21 dic

Más ilusión y menos miedo.

Hace ya tiempo que venimos leyendo y escuchando cada vez más artículos que relacionan los problemas de aprendizaje con la falta de atención o de motivación.

Hay muchas opiniones al respecto que igual podríamos concretar en dos corrientes:

  1. La que incide en hacer de la educación algo atractivo y motivador que capte la atención del alumno y así facilite el aprendizaje de manera “natural”.
  2. La que resta importancia a la motivación poniendo el acento en la disciplina, los hábitos de estudio y el deber.

Desde Cadakual nos inclinamos a trabajar por la primera opción sin olvidar ingredientes importantes de la segunda (los blancos o negros en educación no suelen ser nunca puros, desde los grises es más fácil acceder a todos los alumnos).

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Dentro de ésa primera corriente está claro que hay muchas maneras de hacerlo y si profundizamos un poco en ella surgen cuestiones sobre las que deberíamos reflexionar:

  • ¿Puede existir un aprendizaje “natural” en la escuela y bajo la sombra de un currículum formal establecido?
  • ¿Hay que hacer de la materia algo motivador o fomentar la motivación intrínseca del alumno por la materia? ¿Ambas cosas?
  • La atención… ¿es como un músculo que requiere ejercitarse para fortalecerse de manera progresiva?
  • ¿Dónde quedan dentro de todo esto los ritmos de aprendizaje, el desarrollo madurativo y los intereses individuales de cada alumno?

Es complicado dar respuesta a todas estas preguntas, que además tienen multitud de respuestas posibles y válidas pero, partiendo de ellas, cada vez hay más maestros y centros educativos que se plantean la necesidad de otro enfoque educativo en la escuela que se centre en el alumno más que en el currículum, el papeleo, las normas y el “esto siempre ha sido así, por algo será”. Es fundamental cuidar a las personas (alumnos, padres y profesores) que forman parte de ésa maquinaria, escuchar lo que tienen que decir y ponernos manos a la obra cada uno desde su ámbito de trabajo, con algo más de ilusión y algo menos de miedo.

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11 feb

Taller de formación para padres

Como apoyar y motivar a nuestros hijos de Primaria en su proceso de aprendizaje escolar.

Imagen Taller para padres - Feb 16

 

SESIÓN 1 – YO, COMO MADRE O PADRE, INFLUYO EN SU APRENDIZAJE

¿Lo estaré haciendo bien? ¿Y si le estoy perjudicando? ¿Castigo, recompensa o hay otras opciones? ¿Qué hacemos con los deberes?
Claves para un acompañamiento emocionalmente sano.

SESIÓN 2 – MIENTRAS APRENDE… ¿QUÉ PIENSA Y SIENTE MI HIJO?

¿Puedo influir en la manera de aprender de mi hijo? ¿Cómo puedo motivarlo? ¿Cómo aprovechar los recursos que tenemos en casa para potenciar su aprendizaje? ¿Cómo contribuir a que se sienta bien mientras hace sus deberes?
Claves para favorecer el bienestar personal de mi hijo a la vez que su rendimiento académico.

SESIÓN 3 – TÉCNICAS DE ESTUDIO – HERRAMIENTAS DE APRENDIZAJE

¿Es lo mismo estudiar que aprender? ¿Qué hacer antes, durante y después del estudio? Tomar apuntes, subrayar, hacer resúmenes, esquemas, memorizar… conozcamos herramientas que pueden ayudar a nuestro hijo.
Técnicas y recursos para facilitar el estudio en casa.

Fechas de realización:
Sesión 1 – Jueves 25 de febrero de 20 a 22 h.
Sesión 2 – Jueves 3 de marzo de 20 a 22 h.
Sesión 3 – Jueves 10 de marzo de 20 a 22 h.

Lugar de realización:
Escuela Murciana de Primera Infancia – EMPI
(C/Morera s/n Santiago el Mayor – Ronda Sur)

Precio:
Inscripciones y pago hasta el 23 de febrero.
60€ el taller (las tres sesiones).
25€ una sesión.

Más información: info@cadakual.org

07 ene

Adiós a las asignaturas: el trabajo por proyectos convence cada vez a más escuelas

Cada vez son más los convencidos. El aprendizaje por proyectos es más motivador, más real, más cooperativo y más integrador. La educación está cambiando y es tarea de todos hacer que sea posible.

Institutos como el de Sils optan por facilitar el aprendizaje de sus alumnos a partir de los proyectos, un planteamiento que ofrece más ventajas educativas que las asignaturas: les motiva y les ayuda a conectar conocimientos

Este es un reportaje publicado en El Diari de l’Educació

Imatge d'una de les aules de les escoles dels Jesuïtes.

Imagen de una de las aulas de los Jesuitas

¿Qué prefieres, escuchar toda la mitología griega pegado al pupitre, o descubrir el mundo de los héroes y los mitos a partir de su investigación en la música, la literatura y el arte contemporáneos? No contestes todavía. ¿Qué te gustaría más, volver del patio y que te expliquen en dos sesiones de una hora la evolución de los primeros habitantes de la tierra, o que tú y tus compañeros os lancéis a defender -con argumentación científica- el yacimiento que hay en el pueblo del al lado, que parece ser que amenazado por un pelotazo inmobiliario?

“Hombre, preferimos trabajar con los proyectos, que nos ayudan a aprender cosas que nos servirán para la vida real, y que nos motivan. Son retos”, apunta uno de los alumnos de Cuarto de ESO del instituto público de Sils (Girona). Él es de los que está recabando información con sus compañeros para armar una defensa justificada del yacimiento -realmente existente, y anteriormente amenazado- del Camp dels Ninots, cerca de Girona.

El trabajo por proyectos ha relegado las asignaturas a un tercio del horario en este centro educativo gerundense, y cada vez gana más terreno, según los expertos, a la clásica organización compartimentada de las materias. “El conocimiento no es algo separado que se baste a sí mismo, sino que está inmerso en un proceso por el cual la vida se sostiene”, proclamaba hace décadas el pedagogo americano John Dewey, una frase que adapta al siglo XXI Iolanda Arboleas, directora el instituto: “Queremos futuros ciudadanos que sepan relacionar aprendizajes, que sean capços de trabajar en equipo, de innovar, de adaptarse a los cambios y comunicar bien”.

