02 may

Acompañarles en su aprendizaje.

Acompañar a nuestros hijos en su aprendizaje. Ése es el deseo de muchos padres. Lo difícil es encontrar la manera de hacerlo de manera saludable, sin desestructurar la dinámica familiar y potenciando su progresiva autonomía.

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Escribo este artículo para reflexionar sobre unas pautas básicas que nos pueden ayudar a conseguirlo:

  1. Favorecer la concentración. Nuestro hijo necesita adquirir poco a poco hábitos, poner en marcha herramientas internas para centrar su atención en lo que hace. Esto sólo se consigue mediante la práctica.

Tengamos en cuenta que se podrá concentrar mejor en un lugar con pocas distracciones y ruidos, preferiblemente que sea “su espacio” y debe aprender a hacerlo sólo, sin depender de que alguien se siente a su lado para hacer las tareas. Podemos ayudarle a ser consciente de cuándo se concentra mejor, en qué circunstancias, qué consigue cuando lo hace, cómo se siente entonces… Lo ideal es que él se conozca y se pueda autorregular poco a poco.

  1. Fomentar la responsabilidad. ¿Y si en lugar de ser la “agenda” de nuestro hijo, estudiarnos los exámenes con él o preparar todos los días su mochila le vamos enseñando a asumir que ésa es responsabilidad suya? ¿Qué pasaría si un día se le olvida apuntar en la agenda o no se lleva el bocadillo a clase? Pues aprenderá que sus actos tienen consecuencias y que si no mete el bocadillo en la cartera no tendrá bocadillo en el recreo.

Cuando somos reponsables de las tareas y procesos que iniciamos, cuando los vivimos como propios, nuestra implicación es mayor. Es necesario que entienda que es su camino, nosotros estaremos cerca, pero es él quien lo ha de andar, quien lo ha de disfrutar, quien recogerá las consecuencias positivas o negativas de sus actos.

  1. Despertar la pasión por aprender. La motivación es algo interno pero sin duda influye el ambiente y la compañía. Mostrar interés por lo que aprende nuestro hijo, preguntarle por lo que hace (no tanto por las notas que saca), con quien se relaciona, qué es lo que más le ha gustado del día, los obstáculos que ha superado, cómo se siente al hacer unas y otras cosas… pocas cosas motivan más en la niñez que el interés y el apoyo de los padres.
  1. Sacar el aprendizaje del aula. Incentivar los experimentos, utilizar el error como herramienta de aprendizaje no de castigo, poner a su alcance herramientas que promuevan su curiosidad (libros, juegos, acertijos, museos, espectáculos, materiales distintos…), analizar los problemas de su día a día y buscar diversas soluciones (que las busque él, no dárselas hechas), dejarle tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas, responsabilizarse de tareas en casa, acercarle a los sentimientos de otros y ayudarle a expresar los suyos… Todos estos aprendizajes serán fundamentales para su vida y también para sus estudios. No todo lo que se aprende lleva detrás un boletín de notas.

Seguramente los aprendizajes más importantes de su vida sobrepasen el aula, intentemos que lo sepa y lo note a través de nuestras acciones y palabras.

Ana Ayala. Pedagoga en Cadakual Iniciativa Social S.Coop.

Publicado en Agenda Menuda en enero de 2016.
16 mar

Neuroeducación: Estimular el aprendizaje.

La neuroeducación nace de la unión de la neurociencia, la psicología y la educación; es el nexo de unión de todos ellos y consiste en aprovechar los conocimientos sobre el funcionamiento cerebral para enseñar y aprender mejor.

Mucho se está hablando últimamente sobre esta disciplina poniendo sobre el tablero educativo elementos que aunque antes estaban, sin duda no con tanta fuerza ni tanto “respaldo científico” como ahora: Estimular el aprendizaje, descubrir la pasión y el talento del alumno, asociar el error con el proceso necesario para el logro y por lo tanto con algo positivo (también nos enseña).

El aprendizaje debería ser divertido y natural, debería ser experiencia y debería ser un proceso permanente, que no acabase nunca, una herramienta que nos ayudase a enfrentarnos cada día a la incertidumbre. Los niños pequeños aprenden con alegría, con sorpresa, con ensayo y error, con retos a su medida pero sobre todo movidos por su curiosidad. Cuando el aprendizaje es positivo y agradable… ¡queremos más! ¿Qué hace que niños desde 2º y 3º de primaria quieran menos en lugar de más? ¿En dónde estamos fallando?

El siguiente vídeo muestra en 4 minutos mensajes importantes que podríamos ir aplicando en el mundo educativo: estimular el talento.

31 ene

Cómo ayudar a los niños en su aprendizaje.

Hoy nos estrenamos en el Blog de Agenda Menuda con un artículo sobre aprendizaje. No podía ser de otra manera, nuestra pasión y dedicación desde hace ya años.

Un artículo que pretende ser una reflexión para todos esos padres que quieren ayudar a sus hijos con sus deberes, porque no es fácil. 4 pautas que van más allá de los deberes porque su aprendizaje… también va mucho más allá.

Esperamos que os guste.

 

Cómo ayudar a los niños en su aprendizaje

 

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13 jul

El valor del aburrimiento en el juego infantil

Reflexión más que interesante, más para esta etapa de verano. Cambiar la perspectiva, darle un valor positivo y favorecer el autoconocimiento y la gestión de emociones. Todo un reto, para pequeños y mayores.

