12 abr

Destiñendo la infancia

El otro día uno de mis sobrinos me dijo: ¿Sabes que significa COLE? Cárcel Obligatoria Llena de Exámenes. Me lo dijo con humor, riéndose, es más de ahí enlazamos con otros “chistes”. Pero a mí se me quedó una espinita de… tristeza.

Todos hemos sido niños y todos hemos renegado alguna vez del colegio pero eso no significa que no sea triste. Es triste que tu visión de un sitio al que vas todos los días sea el de una cárcel a la que te obligan a asistir  para hacer cosas que no te gustan; si es triste en un adulto, ¡cuánto más en un niño! .

Pero el caso es que los más pequeños, por regla general van contentos al cole, les gusta, lo pasan bien, se sorprenden cada día, ¡les emociona aprender!

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¿En qué momento se da el salto de una cosa a la otra?

Bueno, no creo que sea un salto, creo que es un proceso que de manera progresiva cambia la sorpresa por aburrimiento y la emoción del aprendizaje por la tensión y el estrés de las notas. Y creo, sinceramente y tras la experiencia, que los motores de ese proceso de desteñido interior son:

  1. Los deberes. Los deberes excesivos, repetitivos y aburridos son un peso muy grande para unas alas tan pequeñas. Traspasan el aula y se cuelan en casa impregnando todo: el tiempo de juego, las actividades en familia, los planes de fin de semana, las cenas tranquilas y despreocupadas, la sonrisa de mamá…
  2. La metodología. En infantil el aprendizaje se toca, se oye, se mancha, se ríe, se canta, se juega, se corta, se comparte, se arrastra por el suelo, se grita, se pincha, se recrea, se saca al patio, se cocina, se patea, se pinta, se disfruta. Conforme avanzamos en cursos comienzan a desaparecer los colores, muchos de esos métodos se diluyen, la mayoría del tiempo se pasa sentado en una silla, atendiendo y en silencio. ¿Será el cambio de método el que hace “serio” el aprendizaje? ¿Será que lo “serio” tiene menos emoción? ¿Será que perdemos entonces la alegría del proceso a través del cual llega el aprendizaje?
  3. La evaluación. Las todopoderosas calificaciones engullen a los alumnos, les marcan el objetivo a seguir y los etiquetan; obsesionan a los padres y nublan a los maestros (por suerte cada vez menos). Lo importante ya no es aprender sino demostrar en un momento concreto, de una manera específica y con unos contenidos estrictos… que eres capaz de memorizarlo.

Y así, queridos adultos, de esta manera tan interiorizada socialmente, es como estamos destiñendo la infancia.

Ana Ayala. Pedagoga en Cadakual Iniciativa Social S.Coop.
31 mar

Los jesuitas revolucionan el aula.

Aprendizaje por descubrimiento guiado, inspiración desde la inteligencias múltiples y la educación nórdica. El cambio es necesario y positivo; el objetivo no es aprender más sino aprender mejor, cambiar la forma de relacionarnos con lo que nos rodea y rescatar la investigación, la experimentación y la pasión como herramientas fundamentales de aprendizaje.

Artículo publicado por Patricia Gosálvez. 29-3-15. politica.elpais.com

Trabajo por proyectos, flexibilidad y aprendizaje autónomo en vez de exámenes, libros y clases magistrales. Tres colegios de la orden inician un cambio radical.

Una raya en el pasillo separa el viejo suelo gris del nuevo suelo amarillo en el colegio Claver de los jesuitas en Raimat (Lleida). Los niños saltan de un lado a otro. “¡Siglo XX!”, gritan cuando pisan el terrazo gris; “¡siglo XXI!”, cuando caen en el lado amarillo. A uno y otro lado de esa raya conviven desde septiembre dos modelos pedagógicos muy distintos. En el lado gris siguen con sus lecciones de toda la vida. En el lado amarillo los niños trabajan por proyectos y en grupos. A un lado hay asignaturas, exámenes y un timbre que marca las horas. Al otro, el trabajo es interdisciplinar, los horarios son flexibles, la evaluación es continua y las ciencias se aprenden haciendo un trabajo sobre reciclaje. Siglo XX, siglo XXI.