Además de algunos centros educativos públicos, que como en Sils hace años que apuestan por esta metodología, en las últimas semanas ha trascendido el atrevimiento de las escuelas de los Jesuitas de Catalunya, una institución centenaria que en su profunda renovación también ha decidido cambiar las asignaturas por los proyectos. O el siempre envidiado sistema educativo finlandés,que recientemente también ha visto en las asignaturas un signo caduco de tiempos educativos pasados.

Y es que los proyectos son sólo la palanca que permite a muchos docentes transformar los aprendizajes de sus alumnos en una actividad más motivadora -los gusta el reto-, cooperativa -suelen trabajar en grupo- y significativa -las propuestas suelen ser vinculadas al entorno del centro. “Los alumnos siempre te preguntan: ‘¿pero eso para qué me servirá a mí?’ Pues bien, los proyectos sí, dan sentido a su aprendizaje. Está comprobado que les motivan”, expone Neus Sanmartí, durante años directora del Instituto de Ciencias de la Educación de la UAB y coautora del libro ¿ Trabajamos por proyectos? “Los currículos de todo el mundo van hacia los proyectos, porque permiten un trabajo interdisiplinar: los conocimientos deben relacionarse porque en la vida los problemas reales son complejos”.

Pero, ¿cómo lo hacen en Sils?

En el instituto de Sils tuvieron la suerte de empezar de cero. El centro abrió sus puertas en 2008 y lo hizo con un equipo de profesores con inquietudes pedagógicas y ganas de cambiar las cosas. “Sabíamos que queríamos acabar con los cuatro jinetes del apocalipsis de la Secundaria, en nuestra opinión orígenes de todos los males”, recalca Arboleas, “que son la exigencia de unos niveles mínimos para todos los alumnos, la segregación por niveles, la obsesión del docente por su materia -muy propio de la ESO-, y la concepción del alumno como receptor de conocimientos”, expone la directora.

En su cruzada contra los jintes, en Sils encontraron un claro aliado en el trabajo por proyectos. Actualmente dividen el horario lectivo en tres franjas -que no asignaturas-, “que van de menos a más autonomía para el alumno”. Las tres tienen el mismo peso horario. La primera es la de la llamada clase magistral. En el instituto consideran que también debe haber espacio para la transmisión de conocimientos. La segunda es la franja de los procedimientos. “Aquí metemos las mates y las lenguas, sobre todo la enseñanza procedimental. La ortografía y las ecuaciones, por ejemplo, se han de aprender a partir de la repetición”, constata Arboleas. Y la tercera es la de los proyectos.

Hacen uno cada mes. “Al principio dejábamos que los alumnos decidieran libremente sus proyectos, pero nos encontramos que no salíamos de las tribus urbanas… Y ahora les damos orientaciones”, detalla la directora. Esto les ha permitido repartir los temas con algo más de equilibrio en función de las materias, aunque el objetivo es que cualquier proyecto incorpore contenidos de cualquiera de las materias.

¿Cualquiera? Responde uno de los profesores del instituto, durante el recreto: “Sí, a ver, por ejemplo un proyecto sobre aislamientos -él es profe de tecnología-: incorpora tecnología, matemáticas porque tienes que tomar las medidas de la casa, ciencias naturales para estudiar los materiales con que lo puedes hacer, historia de la vivienda y los materiales de construcción del entorno, y lengua porque en todos los casos hacemos exposición oral al final…”.

Para integrar todas las disciplinas los profesores tuvieron que despojar los currículos de cada área, con la intención de obtener aquellos conceptos imprescindibles “para que luego los alumnos construyan sus propios conocimientos”. En este proceso, apunta Arboleas, no hay libro de texto que valga, pero sí los infinitos recursos de internet.

Los alumnos de Cuarto de la ESO del instituto de Sils.

Los alumnos de Cuarto de la ESO del instituto de Sils.

Las evaluaciones y el papel del profesor

Renunciar a las asignaturas, como han hecho en Sils, es tumbar una pieza de dominó. Automáticamente se tambalean muchas otras piezas, como los exámenes o el papel del maestro dominador del aula.

Quitar peso a los exámenes, tal como han hecho en Sils o en las escuelas Jesuitas, permite centrar la mirada más en la evolución de cada alumno. “Es la evaluación continuada que siempre hemos reivindicado pero que nunca se aplicaba”, expone Arboleas. Los alumnos de Sils, simplificando el proceso, obtienen más de la mitad de su nota en función de su trabajo en el proyecto. “Se les valora que se esfuercen, que ayuden a los compañeros, que muestren interés, que mejoren”, valora la directora.

De una manera similar se expresa Josep Menéndez, director adjunto de Jesuitas Educación, que pone el foco en las competencias: “Lo que reciben las familias en casa al final de trimestre es la evolución de sus hijos en competencias como la comunicación, la matemática, la ciudadana, la digital… Y luego eso nosotros lo convertimos, mediante un algoritmo, en las notas normativas, por cuestiones administrativas”, concluye.

Este planteamiento -valorar los alumnos en función de su progreso y no de unos mínimos previamente marcados- permite además, como ocurre en Sils, que todos los estudiantes puedan seguir en una misma clase, tengan más o menos dificultades. “Aquí aprueban los que se esfuerzan”, sentencia Arboleas, convencida de que así se refuerza la atención a la diversidad.

¿Pero como se mide el esfuerzo? ¿Y la colaboración? “Con observación”, coinciden ambos. Como el maestro ya no tiene que pasar las horas impartiendo clase, se puede pasear por el aula analizando el trabajo los alumnos.

“El maestro se convierte en un estimulador de aprendizajes y un diseñador de situaciones didácticas”. Esta es la definición de Arboleas del nuevo papel del docente. Menéndez tiene también la suya: “El maestro cede el centro de atención al alumno y pasa a plantear retos y acompañar; observar y evaluar”, sentencia.

