12 abr

Jugar en el trabajo, clave para la productividad y la innovación

El juego es importante, cada vez lo tenemos más claro y se habla más de ello pero suele asociarse a la infancia y a espacios o momentos lúdicos. Separamos los momentos de juego de nuestra seria y responsable vida de adultos, y sobre todo de lo laboral.
Jugar es una manera de aprender, de conocer las cosas, de reflexionar, de buscar soluciones, de estimular la creatividad... y facilita ser feliz. ¿Por qué entonces es una actividad tan pautada y esporádica en la vida adulta?
Publicado en lamenteesmaravillosa.com. Por Eva Maria Rodríguez.

Jugar en el trabajo, clave para la productividad y la innovación
Muchas personas trabajan durante mucho tiempo con la esperanza de que, cuanto más tiempo le dediquen a su trabajo, antes se resolverán sus problemas. Así, la carga de trabajo es cada vez más y más grande, hasta que se desbordan e, incluso, se queman.

El lugar de trabajo es donde pasamos gran parte de nuestro tiempo; tiempo que nadie nos va devolver y que tenemos que intentar disfrutar. Hay personas que necesitan o demandan un trabajo de mayor o menor creatividad pero lo cierto es que sin un poco de recreación, el trabajo se resiente. El éxito en el trabajo no depende de la cantidad de tiempo que se trabaja, sino de la calidad del mismo, que a su vez depende en gran medida del bienestar del trabajador.

Tomarse un tiempo para reponerse a través del juego es una de las mejores cosas que puede hacer cualquier profesional.  Si, por ejemplo, se comete un error o se produce un bloqueo, el juego permite cambiar el punto de vista en relación con el problema y acercarse a él desde una nueva perspectiva, porque permite liberar el estrés que se produce en el trabajo.

El juego en el trabajo también refresca la meta y el cuerpo, fomenta el trabajo en equipo, ayuda a que aumente la energía, evita el desgaste físico y mental y desencadena tanto la creatividad como la imaginación

El juego nos hace estar más felices y saludables y ser más productivos

Stuart Brown, un pionero en la investigación sobre el juego, asegura que el humor, los juegos, el alboroto, el coqueteo y la fantasía implican mucho más que diversión. Jugar mucho en la infancia hace adultos felices . Y si somos capaces de mantenerlo, puede hacernos aún más inteligentes a cualquier edad.

En su libro ¡A jugar!: La forma más efectiva de desarrollar el cerebro, enriquecer la imaginación y alegrar el alma (ed. Urano, 2010),  Brown  afirma que el juego es un impulso biológico tan básico y crítico para la salud como el sueño o la alimentación.

En este libro, Brown propone 10 razones por las que el juego hace que la vida sea mejor y que, por lo tanto, permite a las personas ser más productivas:

#1 – Se ha demostrado científicamente que el juego es bueno para el cerebro

Todos los animales juegan, aunque el juego no sea inmediatamente productivo e incluso pueda ser peligroso. Los osos pardos que juegan sobreviven más tiempo. Las ratas que socializan más con otras ratas desarrollan cerebros más grandes y  complejos. Además,  el juego estimula el desarrollo nervioso en las partes del cerebro que procesan las emociones y la función ejecutiva.

#2 – El juego nos enseña a usar nuestra imaginación

Seguramente la imaginación sea la más poderosa de las capacidades  humanas, ya que permite crear realidades simuladas que se pueden explorar sin abandonar el mundo real.

Los niños comienzan a abordar el juego imaginativo alrededor de los 2 años, cuando tienden a comenzar a contar historias tontas. Cuando los niños crecen, la línea entre lo fingido y lo real se hace más sólida, pero el juego imaginativo sigue alimentando el espíritu.

#3 – A través de los juegos bruscos y las caídas aprendemos a cooperar y jugar limpio

Diferentes investigaciones en seres humanos y animales han demostrado que los juegos bruscos son necesario para el desarrollo de la conciencia social, la cooperación, la equidad y el altruismo. Esto es particularmente cierto en los niños en edad preescolar; lo que parece la anarquía en el patio es un experimento en el que el dar y tomar son necesarios para el dominio de las habilidades sociales.