Anfiteatro-tobogán en el aula de infantil del colegio Claver. / JAVIER MARTÍN

“El alumno es el centro del nuevo modelo”, explica Minerva Porcel, directora pedagógica del cambio en el Claver, paseando entre las mesas de colores. “Los niños aprenden haciendo, son más autónomos, el trabajo es colaborativo, los profesores hacen preguntas, no dan las respuestas…”.

El Claver es uno de los tres centros concertados (unos 300 euros con comedor) donde los jesuitas de Cataluña están implantando el proyecto Horizonte 2020. De momento, solo en tres cursos: primero de infantil (tres años), quinto de primaria (nueve), y primero de la ESO (12). El plan es que en 2020 funcione en los ocho colegios catalanes de la orden, que suman 13.000 alumnos.

En quinto, la mañana arranca con el “inicio del día”, 15 minutos para plantear los objetivos de la jornada y charlar. Aquí se habla sobre Charlie Hebdo o Siria. Hoy toca la Cuaresma, esto es un colegio religioso y en todas las clases hay una cruz. Pero la evangelización siglo XXI no es catequesis: los niños comparten sus buenos propósitos y los profesores leen unas notas de agradecimiento anónimo (“A Marina, porque me hace caso en el patio cuando me ve sola”). Luego se desean un buen día y cada grupo se pone a lo suyo.

Alumnos de 5º de primaria con uno de sus tutores. / JAVIER MARTÍN

Aunque se hayan visitado antes colegios alternativos, lo llamativo del Claver es que está mutando. Pasillo con pasillo, se puede ver un cole de toda la vida y uno distinto. En el lado gris hay pupitres (el del maestro, al frente), pizarras y puertas con ventanucos que permanecen cerradas. Niños en silencio que miran al frente. Las aulas de los pasillos amarillos, sin embargo, son transparentes, con enormes ventanales y las puertas siempre abiertas. Hay gradas y las mesas tienen ruedas para poder agruparse. Los niños hablan y se mueven con libertad. Bajo enormes lámparas tubulares hay zonas comunes con sofás, pufs, o un jardín vertical que están construyendo ellos mismos. En el aula de los pequeños hay un anfiteatro pistacho que en uno de sus extremos se convierte en tobogán. Visualmente, los jesuitas han hecho con estas aulas lo que Google hizo con sus oficinas.

El proyecto también ha redecorado la cabeza de 261 alumnos y 14 profesores voluntarios, porque, como en Silicon Valley, el gran cambio es la forma de trabajar. “Ahora mola más venir al cole”, sentencian Bernat, Enric y Albert, de 13 años, mientras diseccionan un corazón de vaca. “Los profesores te explican un poco, pero somos nosotros los que tenemos que observar, investigar, ir probando…”, dicen introduciendo distraídamente dedos enguantados por la vena cava.

Es lo que la pedagogía llama “aprendizaje por descubrimiento guiado”. “No es que no haya un control, sino que los niños son menos conscientes de él, y más activos, igual que no es que no haya libros, es que no solo hay libros… El mundo es el aula”, explica Minerva Porcel, que pasó tres semanas en Finlandia estudiando su sistema educativo,considerado uno de los mejores del mundo. “Este proyecto bebe de muchas fuentes”, explica. “De las inteligencias múltiples de Gardnera la educación nórdica”.

Alumnos del colegio Claver, de los jesuitas, durante una clase. / JAVIER MARTÍN

Aunque hay clases específicas —de matemáticas o alemán—, el grueso del día fluye sin una pauta marcada por lecciones y los chavales se organizan a su propio ritmo. El ambiente bulle, sí, pero hay una evidente concentración. Los niños no deambulan, se mueven con  propósito. Se les ve motivados, y a sus profesores también. Nadie parece aburrirse.