Publicado en www.rejuega.com – 9 julio 2015

el aburrimiento en los ninosUna reflexión sobre el aburrimiento en la infancia y su importancia en el juego infantil para el crecimiento y desarrollo de los niños. Una opción de ver el aburrimiento como un valor al alza.

Después de una época donde los niños han estado durante muchas horas con actividades dirigidas, propuestas seleccionadas, juegos acompañados, actividades extraescolares, horarios marcados, fines de semana planificados… llega un momento en el que aparece el tiempo libre y descubren que ese tiempo es suyo y deberían gestionarlo.

En muchos casos es como si de repente se asomaran a un abismo, donde no saben cómo seguir si no tienen a nadie que se lo diga, porque así llevan haciéndolo todo los días del año… Y comienzan a notar esa sensación llamada aburrimiento que quieren que le solucionemos o buscan solucionar de una forma poco productiva, molestando a su hermano pequeño que disfruta como una perdiz de su propio juego.

Desde hace unos año también vivimos esta sensación en casa y he de reconocer que al principio daba respuesta con ideas para que hicieran o hiciéramos, luego opté por no dar más ideas e incentivar en la generación propia de ideas sin mucho éxito, mientras yo me enfadaba conmigo misma porque no entendía cómo uno podía aburrirse con la cantidad de juguetes que tenían a su alrededor y de cosas que se podían hacer…. Hasta que entendí queel aburrimiento era lo mejor que les podía pasar a mis hijos si yo no ofrecía opciones de actividades y, mucho menos, daba permiso para el uso de tecnologías.

Era la mejor opción porque una vez pasada la cresta de la ola del “estoy aburrido”, “no sé qué hacer”…, llegaba la fase interna de: “he de buscar algo para hacer porque no me ofrecen alternativas”, y luego la etapa de silencio donde poco a poco comenzaba a deslumbrar la idea….. Entonces comprobé que el aburrimiento se convertía en la antesala de la imaginación pero de una imaginación auténtica extraída del interior y capaz de llevar al niño a un punto creativo tremendamente rico. 

el aburrimiento en los ninosViendo el panorama que nos rodea me doy cuenta que tenemos a los niños acostumbrados a estar rodeados de miles de cosas al día (sean actividades, tecnología o juguetes estructurados); quizás porque tenemos tanto miedo a que no aprovechen el tiempo aprendiendo, que creemos, con toda nuestra buena fe, que estimularlos las 24 horas del día es lo mejor.

Y quizás no nos hemos parado a pensar que si desde pequeños les dejamos tiempo para ellos: tiempo para jugar libremente y para que realicen la actividad que su interior les marca, ya sea un juego espontáneo, una lectura, un dibujo o lo que les apetezca; el niño aprende mucho más sobre esa experiencia y sobre sí mismo que con cualquier otra actividad dirigida. Y ojo, que las actividades dirigidas son muy enriquecedora pero con moderación y pasión controlada.

Por eso creo que deberíamos de replantearnos esto y comenzar a darles más tiempo libre para jugar y cuando aparezca el aburrimiento, que aparecerá, interpretarlo como un estado más del juego y del aprendizaje que el niño ha de aprender a detectar y gestionar. Y que si no intervenimos en la solución son ellos, poco a poco, los que encontrarán la salida.

Pero para ello hemos de reflexionar y modificar ciertas actitudes, y en este caso del que hablamos, hemos de cambiar nuestra visión negativa del aburrimiento para considerarlo un valor al alza, un valor muy importante que repercutirá en su juego, en la manera de jugar y experimentar, en su curiosidad y asombro, pero sobre todo en el propio auto-conocimiento del niño.

No veremos un cambio inmediato en ellos, pero si les favorecemos ambos tiempos: para jugar y para aburrirse, aprenderán a valorar que ese tiempo es realmente suyo y que con él pueden y son capaces de hacer lo que quieran. Aprenderán a detectar las etapas del juego con sus momentos álgidos y su decaída, y será en ese momento de disminución de atención o de necesidad interior cuando podrán encauzarlo hacia otro terreno, hacia otro tipo de juego que les llene más.

Será el momento en que el asomo del aburrimiento llamará a la imaginación para que le guíe…

Este proceso, por parte del niño, necesita de un aprendizaje de la gestión del aburrimiento.Y por parte del adulto, necesita del permiso paterno para aburrirse, de una mirada positiva, de abstenernos de dar opciones y aguantar dignamente la “bajada de la ola” de una manera tranquila. De esta forma nuestros hijos irán adquiriendo el hábito de buscar sus propias iniciativas, de solventar esa sensación de abismo y canalizar esa energía “desconocida” en un torrente de posibilidades para su juego y su aprendizaje.

Así que te invito a que investigues las fases del aburrimiento que te encuentras en casa, que hagas el ejercicio de mantenerte al margen y que observes el transcurso del tiempo restante. Estoy segura que desde el primer día te sorprenderás y valorarás aún más el “me aburro”, porque lo considerarás una oportunidad de descubrir en tus hijos sus propias posibilidades, sus gustos y posiblemente su pasión y su talento.

Y descubrir esto te dará a ti una información valiosísima para su acompañamiento y su desarrollo como persona. Así que, ¿Cómo ves tú el aburrimiento ahora?