Dinero y conciencia. ¿A quién sirve mi dinero?´.

-´¿Personas o marionetas? La educación es la clave’ es el título de su conferencia. ¿Cree que los modelos de enseñanza tradicionales forman títeres?
-Sinceramente sí. Estamos educando a las personas de forma clónica, todos igual, como autómatas.

Hay una obsesión por el informe PISA, que dice si vamos mal en matemáticas, ciencias y en gramática, que elabora una organización empresarial europea y que basa el éxito solo en tener gente técnicamente preparada para que al acabar los estudios encuentre un trabajo y sea rentable a las empresas. Pero aquí no hablamos de seres humanos, de formación humanista.

-¿Y quién ha dicho que son más importantes las matemáticas que tocar el piano, pintar un cuadro o escribir poesía?
-Se llamaban humanidades porque venían del humanismo, nos hacían humanos, nos llevaban a otro tipo de civilización.

-¿Y cómo eso nos lleva a ser marionetas, como dice?
-Preparamos a la gente técnicamente con el miedo de que si no, no encontrarán trabajo, educamos basándonos en el miedo y la competitividad, y estamos creando gente que se puede manipular. Yo entiendo que la educación debe preparar a la gente para que sea libre; no de hacer lo que le dé la gana, sino para que no le condicionen ni los miedos, ni las codicias ni el subconsciente, para poder decidir de otra manera. Y para eso se requiere una formación humanista que no se está dando; se educa solo en la parte intelectual, de conocimientos. Hay que saber repetir los conocimientos y ya has triunfado, y entonces tienes gente autómata, por eso lo de títeres o marionetas.

-¿Y en qué debe basarse la educación que forme personas?
-Se tiene que buscar una educación que contemple la armonía entre enseñar a pensar, enseñar educación emocional, a sabernos relacionar de otra manera unos con otros, y eso se hace sobre todo a través de la educación afectiva y de la educación de la voluntad, pero justo esto empieza al revés.

-¿Qué quiere decir?
-Cuando un niño es pequeño hay que educarle en la voluntad, no en una educación intelectual prematura. Hay que educar la voluntad, los hábitos, y luego dar importancia a la educación emocional.

También hay que enseñarles a leer y a escribir, pero no prematuramente, como se hace en España, y que forma parte de esa competitividad, el que cuanto antes aprendan mejor. En Finlandia, por ejemplo, que es un país de referencia, empiezan a leer y escribir a partir de los 7 años.

-¿Y no es mejor que lo aprendan cuanto antes?
-¿Pero mejor para quién? Cuanto más listos y preparados, podrán competir mejor, pero al resto también los preparan más, y entonces todo el mundo está compitiendo y eso es insostenible. Cada vez hay gente más preparada y competitiva y la sociedad tiene más problemas medioambientales, económicos… Esta gente no está solventando los problemas del mundo; yo diría que los están creando. Entonces hay que pararse a pensar un poco qué queremos para nuestros hijos y qué futuro queremos en el mundo. Y en base a eso, educar es preparar para que los jóvenes puedan aportar todas sus capacidades, no para que se adapten a un modelo que no funciona.

-¿E interesa formar personas? Porque quizás es más fácil de llevar una sociedad de marionetas.
-Claro, pero es que uno tiene que decidir qué quiere para sus hijos. Lo que pasa es que los padres son fácilmente asustables; si tu hijo no está preparado, no encontrará un trabajo, con lo difícil que está todo. La clave es el miedo, la amenaza. Y ya de pequeños están pendientes de las notas, los estudios, los exámenes, la carrera, el máster… Pero mucha gente sigue sin trabajo y los que lo tienen están amargados de la vida. Es una realidad. Gente que viva una vida coherente y con sentido, encuentro poca. Y para mí la clave es la educación, educar íntegramente al ser humano para que de adulto sea libre, creativo y capaz de relacionarse bien con los demás; un ser humano integral.

-¿Y cómo conseguir que los padres cambien la mentalidad quizás tan inculcada que tienen?
-Por eso hay que intentar difundir que hay otros métodos de educación, que se pueden hacer las cosas de otra manera, y luchar contra el miedo. Hay otros modelos que funcionan, pero por desgracia estamos en un país en el que la educación no es libre; el Estado sigue decidiendo cuál es el modelo educativo, a qué escuelas subvenciona… Y eso que me parece inaudito.

-¿Por qué?
-El Estado lo que tiene que hacer es garantizar una buena educación. Los padres deciden qué tipo de educación quieren; ya que pago mis impuestos, a ver si no puedo decidir la escuela que quiero para mis hijos. Y hay modelos, ya digo, que están funcionando [en otros lugares del mundo], y este tipo de escuelas que eran privadas, las han aceptado como públicas debido al éxito que están teniendo.

-¿Cuáles son estos modelos de los que habla?
-El que mejor conozco y que yo promuevo es la pedagogía Waldorf, que ha triunfado en todo el mundo. También oigo hablar muy bien de la línea Montessori. Son dos líneas pedagógicas que tienen una visión más integral del ser humano. La que yo conozco se adapta muy bien a la cultura de cada lugar, respeta el ritmo de cada niño, que es diferente porque cada niño es diferente, y por tanto no puedes marcar pautas uniformes, porque aquí ya has generado el problema.