“Es más divertido y aprendes igual”, dice María Solá, de 13 años. “A lo mejor no igual de rápido, pero se te queda más”. Los proyectos duran tres semanas y se trabajan en grupos de cuatro o cinco. “Si trabajas individualmente, solo tienes una idea”, explica Sergio Arazo, de 13 años. “En grupo se te ocurren más y puedes elegir la mejor”.

“Antes tenías una asignatura que duraba una hora, y luego otra, pero en los proyectos tocas dos o tres materias a la vez”, dice Sergio. Las civilizaciones antiguas se aprenden haciendo el trabajo Be water, Nefertiti, que también cubre el ciclo del agua de Naturales; el proyecto Raperos y reporteros, cuyo objetivo final es grabar un videoclip de hip hop con denuncia social, explica los recursos retóricos de Lengua, ejercita la traducción de Inglés y ameniza el aprendizaje de Música. El colegio traduce estos contenidos en materias para que los apruebe la Generalitat, que ya ha realizado varias inspecciones este año.

El otro gran cambio es que las dos clases de 30 alumnos se han fundido en una de 60 que cuenta con tres tutores multidisciplinares (científico, lingüista, humanista) que están al mismo tiempo en la misma clase. “Para nosotros el día a día ha cambiado totalmente, antes dabas clase encerrado y ahora nuestro trabajo en equipo es un ejemplo para los niños”, dice Xavier Solé, que pasó un trimestre formándose a tiempo completo para la nueva etapa. “Coger el libro, leerlo y comentarlo, lo puedo hacer ahora y dentro de 20 años… Siempre había intentado probar cosas nuevas, pero no era fácil llevarlas a cabo. Ahora me siento apoyado”. “El trabajo es mucho más creativo”, asiente Magda Ballesta, coordinadora de Infantil. “Sí, implica más esfuerzo. Es más fácil ponerles a rellenar fichas, y a veces lo hacemos, pero como maestra lo que me gusta es crear actividades propias”.

“Hay otros colegios con proyectos innovadores, pero esto son los jesuitas, la significación es distinta”, opina el catedrático de SociologíaMariano Fernández Enguita. “Hace siglos fueron ellos los que implantaron los patrones de lo que ahora consideramos el aula tradicional: no son cualquier cosa”. “Ahí reside precisamente la bomba: una orden religiosa viene a agitar las aguas estancadas del sistema educativo español y a dar sopas con honda a la escuela pública”, escribía el experto en su blog. “La escuela convencional ha de evolucionar, porque está basada en un mundo que ya no existe”, continúa por teléfono. “Ellos se están adaptando”. A Enguita le gustaría ver una evolución parecida en la pública. “Pero hace falta una dirección fuerte para llevarla a cabo, porque no todos los profesores van a estar de acuerdo”, opina.

“Yo, si fuera padre, sacaría a mi hijo”, sentencia Felipe de Vicente, presidente de Asociación Nacional de Catedráticos de Instituto.“Estos inventos buscan que los niños estén entretenidos… Y a la escuela se va a aprender”. “La clase magistral no es mala, yo lo he aprendido todo así y tengo dos oposiciones”, continúa. “A Cervantes hay que explicarlo, y del Teorema de Euclides no se puede hacer un rap”. Llevar estas innovaciones a la educación pública le parece inútil e imposible: “Esto solo se puede hacer con un alumnado de clase media”.

No hay que irse tan lejos para encontrar otras voces críticas. “Habéis venido a ver a los de los coloritos, ¿no?”, preguntan con retintín los chavales de los pasillos grises a los periodistas. “Sus aulas son más chulas, pero yo prefiero el sistema de siempre”, dice uno de ellos. “¿Qué es eso de no hacer exámenes? Seguro que no aprenden nada”. “Están un poco mimados con sus sofás, sus mesas con ruedas… ¡Y se llevan a los mejores profesores!”, exclama otra. “En realidad tienen un poco de envidia porque no les ha tocado este privilegio”, responde Sergio Arazo, que, como sus compañeros del nuevo sistema, no quiere volver ni atado a lo de antes.