El impacto de los proyectos en el sistema

El impacto de la transformación de los Jesuitas ha suscitado un amplio debate en la comunidad educativa.  El sociólogo Xavier Martínez-Celorrio aprovechaba para resaltar el conservadurismo de algunos institutos públicos a la hora de innovar, a lo que varios docentes han respondido que las instituciones privadas parten con ventaja de recursos, y que sí hay algunos centros públicos pioneros en este campo.

En el aspecto concreto del trabajo por proyectos, Sanmartí hace su diagnóstico: “Hasta ahora había algunos centros que trabajaban así, pero a contracorriente, y ahora quizás comenzará a pasar al revés. Sin embargo, dudo que el cambio sea generalizado. En general, el cambio se genera más en centros nuevos y en los que tienen alumnado difícil; los que ya tienen buenos resultados no se plantean estas transformaciones”, expone.

En cuanto a la Administración catalana, que ya en 2007 incluyó en la ley que había que hacer un proyecto al año en Primaria, Sanmartí opina que “no ha habido ningún otro incentivo en esta línea”. Así, ante la aparente apatía de la Generalitat, algunos centros como el de Sils han hecho su camino. “A nosotros nos han apoyado, y estamos contentos con el papel de la Administración: no nos ha dado grandes edificios ni muchos profesionales, pero nos ha dejado hacer y ha confiado en nuestra propuesta, que ya es bastante importante”, valora Arboleas.

A veces no sólo hay que convencer a la Administración, sino también las familias. “Al principio se nos quejaban porque los niños no llevaban deberes a casa”, recuerda la directora, que cree que las familias tienden a ser muy conservadoras al inicio.

Y es que decir adiós a un pilar del sistema educativo como han sido las asignaturas no es sencillo. Pero Arboleas matiza: “No es decir adiós, porque compartimentar el conocimiento también es práctico a veces, pero lo que no puede ser es que, como hasta ahora, vertebren todo un proyecto educativo o un centro. No tiene sentido”, concluye.

23 jul

Aprendizaje Accidental

Nos ha encantado este artículo. Aprender... por accidente; un aprendizaje invisible que sin embargo es más potente y duradero que el intencionado. ¿No debería de ser esto una pista para avanzar en otras maneras de aprender?
Publicado en Ined21.com. 15 julio 2015. Gisel Martínez Ortiz.

UPS, LO SIENTO… LO APRENDÍ POR ACCIDENTE

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El aprendizaje accidental se da en las actividades del día a día cuando aprendemos algo que no esperábamos o no teníamos intención de aprender.

En 1967 Arthur Reber se refirió a este fenómeno en términos de “aprendizaje implícito”, como un conocimiento intuitivo de la estructura subyacente de los estímulos del ambiente a los que estamos expuestos. Este conocimiento es difícilmente exportable o sistematizable y además complicado de verbalizar.

El fenómeno ha recibido multitud de nombres además de implícito o accidental: aprendizaje incidental, serendípico, tácito, casual, periférico, colateral… Hay quien añade matices y quien usa las distintas nomenclaturas como sinónimos. A mí me gusta lo tremendo que suena “accidental”, por lo tanto, es el término que utilizo más.  También me encanta el concepto “aprendizaje invisible”, aunque lo entiendo como algo más amplio.

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En la otra cara de la moneda encontraríamos el aprendizaje intencionado, que es el que se da tras el proceso mediante el cual un individuo tiene como objetivo aprender algo y dirige sus esfuerzos a la consecución de dicha meta. Este conocimiento explícito es activo, estratégico, formal, sistematizado, exportable… lo contrario a lo comentado anteriormente.

PARADOJA DEL APRENDIZAJE ACCIDENTAL: SE APRENDE MÁS Y MEJOR

Como el aprendizaje intencional sigue una estrategia, está codificado y es más formal podríamos pensar que sus resultados sobre el aprendizaje incidental son mejores. Sin embargo, la práctica repetida e intencional de una actividad proporciona resultados mediocres si no ha sido convenientemente motivada y dirigida hacia la comprensión. Contrariamente, prácticas menos repetidas y además casuales, pero más motivadoras y comprensibles, ofrecen aprendizajes altamente significativos.

No es ningún secreto el escaso rendimiento que se obtiene de las exhaustivas explicaciones de las clases magistrales, actividad realizada con toda la intencionalidad pero que no siempre desemboca en aprendizaje. Sin embargo, no es nada extraño ver como se aprende eficazmente mediante las actividades espontáneas del juego.

Es común observar como el listado de vocabulario a aprender para el examen de inglés permanece en la memoria a corto plazo lo justo para a duras penas aprobar el examen, mientras que aquellas palabras que interiorizamos con las canciones de nuestros grupos favoritos o los diálogos de los personajes de nuestras series se alojan en nuestra memoria a largo plazo. Generalmente la actividad incidental ofrece mejores resultados.

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INCLUIR INTENCIONADAMENTE LO ACCIDENTAL

Vivimos en un contexto en el que NO se valoran los conocimientos de una persona si no están certificados por una institución académica oficial.

Afortunadamente, cada vez se habla más (aunque no lo suficiente) de la inclusión de la educación informal en la formal. Pero como apunta Marcia L. Conner, dentro del aprendizaje informal está el intencionado y el accidental. ¿Cómo incluir, a propósito, aquello que ocurre de manera casual?

Si partimos de la base de que la mayor parte de aprendizajes accidentales se dan en el contexto del aprendizaje informal, podemos deducir que haciendo el esfuerzo consciente de integrar lo informal en lo formal estaremos dando la oportunidad de manifestarse a todos esos conocimientos accidentales susceptibles de general verdaderos aprendizajes significativos.

Creo que es necesario cambiar este contexto en el que estamos, diversificar la manera en que se adquiere el conocimiento en nuestra sociedad. Es un buen momento para poner nuestras miras en la educación informal y aceptar y valorar el aprendizaje accidental que de ella se obtiene.

18 jun

Deberes de verano, ¿Sí o no?

Llega el verano y los deberes vuelven a estar en el pensamiento de padres e hijos. Rescatamos esta reflexión, de hace ya algún tiempo pero totalmente en vigor. Negamos la mayor.