-¿Y cómo se trabaja?
-A través del arte, de una serie de cosas, enseñan al niño a ser él mismo. Educar es acompañar al niño para que llegue a ser él mismo, para que pueda desarrollar sus capacidades, no las que alguien ha dicho que son las estándar o las que hay que tener. Y el niño será fantástico en música o pintura y en otra cosa será más malo, pero no pasa nada, es su vida, su destino. Él tiene que ser plenamente feliz y ser capaz de desarrollar todo esto y estar en el mundo con sus capacidades.

-El alumno tiene que ser el centro del sistema.
-Por supuesto. Es que el alumno tiene que ser el centro del sistema educativo y el ser humano, el centro de la economía. Esto no lo debemos perder de vista. En la economía solo se habla de beneficios y crecimiento, pero las personas, los seres humanos, ¿dónde estamos? Y en la educación es igual. No sé por qué hablamos del informe PISA, que lo metan en un cajón, ya no digo que lo quemen porque me llamarían terrorista. Pero están hablando solo de preparar a la gente técnicamente para la producción, el consumo y ganar dinero. Y siempre que hablemos de competir habrá quien en esta lucha perderá. Yo creo que deberíamos ser un poco más humildes, parar y decir: «¿Realmente estamos haciendo las cosas bien?». Y más viendo cómo están las cosas, el fracaso escolar, la agresividad infantil, el acoso escolar, el tema de la drogadicción…

-¿Porque esto es fruto de la educación que estamos dando?
-Por supuesto. Políticos o banqueros corruptos hace cuatro días eran críos pequeños encantadores que jugaban en el colegio o en su casa. ¿Cómo los hemos educado para que salgan así? Porque no han sido cuatro que han salido mal, ha sido lo general del país. Hay que reflexionar a fondo, no dar respuestas mecánicas. Lo estamos haciendo mal, vamos a ver otros modelos que están funcionando e intentar aprender un poco. Pero esto no le corresponde al Gobierno, la educación debería dejarse en manos de los profesionales, los maestros y profesores, y de los padres que son los afectados.

-¿En qué situación se encuentran los profesores?
-No tienen libertad, cada vez se les imponen más corsés: tienen que pasar el día haciendo informes, esto lo pueden hacer, esto no. Pues enseña tú, que probablemente el político que lo dice en su vida ha dado clase en un colegio.

-¿Qué papel que debe jugar la creatividad en la enseñanza?
-Es fundamental. Esto entra en la primera etapa de la vida. En los primeros años, cuando educamos la voluntad, la actividad, en el fondo educamos la bondad, pues el niño pequeño aprende que los demás se necesitan y que ser bueno es ser activo, hacer cosas por los demás. En muchos colegios [de estas pedagogías alternativas] los niños de 5 y 6 años ayudan a los de 2, 3 y 4 a cosas que ellos no pueden; entonces el mayor se siente feliz porque está ayudando y el pequeño ya espera a ser adulto para ayudar. Les enseñan a hacer pan y pasteles, a cuidar un huerto, a fregar el suelo…

Es decir, imitando a los adultos el niño se da cuenta de que él puede actuar en el mundo y que todo lo que hace es útil a los demás. Esta es la educación clave en los primeros años de vida.

-¿Y después?
-Luego ya vendrá aprender a leer, cuando llega la edad y además entienden lo que leen. Pero la creatividad empieza de pequeño, cuando un niño no tiene miedo se le enseña a hacer cosas. Ser activo en el mundo es la manera de perder el miedo y fomentar la creatividad.

-¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en la creatividad de los niños?
-A los niños se les están dando demasiadas imágenes acabadas, demasiada televisión, vídeos, juegos, maquinitas… y eso mata la creatividad. A un niño hay que explicarle cuentos, no verlos por televisión, porque interiormente él crea imágenes y de adulto esto será una capacidad imaginativa de crear nuevas cosas. Hay niños que a los dos y tres años les dan tabletas y eso es una barbaridad. Aquí vamos a dar un ordenador a cada niño, pero ¿qué vas a hacer con esto?

Incluso se ha llegado a la brutalidad de decir que no hace falta que aprendan a escribir; esto es una monstruosidad pedagógica porque con el dominio de la escritura el niño desarrolla el carácter. Pero todo es que el niño tenga que hacer el mínimo esfuerzo.

-¿Y qué conlleva todo esto?
-Al final tendremos máquinas que enseñan a máquinas, y el ser humano quedará reducido a un títere, a una marioneta. Perdemos el poder humano que tenemos. Pero esto ya estaba, recuerdo el libro ´Un mundo feliz´ de Aldous Huxley que pronosticaba un futuro así, y yo no lo quiero. Y voy a intentar luchar, como muchísima gente, para que el ser humano pueda ser libre, capaz de amar y de hacer cosas por los demás, creativo y vivir otro tipo de vida. Es posible, hay gente que lo está haciendo, por lo tanto no es ninguna utopía, lo que pasa es que depende de hasta dónde se quiere comprometer cada uno.