Los jesuitas llevan años preparando este cambio. Un proceso en el que han participado profesores, alumnos y familias, que contribuyeron con 56.000 ideas sobre la escuela que querían. “A los profesores no hizo falta convencerles porque ya era un grupo que quería un cambio, que veía alumnos desmotivados, resultados que no mejoraban… Con los padres hizo falta mucha transparencia”, explica la directora. “Al principio no lo entiendes del todo, hay que verlo”, dice Daniel Ponté, padre de una niña de quinto. ¿Trabaja menos su hija por pasarlo mejor? “Ahora tiene menos deberes, pero cuando falta un día, tiene que recuperar un montón”, responde. “Así que en clase deben de trabajar mucho”.

Atardece sobre los viñedos de Raimat que rodean el colegio y toca hacer el “final del día”. Quince minutos de reflexión compartida sobre lo aprendido. Los niños se autoevaluan del 1 al 4. Suena una música tranquila mientras piensan un minuto en silencio y luego abandonan el aula de colores sin necesidad de que suene un timbre.

04 dic

Creo que he perdido la primavera!!

¿Habremos perdido la capacidad para esperar, para respetar el proceso madurativo del ser humano, para primar el ser por encima del saber? ¿Estamos siendo cómplices de que nuestros niños... pierdan su primavera?

Artículo, publicado en El País el 29 de octubre de 2009 por J.A.Aunión

Sin leer ni escribir hasta los seis

 

perder la primavera~1La presión sobre los niños más pequeños está en cuestión – Los docentes piden flexibilidad en una edad en la que importa más lo físico, ético y social

“Creo que he perdido la primavera”, grita Sara, de cinco años. Está en clase, en el colegio público Teresa de Calcuta de San Sebastián de los Reyes (Madrid). Mientras revuelve en una caja, tiene frente a sí tres fotografías de un mismo paisaje: una tomada en verano, otra en otoño y otra en invierno. Efectivamente, falta la primavera, así que Sara no estaba haciendo ninguna metáfora, pero su inocente comentario enmarca perfectamente el núcleo de este artículo. A saber: se han adelantado demasiado los objetivos y los contenidos escolares para niños muy pequeños, con lo que el segundo ciclo de la educación infantil se convierte en una especie de miniprimaria para unos niños que deberían estar aprendiendo, tal vez, cosas parecidas a las que les enseñan, pero desde luego de otra manera.

Básicamente esto es lo que dice una de las conclusiones de un reciente estudio dirigido por el profesor de la Universidad de Cambridge Robin Alexander, el mayor repaso hecho a la enseñanza primaria británica en 40 años. Los expertos aseguran que cuatro y cinco años es muy temprano para empezar a recibir una educación formal, estructurada en materias, y reclaman una enseñanza que les ayude a construir sus destrezas sociales, su lenguaje y su confianza a través de juegos, o simplemente hablando con los niños. Todo ello, en lugar de primar el aprendizaje de la lectoescritura y los números, como se ven obligados a hacer muchos docentes, presionados por la necesidad de elevar el nivel educativo, dice el informe.

Es cierto que el sistema español y el británico son distintos: ellos empiezan la escolarización obligatoria a los cinco años, en lugar de a los seis, con una especie de preprimaria, y en España el segundo ciclo de la educación infantil (tres, cuatro y cinco años) aún tiene mucho de juego en su metodología. Pero a los expertos no les cuesta nada trasladar las ideas del estudio británico al caso español, ya que aseguran que también existe esa presión por engordar los contenidos en una educación infantil muy parecida a la primaria, con una cierta división asimismo por áreas o materias y algún que otro cambio de profesor al lo largo del día.

Están de acuerdo con esta idea la profesora de Sara, Pilar Vara, y su compañera Marisa Cervigón. Son las docentes del último curso de infantil del colegio Teresa de Calcuta y entre las dos suman 40 años de experiencia docente en esta etapa.