 

Publicado en http://educarconsentido.com en junio de 2013. Nacho Calderón Castro.

Llega el verano y pronto tendremos que ir a recoger las notas de nuestros hijos y con ellas a menudo nos llega una lista de “recomendaciones”  para el verano. Si el niño ha suspendido,  las recomendaciones se convierten más bien en “requisitos”, si ha aprobado nos quedamos con el  “un poquito de trabajo no le vendrá mal”.

Y nosotros nos planteamos ¿deberes en verano?. Los argumentos a favor son claros: las vacaciones son muy largas y el niño pierde hábitos y aveces hasta conocimientos. Algunos profesores dicen que, incluso los buenos estudiantes, parece que han “reseteado” su cerebro al comienzo de curso. Por ello, “no es bueno desconectar completamente”. Pero incluso aquellos que están a favor de los deberes veraniegos insisten en que NO debe ser igual que el curso, no se debe cubrir nuevo material, sino repasar, un poquito de matemáticas – algunas cuentas – y, por supuesto leer todos los días un poquito.

Como es habitual en mí, voy a comenzar negando la mayor: el verano es para desconectar. Del todo. Al 100%. Lo necesitamos los adultos y lo necesitan los niños.

Si no están de acuerdo, entonces asegúrese de que este verano se lleva de vacaciones algo para “no desconectar”. Si es usted profesor, corrija todos los días algunos exámenes. Quince o veinte solo, pero todos los días. Media horita diaria corrigiendo exámenes. Así cuando llegue a septiembre, no habrá perdido el hábito.

Si es usted abogado, prepárese un pleito por semana, cada día un poquito solo, pero un caso a la semana.

¡Vamos hombre! ¡A mi no me van a pillar haciendo informes!. En verano hago todo lo posible por perder el hábito de trabajo.

Y no me vengan con que esta es la “nueva pedagogía, que pretende que los niños aprendan sin esfuerzo”. De eso nada. Lo que ocurre es que después de más de 40 años viendo cada verano a los harrijasoketas (levantadores de piedras) en algunas de las fiestas del Valle del Baztán (Reino de Navarra), sigo sin comprender los esfuerzos inútiles.

Cualquiera que me conozca sabe que si hay algo que no temo ni rechazo es el esfuerzo, pero tonterías las justas. Si quieren justificarme los deberes en verano – si quieren demostrar que es un esfuerzo que merece la pena – debería haber un/os estudio/s que demostrara/n dos cosas:

a) A medio plazo: que los alumnos que realizan deberes en verano logran mejores calificaciones AL FINAL del siguiente curso. Es decir, si nos referimos a este verano, los alumnos que hagan deberes este verano deberían tener mejores notas en junio de 2014, frente a aquellos que no hagan deberes este verano.

b) A largo plazo: que los alumnos que realizan deberes de manera sistemática a lo largo de los veranos logran mejores notas AL FINAL de su escolarización.

Fijarse en los resultados inmediatos de una técnica –  (cómo llegan los alumnos en septiembre al colegio) – es una visión absurda en la enseñanza. Un gran error en la enseñanza es tomar medidas que sólo tienen efecto a corto plazo (exámenes) y que carecen de eficacia a medio plazo. Así que: ¿esfuerzos? Todos los que sean necesarios, pero que tengan un resultado palpable, estable y, al menos, a medio plazo (al menos un año).

Por otro lado. Después de más de 20 años de profesional, una vez, sólo una vez, he visto que una profesora revisó, corrigió y devolvió los deberes al alumno. Sólo una vez. El resto de las ocasiones el niño entrega los deberes (a menudo no sabe a quién debe hacerlo, si a su profesor del curso anterior o al nuevo), y si los he visto no me acuerdo. Eso genera una sensación de frustración  más que justificada en el alumno. (Sí, ya lo sé, los ha hecho por su bien, no para que premien – igualito que los adultos, que entregamos la declaración de la renta por nuestro bien y el de todos nuestros compañeros, no para evitar una multa).

El verano es para desconectar del colegio. Deben aprovechar a leer mucho. “¡Ah!” – dicen algunos “pero es que eso es lo que le han mandado en el colegio!”.

Ustedes sigan ligando lectura con colegio y van a ver el fracaso en el desarrollo del gusto por la lectura. En el colegio se aprende a leer, pero leer no es una asignatura NI debe estar ligado a los deberes. Leer es uno de los mayores placeres de la vida y para algunos llega a ser una necesidad.

Si insistimos a los niños que deben leer por que se lo han mandado en el colegio, los niños van a evitar hacerlo. Porqué no contarles (y que nos vean) que nos hemos reído  muchísimo con la historia de “el vicario que hablaba al revés” (Roald Dahl), o con cualquiera de los cientos de libros apasionantes que hay.

Ya que les gustan tanto los documentales de animales o de “cómo se hizo” porqué no comprarles libros sobre eso mismo.

Leer, leer, leer. Y mucha bicicleta. Y mucha piscina. Y mucha playa. Y mucha montaña. Y mucho paseo. Y mucho monopoli, parchís, cluedo, y los juegos que ustedes quieran. Pero mucho. Y mucho tenis, paddel, fútbol, baloncesto y cualquier deporte. Nada de eso son deberes. Leer tampoco. Leer es un placer y para algunos una necesidad. Nada que ver con el colegio.

Y algo más, de lo que rara vez se habla. El verano es un magnífico momento para fomentar la escritura. Sí, sí, la escritura. Somos miles las personas a las que nos gusta escribir y normalmente la afición empieza de pequeñitos, con ocho años o incluso menos. Todo lo que necesitamos los “escritores” – permítanme incluirme donde no me corresponde – es, como en el resto de las artes, un público a quién dirigirnos.

Hoy en día es facilísimo tener público. Haga un blog para su hijo. Que escriba lo que quiera y que lo puedan leer sus amigos, los abuelos, los padrinos, los primos. Y que le hagan comentarios. No se trata de que llegue a redactar como Arturo Pérez Reverte o como Francisco Ayala. Se trata de que se divierta haciendo algo que no tiene NADA que ver con el colegio. Para muchos escribir es un gran placer. En mi caso se acerca mucho a una necesidad.