Un investigador encontró que las primeras formas de juego, como la persecución, se relacionan con las habilidades de resolución de problemas sociales que los niños desarrollarán más adelante.

#4 – El juego ayuda a aprender a ser amigos

Cuando los niños tienen entre 4 y 6 años de edad, empiezan a jugar unos con otros de manera recíproca. Esto implica que empiezan a escuchar los puntos de vista de otros niños así como su incorporación en los juegos imaginativos. Este juego mutuo es el estado básico de la amistad que nos sostiene a lo largo de nuestras vidas.

#5 – A veces la mejor manera de aprender un tema complicado es jugar con él

Este es el motivo por el que los niños suelen aprender informática más rápido que los adultos,porque no tienen miedo de probar las cosas y ver lo que funciona y lo que no. Los niños no temen hacer algo mal. Si lo hacen, aprenden de ello y lo hacen de manera diferente la próxima vez.

#6 – Los niños tienen mejores resultados académicos cuando tienen recreo

Los estudiantes que tienen mejor forma física y que tienen recreos o pausas en sus actividadesobtienen mejores resultados académicos y muestran mejor comportamiento en clase que los niños que no tienen ningún descanso.
En el caso de los animales, estos recuerdan las cosas mejor cuando las aprenden a través del juego, tal vez debido a la participación total y la concentración que requiere el juego.

#7 – El juego físico retrasa el deterioro mental en la vejez

Las investigaciones sobre este punto se encuentran todavía en sus primeras etapas, pero las personas mayores que hacen ejercicio regularmente tienen menos probabilidades de sufrir deterioro cognitivo. Hacer crucigramas, rompecabezas y otros juegos parece que también ayuda.

#8 – Un poco de juego puede ayudar a resolver los grandes problemas

Jugar es una gran herramienta de la naturaleza para la creación de nuevas redes neuronales y para la conciliación de las dificultades cognitivas. Cuando jugamos, los dilemas y los desafíos se filtran naturalmente a través de la mente inconsciente y trabajan por sí mismos. Incluso unas pocas horas dedicadas a hacer algo que gusta mucho puede hacer que las personas se sientan completamente renovadas.

#9 – Jugar en el trabajo no es sólo útil, es esencial

Cuando las cosas se ponen difíciles, el ritmo de trabajo es complicado. Los bomberos y los policías utilizan bromas y humor negro para hacer frente a los peligros de su trabajo. Pero la mayoría de la gente  no se enfrentan al riesgo de morir en el trabajo; sin embargo, siempre hay el peligro de quedar mal, producir un perjuicio económico  a la empresa, o ser despedido. El juego da a la gentela distancia emocional para recuperarse. Y si quienes se juegan la vida pueden, los demás también.

En su libro, Brown narra la historia de un director general que reunió a los empleados a hablar de un trimestre que había ido. El CEO tuvo la culpa de la actuación de la empresa, y luego le dijo a los empleados que bajo cada asiento había una pistola de dardos de juguete con dardos de espuma y que todos estaban invitados a disparar con ella. El CEO continuación pasó a explicar cómo iban a cambiar las cosas. Los dardos de espuma ayudaron a transmitir el mensaje de que la situación no era tan grave. Estuvo bien tener algunos contratiempos, admitir fracasos, recibir el golpe y encontrar formas de solucionar los problemas.

#10 – Cuando entendeos el juego correctamente todas las áreas de de la vida van mejor

Una de las cosas más difíciles de enseñar a los niños es la manera de jugar más allá de la dificultad o el aburrimiento para encontrar la diversión.  Hacemos que toda la vida sea un acto de juego cuando reconocemos y aceptamos que puede haber algo de molestia en el juego y que cada experiencia produce placer y dolor. El juego avanzado se produce cuando nos damos cuenta de ello y actuamos en consecuencia. Entonces, nuestro trabajo es nuestro juego y nuestro juego es nuestro trabajo, y tenemos dificultades para distinguir la diferencia entre ellos.