¿Quién no está de acuerdo? Para empezar, parece que quienes hacen las normativas, que introducen cada más contenidos (más lectoescritura, más inglés, más tecnología). Y para continuar, la sociedad en general, y los padres en particular. “Hay mucha fijación con el aprendizaje de la lectoescritura”, dice Cervigón. “Quieren que les enseñemos a leer antes de tiempo. Van a querer que empiecen a andar a los seis meses”, ironiza Vara, y añade después: “¿Cómo van a aprender a hablar si no hablan, se pasan el día rellenando fichas?”.

Los expertos se quejan sistemáticamente de esa presión social para mejorar el nivel educativo adelantando contenidos, como ya señalaba el estudio de Cambridge. Pero ese afán puede llegar a convertirse en algo contraproducente. “Puede socavar la confianza de los niños y se corre el riesgo de dañar a largo plazo su aprendizaje”, dice el informe. Y pone el ejemplo de Finlandia, que siempre está en los primeros puestos del Informe Pisa de la OCDE, que mide las destrezas lectoras matemáticas y científicas de los chicos de 15 años. En el país nórdico, se centran en la educación social, física y ética hasta los cinco años, y a los seis dedican un año a la transición al colegio reglado de toda la vida.

Pero eso requiere un fuerte respaldo social. Y en España, por el contrario, “hay una presión terrible y enorme para adelantar la escuela en el sentido de las materias, de leer y escribir, pero adelantar el aprendizaje formal, lejos de reforzar su voluntad de aprendizaje, lo que hace es que se aburran sobremanera”, dice la presidenta de la asociación de maestros Rosa Sensat, Irene Balaguer. La portavoz de directores de escuelas infantiles de la Comunidad de Madrid, Carmen Ferrera, con más de tres décadas de experiencia, es todavía más tajante: “Mi opinión es que la lectoescritura no debe empezar antes de los seis años. Todos los aprendizajes que se fuercen van a estorbar en el futuro“.

Incluso la idea, respaldada por muchas investigaciones, de que la escolarización temprana puede evitar el fracaso escolar se puede ir al garete si se les mete a los niños mucha presión, asegura el catedrático de la Universidad de Sevilla Jesús Palacios. Para niños de entornos más favorecidos socioeconómica y culturalmente no es crucial una escolarización temprana, pero sí para otros de ambientes más desfavorecidos, asegura el profesor: “Y es precisamente a estos niños a los que más les puede perjudicar una escolarización excesiva“.

Palacios se queja de que las clases de infantil están, en general, muy basadas en las fichas, ésas de las que hablaba Pilar Vara. Las fichas son el equivalente infantil del libro de texto, explica. Por ejemplo, los niños identifican las partes de un árbol, las rellenan con distintos colores, reproducen las letras… “Hay una paradoja en infantil: los chavales están sentados en grupos, más o menos en círculos, pero raramente trabajan en grupo, sino que, colocados así, hacen un trabajo estrictamente individual”, añade Palacios.

Por supuesto, la cuestión tiene unas raíces que vienen de lejos. “Tenemos un problema que el sistema británico no tiene: que la educación infantil fue creada como una extensión hacia abajo de la primaria, aquí no existía el kindergarten, como en Alemania, ni la maternal, como en Francia, sino que simplemente, en un momento dado se empezaba la primaria. Así, el sistema ha ido creciendo de arriba abajo”, dice el catedrático.

Palacios, como Balaguer, Ferrera, Vara y Cervigón, todos explican que la diversidad de los alumnos, tanto en su desarrollo como en sus intereses, es tan distinta que parece una tontería intentar enseñar a todos a escribir o los números. “Hay niños que sienten mucha curiosidad y escriben su nombre. O los que descubren que en la calle o en los cuentos hay letras. Estos arrancan de una manera espontánea. Pero hay niños que tienen otros intereses”, dice Balaguer

Hay que ir a cosas mucho más lúdicas, con una metodología que les ayude a un desarrollo global“, continúa Ferrera. Pero eso, ¿cómo se hace? La docente pone un ejemplo: arrancar la clase con una asamblea: “Los niños en círculos empiezan a hablar con el profesor sobre las cosas que les preocupan, que les interesan, sobre lo que han hecho… Si resulta que es un día nublado, la maestra tiene que tener la habilidad para proponerles juegos, dramatizaciones, o simplemente hablar sobre el tiempo y las nubes”.