¿De verdad quieren que sus hijos lleguen a septiembre con el cerebro bien “fresco”, que no que esté “reseteado”?. ¿De verdad lo quieren?. ¿De verdad, de verdad?. Este verano quítenle dos cosas: los deberes y las pantallas (televisión, i-pad o similar, x-box, etc).

Son solo dos meses. Hagan el experimento. Quítenle la televisión ¡DE UNA SANTA VEZ!. Sólo en verano. Verán como florecen sus hijos.

(Y ya puestos, cuando estén de vacaciones, a papá y a mamá también les va a venir muy bien dejarse el i-pad, o  cualquier otro de esos aparatitos que les mantiene conectados con el mundo exterior y les dificulta atender a su mundo interior.). Desconecten.

13 abr

Lo que los deberes han conseguido

Estamos totalmente de acuerdo con el planteamiento del artículo. Quizá lo más importante... el "miedo" u "odio" que generan los deberes ante el aprendizaje, un proceso natural, asombroso y divertido que todos los niños llevan "de serie" y terminan aborreciendo por dedicar demasiado tiempo a tareas a las que no le ven sentido y les roban su ocio y su infancia.
Publicado en todoeldiaconectados.com. Por Eva Bailén

Siento no haber escrito nada en mucho tiempo, la batalla que he emprendido por poner un poco de sentido común en el tema de los deberes escolares me ha mantenido muy ocupada. Seguro que muchos ya sabéis que he abierto una petición en change.org para que se modere la carga de deberes de los niños españoles.

Cuando redacté la petición y la subí a la plataforma no tenía ni idea de la repercusión que iba a tener. Ni de la cantidad de gente que iba a conocer. Es muy gratificante leer los comentarios de la gente que apoya mi petición, y mucho más encontrar a profesores comprometidos, preocupados y lo suficientemente valientes como para hacer declaraciones tan claras como la que os voy a presentar a continuación.

Alfonso González Balanza es el autor del artículo que veréis más abajo. Es profesor de Biología y Geología en Secundaria, estudia Humanidades en la UNIR, y sobre todo es padre, como yo, de tres niños.  Alfonso decidió imprimir su artículo y pegarlo en el tablón de anuncios del centro donde trabaja, y donde asisten a clase sus hijos. Creo que ha sido muy valiente y se merece que se reconozca su valor, además de que le agradezcamos lo que ha hecho. Es un granito de arena más en esta lucha por la felicidad de los niños, por su tiempo y por su derecho al juego libre. Os dejo ya con su artículo:

Yo confieso

La inmensa mayoría de los maestros (mis compañeros de profesión) considera que los deberes son absolutamente necesarios. Muchos estarían dispuestos a discutir sobre la cantidad adecuada, pero que hay que mandar deberes no se lo cuestionan; es algo tan evidente como que  en invierno hace frío y que en verano hace calor. Digamos que es el orden natural de las cosas. Los maestros deben mandar deberes y los niños deben hacen deberes por la misma razón que la Tierra da vueltas alrededor del Sol y las plantas florecen en primavera: porque así ha sido siempre y porque así debe ser. La maldición bíblica “ganarás el pan con el sudor de tu frente” está tan arraigada en nuestra cultura que la hacemos extensible a los niños. La vida es dura; en este valle de lágrimas no estamos para disfrutar, sino para sufrir.

A casi cualquier maestro que le preguntes por la conveniencia de mandar deberes a los niños te contestará, igual que se recita un mantra, que los deberes cumplen tres funciones: refuerzan lo aprendido, enseñan responsabilidad y crean un hábito de trabajo. Y de ahí no los vas a sacar. Eso es lo que hicieron con ellos sus maestros, eso es lo que les han enseñado en la escuela de magisterio y eso es lo que harán hasta que se jubilen. No importa que nuestro país, año tras año, esté a la cola de los países avanzados, en cuanto al rendimiento escolar se refiere, a pesar de que nuestros alumnos sean los que más días de clase tiene al año y más horas dedican a los deberes en casa. Da igual que todos los estudios internacionales demuestren que los países en los que menos deberes se mandan (o en los que directamente están prohibidos por ley) sean los que mejores resultados obtienen; da igual que todas las investigaciones serias hayan demostrado que los deberes no sólo no sirven para nada, sino que pueden ser perjudiciales. Para muchos de mis compañeros de profesión tales estudios son una patraña de pedagogos progres que no quieren que a los niños se les transmita  la cultura del esfuerzo.

Frente a esos argumentos repetidos por tantos profesores, mi experiencia me dice que los deberes son inútiles, antipedagógicos, profundamente injustos y, lo que es peor, impiden a los niños realizar otras actividades mucho más importantes. Pero en primer lugar voy a explicar por qué, a mi juicio, tales argumentos son una falacia y un sofisma.

¿Hábito de trabajo? Si dedicar 9 meses al año, 5 días a la semana y 5 horas diarias a la realización de tareas escolares, para un niño de entre 6 y 11 años, no es suficiente para lograr un hábito de trabajo, que alguien me explique qué se necesita para lograr ese hábito. Niños en edad de correr y jugar, están sentados en una silla de madera 5 horas diarias realizando tareas aburridas y repetitivas, mientras exigimos que estén en silencio y concentrados. Cuando los profesores asistimos durante nuestra jornada laboral a una charla de más de una hora, nos retorcemos en nuestros asientos y miramos el reloj con desesperación, a pesar de que somos adultos y se nos supone una mayor capacidad de autocontrol y sacrificio, ¡por no mencionar que nos pagan por ello! Mi hija de 8 años, por ejemplo, dedica al trabajo muchas más horas que yo y que absolutamente todos los profesores que conozco (y conozco muchos).

¿Responsabilidad? Existen muchas formas de enseñar responsabilidad, y no sólo la de cumplir con la obligación de hacer deberes; sin olvidar que no podemos exigir responsabilidad a quien por su edad no es responsable de su tiempo ni de sus circunstancias. La responsabilidad se adquiere progresivamente, y me parece normal empezar a exigirla en la ESO, pero no en Primaria: el tiempo del que disponen los niños por la tarde o los fines de semana no depende de ellos, sino de sus padres.