Es en el juego y sólo en el juego que el niño o el adulto como individuos son capaces de ser creativos y de usar el total de su personalidad, y sólo al ser creativo el individuo se descubre a sí mismo. 

07 feb

Más despacio con los hijos.

Contagiamos a nuestros hijos el virus de la prisa. La ansiedad, el estrés, darle mayor valor a hacer las cosas rápido antes que bien... no nos damos cuenta, si nosotros podemos con este ritmo, ellos también. Un ritmo contrario al aprendizaje y al desarrollo integral que no nos deja dedicarle tiempo a lo importante. Pensemos, respiremos y... ¡más despacio por favor!
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Más despacio con los hijos: un encuentro con Carl Honoré

BO 0427 Honore

Cuando cada noche leía un cuento a su hijo, Carl Honoré se saltaba líneas, párrafos e incluso páginas, en un intento de acortar un poco la historia. Un día, este periodista canadiense descubrió el libro “Cuentos de un minuto para dormir” y le entusiasmó la idea de contar el cuento a su hijo en sólo 60 segundos. “De pronto me paré: ¿Hasta dónde había llegado?”, reflexionaba el autor de “Bajo presión”

Niños contagiados por el virus de la prisa:

La aceleración que observamos en todos los ámbitos de la vida moderna (la comida, el trabajo, el deporte, las relaciones) afecta especialmente a nuestros hijos.

En su libro “Bajo Presión”, Honoré describe cómo desde la cuna nuestros  niños viven contagiados del virus de la prisa: les ponemos música desde muy pronto para mejorar su desarrollo,los apuntamos a actividades con solo meses y luego los sometemos a rígidos horarios y actividades extraescolares..

Este ritmo trepidante añade una gran cantidad de ansiedad a su vida, merma la capacidad de aprendizaje de los niños, dificulta sus relaciones sociales y, por supuesto, la autoestima que están construyendo.

La crianza sin presión consiste en dejar a nuestros hijos averiguar lo que son y no lo que queremos que sean. Esto significa dejar que las cosas sucedan en lugar de forzarlas. Significa aceptar que los aprendizajes y experiencias más enriquecedores a menudo son imposibles de medirse o clasificarse en un currículum vitae”.

 

Los niños necesitan momentos de aburrimiento:

Lo que los niños necesitan es tiempo, lentitud, momentos incluso de aburrimiento, porque es ahí como expresan su creatividad, aprenden a socializarse y a conocerse”.

Según Honoré, con tantas prisas se nos ha olvidado cómo disfrutar plenamente del momento, solos o con otros. ¿Podemos de verdad ralentizar nuestro ritmo en este mundo de prisas, diferenciar lo urgente de lo importante, dedicar más tiempo a lo que de verdad consideramos importante? “Sí”, afirmó categórico.

Él, que se reconoció un ex adicto a la velocidad, aseguró que desacelerar le cambió la vida: “soy más feliz, más productivo, mis relaciones son más fuertes y, la prueba definitiva: leo a mi hijo los cuentos con todas las palabras”.

El movimiento “Slow”:

Carl Honoré es defensor del movimiento “Slow”, que intentarecuperar la calma perdida en las sociedades desarrolladas para saborear la vida de otra manera.

Honoré, autor también de “Elogio de la lentitud”, ha descrito el movimento “Slow” como “una revolución cultural. Un uso del tiempo más sano, más humano  -y esto no es una paradoja- másproductivo. De tratar de hacer cada cosa lo mejor posible, en vez de hacerla lo más rápido posible. Es una filosofía que se puede aplicar en todos los ámbitos: comida, sexo, trabajo, diseño, medicina…”.

Hemos creado una embrutecedora cultura del perfeccionismo. Esperamos que todo sea perfecto -nuestros dientes, nuestros cuerpos, nuestras vacaciones-. Y queremos hijos perfectos para redondear el retrato. El problema es que no hay tal cosa y esa búsqueda se está volviendo contra nosotros”. Carl Honoré

Fuente:  serPADRES