14 may

¿Cómo re-imaginar la educación desde la escuela?

Nos gustan los artículos que hablan de nuevas posibilidades educativas. Éste además apunta factores importantes para esa transformación.
Publicado en www.forbes.es el 10 de mayo de 2015. David Martín.
No recuerdo que mi colegio fuera especial en ningún sentido. Una escuela tradicional, de pupitres alineados, con sus lecciones y dictados, sus exámenes de memoria, muchos deberes y escasas oportunidades de relacionarte con nadie, más allá del recreo (jugando al fútbol, exclusivamente). Por supuesto aprendí y crecí en aquellos años y sin duda algo ayudó a ser quien soy hoy, pero en aquel momento era una escuela bastante endogámica, donde no se producía nada útil a la sociedad y donde hablar con la persona de al lado se castigaba con una mirada severa o una reprimenda.

Hoy tengo un trabajo maravilloso que me permite conocer escuelas donde todo es distinto. Lugares casi mágicos, donde los chicos y chicas colaboran para crecer juntos, donde quien aprende algo lo comparte con los demás y refuerza su propio conocimiento en el proceso, donde los alumnos toman decisiones, asumen responsabilidades y negocian, donde se fomenta la creatividad y la educación emocional, donde se sabe que lo normal es ser distinto, donde se practica la empatía y se aprende a resolver problemas reales. Y además donde se aprende matemáticas, ciencias sociales o biología.

Ya existen muchas escuelas así, y serán cada vez más. La educación ya no responde a las necesidades de hace siglos, cuando se concibió el sistema en respuesta a una sociedad industrial que necesitaba unas rutinas, unas competencias y unos procesos que ya no funcionan en la actualidad. Vivimos en una sociedad más interconectada, más imprevisible y menos jerárquica que en siglos anteriores y la educación ha permanecido casi inmóvil frente a esas transformaciones.

El mundo actual requiere re-imaginar la forma de aprender y enseñar, y por suerte hay colegios e institutos que lo están haciendo cada día, en España y el resto del mundo. Son escuelas que entienden y protagonizan el cambio. Escuelas “changemaker” que están a la cabeza de lo que será la educación en el futuro.

Estos son centros educativos muy distintos entre sí; grandes y pequeños, públicos y privados, urbanos y rurales, y se encuentran en todos los rincones del mundo. Pero les une unos factores casi imprescindibles para liderar esa transformación tan necesaria.

Tienen visión. Son centros educativos que se esfuerzan constantemente por mantenerse despiertos, por fomentar habilidades como la empatía, la resolución de problemas, la colaboración con los demás, la creatividad o la resolución de conflictos.

Tienen un equipo y un proyecto. ¿Se imagina poner en marcha un proyecto o una empresa sin elegir las personas que lo conforman? Esa es la dificultad para miles de centros educativos hoy día. Sin embargo hay excepciones donde el proyecto del centro es capaz de sobrevivir a esta incertidumbre. Es el maestro o la profesora quien de verdad “agita” un centro escolar, y seguramente todos conocemos casos de docentes aislados capaces de dinamizarlo o revolucionarlo con su presencia. Imagine todo un equipo docente trabajando juntos y alineados.

Están abiertos a la comunidad. Son colegios cuyas familias participan de lo que ocurre y no se limitan a esperar extramuros a que “le devuelvan a su hijo”. Sobre todo, son escuelas capaces de ejercer un rol como dinamizadores locales: realizan servicios a la comunidad, abren sus instalaciones a movimientos vecinales y ciudadanos, y se basan en la participación de distintos actores como una oportunidad para el aprendizaje compartido.

Son innovadores. Demuestran interés y habilidades para experimentar y poner en práctica nuevas ideas. Investigan constantemente y están al tanto de tendencias en el sector, incluso las generan. Fomentan una cultura transformadora tanto en el propio centro como fuera de él, con la comunidad.

Son influyentes. Sienten el compromiso por compartir y co-crear.Entienden la educación como un bien común y ejercen su responsabilidad asumiendo que son los actores más autorizados para mejorarla.

Practican el aprendizaje activo. El foco no está en que los alumnos y alumnas “aprueben” sino en que “aprendan”. No hay emoción si estamos dormidos en clase, y sin emoción no hay aprendizaje. Por eso los niños contribuyen activamente en su propio aprendizaje y son conscientes del movimiento del que forman parte. El ambiente es colaborativo. Porque el proyecto también es suyo, les pertenece, se han adueñado de ello.

David Martín Díaz es director de Educación y Jóvenes en Ashoka España. Ashoka es la mayor red de emprendedores sociales del mundo y está trabajando para cambiar el paradigma de la educación movilizando el ecosistema y reconociendo a aquellos colegios visionarios que están educando niños, niñas y jóvenes “agentes de cambio”. En mayo Ashoka presenta estas primeras Escuelas Changemaker en España.