¿Refuerzan lo aprendido? Un niño de 11 años sólo necesita saber sumar, restar, multiplicar, dividir, escribir (correctamente) y leer (con fluidez), para afrontar con éxito la Secundaria. ¿Eso no se puede aprender en 6 años de trabajo diario en clase? Los niños no refuerzan lo aprendido en clase por la tarde: lo aborrecen. Hasta que no tuve hijos, y estos empezaron a estudiar en Primaria, no me di cuenta de la suerte que tuve de ir a un colegio en el que no se mandaban deberes hasta la 2ª etapa de E.G.B. (de 6º en adelante) y, la verdad, no me ha ido nada mal en mis estudios posteriores.

Y ahora voy a explicar por qué sostengo que son injustos e inútiles: para empezar, los deberes que se mandan son los mismos para todos los niños, independientemente de su capacidad y circunstancias personales. Esto es, por definición, absurdo e injusto: si mi hija, que está en 1º de ESO, no hubiera tenido unos padres profesores (y por lo tanto con estudios y MUCHO tiempo para dedicarle) no habría obtenido los resultados tan buenos que obtuvo en Primaria. Pero a pesar de toda la ayuda que le hemos dado, mi hija ha dedicado cientos de horas a realizar tareas escolares absurdas y repetitivas. Porque la mayoría de las actividades incluidas en los libros de texto se basan en la repetición, en el aprendizaje memorístico al pie de la letra, en copiar mecánicamente y en seguir unas pautas de realización muy concretas, que no dejan margen ninguno a la creatividad, y que logran destruir la curiosidad de los niños. Además, las tareas que mandamos, en muchos casos, no siguen criterio pedagógico alguno: he podido comprobar cómo el número de ejercicios o de trabajos que tenía que hacer mi hija en una asignatura, aun teniendo al mismo profesor, variaba enormemente de un año para otro por el mero hecho de que, al cambiar de editorial, el nuevo libro tenía muchos más o muchos menos ejercicios que el del año anterior. Es decir, que los profesores mandamos todos los ejercicios que vienen en el libro, sin plantearnos cuántos o cuáles son los necesarios: si son diez, diez, y si son veinte, veinte (y, por supuesto, HAY que hacer todos los ejercicios y dar todos los temas del libro). Y este no es un problema del colegio de mis hijos (de cuyos profesores, excelentes profesionales, no tengo, por otra parte, ninguna otra queja), sino que es un problema generalizado de nuestra profesión.

Pues bien, yo confieso que he hecho docenas de ejercicios de Matemáticas a mi hija (si, por ejemplo, le mandaban cinco divisiones, ella hacía una y yo cuatro) le he dictado montones de ejercicios de “Cono”, le he traducido incontables páginas escritas en Inglés, le he ayudado con decenas de ejercicios de Lengua y le he hecho muchos trabajos de diferentes asignaturas (mi mujer, además, le ha ayudado a terminar incontables láminas de dibujo y trabajos manuales). ¡Y no me arrepiento! Lo he hecho para que mi hija tuviera una infancia feliz y durmiera todos los días 10 horas. Gracias a eso, mi hija es una niña sana, además de una gran deportista, le encanta leer y escribir por puro placer, juega  al ajedrez, toca la guitarra y es una niña abierta y sociable que ha jugado cientos de horas en la calle. Y si ahora que está en la ESO puedo asegurar que no le ayudo nada en absoluto y sigue sacando muy buenas notas, ¿eran necesarios todos esos deberes que le mandaron y no hizo? ¿Qué pasa con todos los niños cuyos padres trabajan mañana y tarde y, además, no tiene estudios para poder ayudar a sus hijos? Pues simplemente que este sistema educativo injusto, que coarta la libertad y la creatividad de los niños, los margina irremediablemente y los señala como niños irresponsables y fracasados, a la vez que los hunde con negativos, ceros y castigos, y les mina la autoestima, haciéndoles creer que no sirven para estudiar. Si las circunstancias familiares de cada niño son distintas, todo lo que se mande para casa es, por definición, injusto, y condena al fracaso a miles de niños cuyos padres no tienen tiempo, ni capacidad, para ayudar a sus hijos con los deberes escolares.

Pero además, los deberes son antipedagógicos porque hacen que los niños odien estudiar y aprender. A la mayoría de los niños les encanta ir al colegio, pero no soportan hacer deberes; para los niños estudiar y aprender es un castigo (mis hijos no pueden entender que yo siga estudiando por placer). Eso es lo que hemos conseguido mandando deberes hasta lograr el hastío de los niños.

Y lo peor de todo: los deberes ocupan tanto tiempo que los niños no pueden realizar otras actividades mucho más importantes para su desarrollo físico y psíquico; los profesores hemos logrado que los niños lleven una vida igual de sedentaria que los adultos, con el consiguiente problema, convertido ya en epidemia, de obesidad infantil generalizada.

Y es que los maestros no mandamos una actividad en concreto, un día en concreto, tras una meditada reflexión, por considerarla necesaria para conseguir un determinado objetivo que es imposible lograr con el trabajo de clase, tras plantearnos los pros y los contras y pensar de qué modo podemos lograr que nuestros alumnos se motiven con dicha actividad (en vez de considerarla un castigo), sino que lo hacemos de manera automática; porque sí, porque es lo que se supone que hacen los maestros.

Yo propongo que, siguiendo la lógica de mis compañeros maestros, los equipos directivos de los centros nos manden trabajo durante las vacaciones, para que no perdamos el hábito de trabajo adquirido durante el curso. Y que cuando asistamos a un curso de formación, nos manden deberes para el día siguiente con el fin de afianzar los contenidos del curso.

Muchos compañeros me comentan que son los padres los que exigen que se manden deberes a los niños. ¡Pues claro! Para muchos padres los deberes son la forma de que sus hijos estén ocupados y no les molesten pidiéndoles ir a la plaza a jugar. Muchos padres querrían que los niños estuvieran en el colegio hasta las 8 de la tarde, y, por supuesto que hubiera clase los sábados y que los niños siguieran yendo en julio al colegio. ¿Por qué no les hacemos caso en eso también?