“Es verdad que la educación infantil tiene que ser más flexible, menos regulada que la primaria y la secundaria, no debe existir sobre todo la presión, que es fruto de una presión social. Pero también es verdad que hay escuelas y profesores que ya lo hacen así”, asegura el pedagogo y director de Cuadernos de Pedagogía, Jaume Carbonell. Probablemente el colegio Teresa de Calcuta es un ejemplo. Al menos, Pilar Vara y Marisa Cervigón insisten en ello. “Nosotras tratamos de ser muy flexibles, por ejemplo, evitamos todo lo que podemos los textos”, dice la segunda.

La tarde para ellas ha sido más o menos tranquila. Bueno, todo lo tranquila que puede ser alrededor de un montón de chavales de cinco años. A las tres entraron todos en fila -“Vamos, todos, el tren”, colocó Pilar-, hasta llegar a la clase, decorada con un montón de murales, de dibujos, un gran tótem de papel, más alto que todos los niños, junto a la ventana. El paisaje continúa con una pizarra de toda la vida junto a un reproductor de música y un ordenador.

En el otro extremo del ventanal, hay una mesa con un bonsái y unos trozos de patata que, puestos en agua, empiezan a germinar. Allí se sentarán algunos niños, lupas en mano, a investigar. Otros, en un grupo de mesas (como explicaba Palacios, hay tres bloques de varias mesas unidas) harán formas con la plastilina; otros pocos decorarán con series una espiral dibujada en un papel que luego recortarán dejando el resultado como una serpentina; “Yo hago sol-corazón, sol-corazón”, dice una alumna con entusiasmo. “Yo una muy difícil: cuadrado, triángulo, círculo”, añade otro, orgulloso. Los últimos se dedican a coger una tarjeta con una palabra escrita y a descubrir, dando palmas, cuántos sonidos-sílabas tiene cada una. Durante aproximadamente una hora harán por turnos todas las actividades.

Aunque alguno parece aburrirse un poco, otros se ríen con entusiasmo, y hay una discusión, en general parecen pasarlo bien, si bien da la impresión de que a alguno de ellos se le estuvieran acabando las pilas. “Pasan aquí muchas horas. Los hay que llegan a las 7.30 a desayunar y se van a las 18.00″, dice Pilar. Y, aunque intentan efectivamente hacer las cosas de otra manera, se quejan de esa falta de flexibilidad, por ejemplo, que se tenga que romper la clase por narices para ir a inglés.

Hay muchos niveles de flexibilidad, y la normativa y la organización de los centros lo permiten hasta cierto punto, y aunque existen esos profesionales que intentan hacer las cosas de otra manera, se trata de un porcentaje que no es “representativo de la mayoría y, en cualquier caso, la sociedad no lo aplaude“, asegura José Antonio Fernández Bravo, experto en didáctica de las matemáticas y autor de varios trabajos sobre los contenidos en la educación infantil. Fernández insiste en la presión social que imprimen los padres: “Estamos obsesionados con subir el nivel y nos creemos que eso consiste en adelantar contenidos, pero no lo es. Está demostrado, incluso neurológicamente, que a esa edad lo más importante es fomentar el querer aprender“.

En educación hay muchas pescadillas que se muerden la cola y ésta podría ser una de ellas. Entre informes Pisa que causan estupor y enfado general porque la educación española no da los resultados que a todos les gustarían, los profesores de primaria se quejan de que los niños llegan de la infantil sin saber lo suficiente; los de secundaria se quejan de lo mismo con respecto a la primaria y los de universidad, ídem de ídem. Pero, entre quejas entrecruzadas y manoseadas, ¿y si resulta que el problema de raíz es que nos estamos saltando pasos? ¿Y si resulta que a Sara se le ha perdido la primavera de verdad?

24 oct

Deberes, ¿aprendizaje o castigo?