¿Y qué deberían hacer, a mi juicio, los niños después de la jornada escolar? Pues según todos los estudios científicos y pedagógicos, está absolutamente demostrado que los mayores beneficios para el desarrollo neurológico y cognitivo de los niños se obtienen con las siguientes actividades: Deporte, Arte (Música, Dibujo…), Juego (imprescindible para la socialización de los niños y para desarrollar la creatividad), Idiomas y Lectura. El arte, la filosofía, la ciencia, la literatura, la música y todas las actividades más elevadas realizadas por el ser humano, son consecuencia directa del mayor logro conseguido por la humanidad: el tiempo de ocio.

Por lo tanto, los niños deberían pasar más tiempo con sus familias, jugar con otros niños (a ser posible en la calle) y practicar deporte, todos los días; aprender a tocar un instrumento musical, practicar una lengua extranjera y jugar al ajedrez, varios días a la semana. Y, sobre todo: leer, leer, leer, leer, leer… Sólo se debería mandar de deberes, en Primaria, leer todos los días el libro que ellos elijan. Y al día siguiente, en el colegio, hacer una redacción contando lo que han leído. Nada más; el resto de actividades se deberían hacer todas en clase. Si intentamos reducir el número de deberes no cambiaremos nada: todos los maestros están convencidos de que ellos mandan muy pocos deberes; sólo eliminándolos por completo lograremos acabar con esta sin razón.

Alfonso González

Lo que los deberes han conseguido ha sido unir a miles de personas en un fin común, despertar el interés de los medios de comunicación, hacer que padres como Alfonso confiesen, que profesores como Alfonso digan claramente lo inútiles que son los deberes y que se reflexione sobre el estilo de vida que el sistema educativo impone a niños y a familias enteras.

Por favor FIRMA si no lo has hecho ya. Pincha aquí por el cambio que necesitamos.

Gracias por compartir y difundir este artículo.

Foto que ilustra este artículo del usuario Bart, bajo licencia Creative Commons, en Flickr.
05 mar

¿Cómo despertar la curiosidad en los niños?

Si queremos motivar y despertar la atención de nuestros hijos, alumnos, es importante que sepamos qué mecanismos utiliza su mente para procesar la información... hasta aprenderla. No memorizamos todo lo que nos llega, no aprendemos todo lo que nos explican, para eso ¡tiene que tocar nuestra emoción! ¡Hay que despertar la atención desde dentro!
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¿Falta de atención o falta de interés? ¿Cómo despertar la curiosidad en los niños?

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Es habitual escuchar a los padres aconsejar a sus hijos, en la puerta de la escuela antes de ingresar, “Presta atención, hazle caso a la maestra”, “Por favor concéntrate”, deseando que está vez el niño le haga caso y no genere problemas.
También se escucha a los maestros y profesores en las aulas, exigir: “¡Presten atención!”, “¡Por favor, silencio y escuchen!”, “¡¡Sentados!!”, o pedidos similares.

La atención no se pide, el silencio no se exige, la concentración no se fuerza. Son estados anímicos que se generan, se ganan, se conquistan. Si un niño tiene curiosidad, si le gusta lo que mira y le llama “la atención”, lo querrá aprender, y naturalmente, va a disponerse a escuchar en silencio, con atención y concentración.

La atención es un resultado de un proceso, de un clima del espacio en donde están niño, educador y lo que se quiere enseñar.

Por supuesto que un maestro puede pedir y exigir respeto; también es correcto que un padre le recuerde al niño que debe ser considerado, hacer caso, prestar atención. Pero, si esto se reclama verbalmente desde afuera, el niño solo lo percibirá como un deber impuesto.
Si no hay una motivación, algo que lo toque anímicamente, no surgirá el compromiso desde adentro; a lo sumo, el niño se mostrará obediente y en aparente atención, para no recibir un castigo posterior.

¿Cómo despertar la curiosidad?

La neuroeducación es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro, y aporta conocimientos para ayudar, a niños y sus educadores, en su proceso de aprendizaje y enseñanza.

La neuroeducación ha demostrado que desde la anatomía y funcionalidad del cerebro, la emoción y la razón están ligadas. Es decir, que no se puede aprender algo, si no se siente nada por ello. A lo sumo, algo puede ser memorizado abstractamente, pero si esto no tocó emocionalmente nada dentro del alumno, lo olvidará en el tiempo.

Dicho desde un lugar científico, toda información sensorial, aquello que entra por el oído, vista, olfato, tacto, gusto, antes de ser procesada por la corteza cerebral (áreas del cerebro destinadas a los procesos mentales y cognitivos), pasa por el sistema límbico o cerebro emocional, en donde adquiere un sentido emocional: un gusto, placer, una relación con algo propio, simpatía.
Una vez que el cerebro límbico aceptó gustoso el ingreso de la información, permitirá su paso a la corteza cerebral, la cual admite el aprendizaje desde la razón.

En otras palabras, la información llega desde afuera, golpea las puertas de las emociones. Si estas se despiertan, el niño se entusiasma, siente alegría, placer por lo que escucha, ve, toca.
Si el niño se entusiasma, se interesa. Si el niño se interesa, está listo para aprender, memorizar, fijar ideas y conceptos de forma natural y no forzada.

Seguramente ustedes recordarán, en su infancia, aquel profesor o pedagogo que los llevó a dar un paseo y les enseñó sobre el ecosistema; o cuando hicieron un experimento y se sintieron tan entusiasmados que nunca olvidaron su resultado. Seguramente también recuerdan aquel maestro apasionado, que los hacía reír, los hacía sentir, y sus clases eran maravillosas, y maravillosas eras las notas de las evaluaciones, ¡y no les costaba estudiar y aprender!

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Ese maestro les hizo sentir y amar lo que les quería enseñar.

Lo que enciende el aprendizaje es la emoción, que despierta curiosidad y, luego, la atención. Insisto, la atención no se puede producir simplemente demandándola, exigiéndola; menos aún, la curiosidad. Hay que despertarlas desde dentro del que aprende.