Nos hemos encontrado hoy con este artículo que comparte La Pedagogía Blanca y que nos permite reflexionar en un tema… que lleva a muchos padres y profesores de cabeza!!

En septiembre, antes del comienzo de las clases le pregunté a mi sobrina si le apetecía empezar el cole, me dijo algo como: “al cole sí, me lo paso bien, quiero ver a mis amigos pero… ¡deberes otra vez nooo!”.

Desde Cadakual creemos que lo peor de los deberes es la desmotivación que provocan; la asociación de aprendizaje con deberes “obligados” hace que muchos niños pierdan las ganas de aprender, y eso, además de triste tiene consecuencias evidentes en su rendimiento académico.

No todo es blanco o negro pero igual podríamos pensar, como educadores y padres en poner en práctica y demandar otras estrategias o metodologías: Reducir los tiempos y los días de deberes; incidir en actividades, trabajos, experimentos para afianzar conceptos (no tanto libro, más apuntes, y sentarse delante de un folio) – hacer que los “deberes” sean divertidos; programar deberes semanales o quincenales para que el propio alumno gestione sus tiempos y su implicación, que pueda elegir el momento…

¿Cómo lo ves tu? Nos encantaría conocer tu opinión.

deberes

22 oct

Arriba el lápiz!

Fue hace unos meses, en un proyecto de refuerzo educativo. Los alumnos habían terminado los deberes y nos pusimos a jugar a “arriba el lápiz”. Les encanta. A mí también. Y les gusta que juegue con ellos.

Al poco de comenzar vi una falta de ortografía en el folio de uno de ellos y se lo dije, para corregirla. Se me quedó mirando muy serio y me dijo: “Maestra, ¿estamos jugando o estamos estudiando?”. Yo sólo sonreí. Le podría haber dicho que ambas cosas, que por eso precisamente estábamos jugando. Pero sólo sonreí, no merecía la pena, no era necesario saber eso a los 10 años, el juego tenía que seguir siendo sinónimo de diversión.

A partir de ése momento cuando veía una falta de ortografía en alguno de ellos me ponía a toser. Enseguida todos revisaban las hojas de los compañeros en busca de la falta, a ver quien la encontraba primero. Era parte del juego. Era divertido.

Y así, con una regla nueva, seguimos jugando. Como si nada… como si todo.frato

26 sep

Nacimos para marcar la diferencia.

No has pensado alguna vez al ver un vídeo, una imagen, o escuchando a alguien – “¡Qué manera más maravillosa y sencilla de plasmar algo tan… grande!!”.

Rita PiersonNos ha pasado con este vídeo. Lo descubrimos hace unos días. Lo hemos visto muchas veces desde entonces. Y en todas nos hemos emocionado. En todas nos hemos inspirado.

Una comunicadora tan potente como Rita Pierson nos hace ver con increíble claridad la parte realmente importante de la educación: las relaciones humanas; eso es lo que realmente favorece el aprendizaje significativo, algo en lo que creemos y por lo que trabajamos desde Cadakual, de diferentes formas, desde el principio.

Somos pedagogas. Somos educadoras. ¡Qué bueno que nacimos… para marcar la diferencia!

15 sep

Hoy renacemos.

Hoy renacemos. Nos repensamos, ocho años después.

Hemos aprendido cosas por el camino; casi tantas como las que hemos desaprendido. Hemos ganado confianza, en nosotras mismas, en lo que hacemos y sobre todo en cómo lo hacemos.

No hemos terminado de aprender (ése es un proceso que no queremos finalizar nunca), nos cuestionamos, reflexionamos, debatimos, nos relacionamos con otras personas… y todo va fluyendo.

Este blog que inauguramos hoy va a ser reflejo de todo eso.

Vamos a “pensar en voz alta” y a compartirlo con quien nos quiera leer. Vamos a dar a conocer opiniones de otros. Vamos a cuestionar “dogmas” educativos y culturales. Vamos a hablar de educación y a imaginar… otros caminos.

Y, porque la aventura ESTÁ en el camino… nos gustará compartirlo contigo.