La neurociencia demuestra que es más sencillo y fácil aprender, prestar atención, despertar la curiosidad, si aquello que me quieren enseñar, me toca por adentro, me hace sentir, me despierta amor.
Cuando el amor se hace presente, los ojos de los niños brillan repletos de curiosidad y alegría, y eso es el combustible que los impulsa a aprender.

Por supuesto, sepan que puede haber otros factores afectando el cerebro del niño, e imposibilitando un proceso de aprendizaje saludable. Las horas de sueño y descanso, mala alimentación, excesivas horas frente a una pantalla, vivencias estresantes en la familia, son algunas de ellas.
Un buen docente, un docente capacitado, emocionalmente comprometido con lo que hace, con vocación y dedicación, puede estar dando todo, pero se empieza en la casa. Si el niño no descansa bien, las horas que necesita, no come saludablemente, pasa sus horas libres delante de la pantalla, o sufre situaciones de estrés en su hogar, no estará disponible para aprender, para razonar, para prestar atención.

Entre padres, maestros y terapeutas compartimos un compromiso. Si entre todos somos conscientes y amamos lo que damos, el niño naturalmente crecerá, y aprenderá.

Por último, recordemos que no sólo somos seres emocionales y racionales. Esto, está recubierto y permeado por un Espíritu. Somos seres espirituales, emocionales y racionales, en un cuerpo físico. Estos cuatro pilares nos conforman, nos abarcan, y necesitan de buenas experiencias para evolucionar desde el amor y la alegría.

Fuente: Caminos al SER

18 ene

Lo dijimos en Facebook (Enero 2015 – 1)

19. enero
¡Este es el momento, estamos a tiempo! Ana y yo continuamos impartiendo nuestro CURSO DE MOTIVACIÓN Y TÉCNICAS DE ESTUDIO para alumnos de Primaria y Secundaria.
¿Vamos a tu cole?
16. enero
El aprendizaje es divertido, o al menos debería serlo. Los niños tienen curiosidad, les apasiona investigar, descubrir, imitar y “demostrar” lo que ya saben hacer.

Volvamos a lo importante: ¡¡Hagamos que aprender sea divertido!!

16. enero
¡Sí, nos apasiona nuestro trabajo! Y además… ¡es viernes!
Foto: ¡Sí, nos apasiona nuestro trabajo! Y además... ¡es viernes!
15. enero
Compartimos este curso online, para febrero.
Nos ha parecido interesante el planteamiento e igual alguno de vosotros estáis en ése momento… taaan “divertido” de las rabietas 

babytribu.com
13. enero
Entre todas las propuestas que se están planteando los políticos para luchar contra el terrorismo… ¿no podría alguna contemplar acciones educativas?
Foto: Entre todas las propuestas que se están planteando los políticos para luchar contra el terrorismo... ¿no podría alguna contemplar acciones educativas?
13. enero
Comenzamos, otro año más, con el proyecto Estuche de Colores. Conciliación laboral y refuerzo educativo.

¡¡Seguimos caminando, seguimos aprendiendo!!
Agradecemos la confianza de Mari Carmen Morales y su equipo en el Ayuntamiento de Beniel.

12. enero
Brujería para empezar la semana. APRENDER CON EMOCIÓN… es mejor!!

“Por suerte, muchos docentes compensan esta carencia en el aula, demostrando lo que ya sabía el brujo del cuento: que la inteligencia emocional es tan importante (o más) que las matemáticas o la lengua”.

Foto: Brujería para empezar la semana. APRENDER CON EMOCIÓN... es mejor!!

"Por suerte, muchos docentes compensan esta carencia en el aula, demostrando lo que ya sabía el brujo del cuento: que la inteligencia emocional es tan importante (o más) que las matemáticas o la lengua".
10. enero
Nos ha encantado esta anécdota!
En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta: “¿Cuántos riñones tenemos?” “¡Cuatro!”, responde el alumno. “¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. “Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”, le ordena el profesor a su auxiliar. “¡Y para mí un cafecito!”, replicó el alumno al auxiliar del maestro. El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era, por cierto, el humorista Aparicio Torelly Aporelly (1895-1971), más conocido como el “Barón de Itararé”. Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro: “Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’. ‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. ‘Tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”. La vida exige mucha más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o ‘creer’ que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás.
Foto: En la facultad de Medicina, el profesor se dirige a un alumno y le pregunta: “¿Cuántos riñones tenemos?” “¡Cuatro!”, responde el alumno. “¿Cuatro?”, replica el profesor, arrogante, de esos que sienten placer en pisotear los errores de los alumnos. “Traiga un fardo de pasto, pues tenemos un asno en la sala”, le ordena el profesor a su auxiliar. “¡Y para mí un cafecito!”, replicó el alumno al auxiliar del maestro. El profesor se enojó y expulsó al alumno de la sala. El alumno era, por cierto, el humorista Aparicio Torelly Aporelly (1895-1971), más conocido como el “Barón de Itararé”. Al salir de la sala, todavía el alumno tuvo la audacia de corregir al furioso maestro: “Usted me preguntó cuántos riñones ‘tenemos’. ‘Tenemos’ cuatro: dos míos y dos suyos. ‘Tenemos’ es una expresión usada para el plural. Que tenga un buen provecho y disfrute del pasto”. La vida exige mucha más comprensión que conocimiento. A veces, las personas, por tener un poco más de conocimiento o ‘creer’ que lo tienen, se sienten con derecho de subestimar a los demás.
9. enero
Interesante reflexión, como educadores y desde la escuela.
¿Somos suficientemente valientes cuando dejamos que el mobbing, el racismo, el acoso sexual entre en nuestras aulas? ¿Hablamos lo suficiente sobre las cosas más simples e importantes?

http://aulascreativas.net/aulas/aula-abierta/je-suis-charlie

“La educación es la vacuna contra la violencia”. Edward James Olmos
Foto: "La educación es la vacuna contra la violencia". Edward James Olmos
7. enero
Incoherencias educativas (V)
Foto: Incoherencias educativas (V)
4. enero
Las limitaciones del todo…
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