27 sep

El debate debe volver a la educación

Nos ha gustado mucho esta reflexión sobre la educación hoy, sus lastres y sus posibilidades. Estamos ante una oportunidad política, social y educativa. Ojalá sepamos aprovecharla.
Publicado en ined21 el 20 de septiembre de 2015. Autora Carmen Guaita.

Cuenta Stefan Zweig que los compañeros de Vasco Núñez de Balboa, cuando llegaron por primera vez al océaEL-DEBATE-DEBE-VOLVER-A-LA-EDUCACIÓN-INED21no Pacífico, bebieron de sus aguas para probar si tenía sabor salado. He utilizado esta imagen en otras ocasiones pero la empleo de nuevo porque el panorama ante el que se encuentra la educación no puede pintarse con una metáfora más acertada. Y porque me emociona pensar en aquellos hombres en busca de las referencias de un nuevo mundo justo cuando mis nuevos alumnos acaban de entrar en clase.

Para definir la complejidad de la educación en España, basta decir que una ley estatal en desarrollo no se aplica en todos los territorios. La LOMCE no está bien hecha: NO ha establecido un consenso sobre la mejora del sistema educativo, NI ha satisfecho las demandas NI ha abordado las soluciones a los problemas. El curso ha comenzado con una sociedad dividida por la intervención política, con problemas para la movilidad del alumnado, con los centros desbordados ante la complejidad de las nuevas demandas y escépticos sobre su continuidad, y las familias sujetas a los vaivenes editoriales. La intervención curativa es urgente pero, de momento, vamos a comenzar un nuevo e interminable periodo electoral. Una vez más nos ahogarán las palabras; una vez más puede pasar de largo la hora de actuar.

Volverá a los titulares, seguramente, el debate sobre un pacto por la educación. Sin duda, los mayores retos en política educativa son el acuerdo general básico sobre los requisitos para la mejora de la educación y mantener la estabilidad cuando dicho acuerdo se alcance. Al menos, la generación que este curso inaugura su vida escolar podría decir que ha conocido una sola ley educativa: la buena. Los gestores deben convencerse de que no saldremos de la crisis sin incidir en la formación de la gente joven, y solamente puede tener éxito con acuerdos entre todos.

Por otro lado, nunca fue más cierto que ahora el aforismo de que educa la tribu entera. Tenemos que convencernos de que la educación implica a todos –familias, escuela, intelectuales, medios de comunicación– porque esta recesión no es lineal, sino que tiene forma de matrioskas.

¿Recuerdan a esas muñecas rusas? Nosotros nos parecemos hoy a ellas. Escondemos dentro de la crisis económica, la crisis política; dentro de esta, la social y, en el núcleo, una grave crisis moral.

Para remontar, estamos efectuando un viaje difícil, de sacrificio y esfuerzo, del que no saldremos exactamente iguales que entramos y que debemos llevar a cabo de dentro a afuera. No podremos atravesar el desierto para llegar de nuevo al aparente oasis del que partimos, con todos sus espejismos. Nuestro destino deberá ser una sociedad más madura y más justa. Donde fuimos atolondrados, nos tocará ser reflexivos; donde fuimos manirrotos, austeros; donde pasivos, participativos; donde individualistas, solidarios. Hace más de un lustro despertamos del sueño de que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, y la madrugada es dura pero puede ser liberadora. Para conseguirlo, debemos convertirnos en una sociedad educativa.

Entre los muchos espejismos del pasado se encuentra una actitud que ya es intolerable: la que ha confundido la política con la politización y, entre otros desmanes, ha contaminado a la educación con eslóganes de campaña y la ha arrojado al ring de la confrontación partidista. Es verdad que la educación tiene un componente político muy importante porque configura a la sociedad, pero la nuestra ya está configurada en sus líneas maestras: la Declaración de los Derechos Humanos, la Constitución… Vivimos en una democracia y la tarea es mejorarla. Lo que tenemos que decidir es si vamos o no a formar a la gente joven en las competencias que necesitan para ser ciudadanos de pleno derecho. Y después, establecer lo que tiene que hacer cada estamento para conseguirlo, en el ámbito del conocimiento, de la cultura, de la sociabilidad y de los valores.

Por eso hacen falta acuerdos.

Y es que las cosas han cambiado tanto que ya no se trata de decidir si la escuela va a resignarse ante la oscuridad del futuro o va a preparar a los alumnos para el futuro “tal como debería ser”, según la cosmovisión particular de cada opción política. A los autores de este tremendo presente, ¿quién nos autoriza a diseñar el futuro?

La tarea de la educación de hoy es armar a la gente joven con sentido crítico, valores empoderantes, conocimientos profundos sobre el presente y el pasado, y apertura mental para que ellos mismos, en medio de cambios vertiginosos, puedan diseñar el futuro que quieran.

Para que entren sin miedo pero con referencias en el océano y así se atrevan a probarlo, a descubrirlo, a darle nombre.

Por eso, a partir de ahora, los debates sobre educación deberán abordar estrictamente la educación. Y tener en cuenta al profesorado.

Es curioso que, en cualquier estudio, el trabajo de campo cobre un protagonismo fundamental, y que a partir de las experiencias obtenidas con él se alcancen conclusiones y se establezcan propuestas. Pues bien, los docentes son quienes realizan el trabajo de campo en educación, quienes saben si funcionan o no las disposiciones teóricas y las normativas.

Si yo afirmo ahora que no hay mayor experto en educación que un docente experto en su aula, ¿se tambalearía alguna institución? Pues bien, lo afirmo.

Los profesores saben de educación, es su vocación, su responsabilidad y su trabajo. A ella le dedican la vida entera, no solamente la cantidad establecida de horas laborables. En las reformas que se realicen a partir de ahora habrá que escucharles en primer lugar.

A ver si así somos capaces de devolver al primer plano de la actualidad los asuntos verdaderamente importantes: el abandono escolar, la autoridad y la convivencia, el desfase entre el esfuerzo del profesor y los resultados del alumno –que me parece el primer factor de desmotivación de ambos–, la sociedad de la comunicación y sus retos, para qué necesita la escuela medios y dinero, cómo debe configurarse la autonomía de un centro, qué enseñamos, cómo y por qué, la implicación de las familias, la formación de los futuros profesores… Abandonemos la discusión sobre el número de horas que se pueden impartir y establezcamos las que se deben, con la calidad de la atención a los alumnos como indicador.

Nos toca ser intolerantes a partir de ahora con la politización. Se acabaron las peleas inducidas entre pública y privada, obligatoria y superior, universitaria y profesional, padres y profesores. Ha llegado la hora de la colaboración. Los docentes no quieren ver a la educación convertida en pelota de ese partido de ping-pong autista que ha sido la política hasta hoy. No quieren que se la use como acaparadora de titulares en la campaña electoral para luego ignorarla a la hora de gobernar. No quieren ser trending topics ni vídeos de You Tube sino latidos del corazón de la sociedad a la que sirven. Y me parece que la propia sociedad comparte estos deseos.

Estamos a punto de ver por primera vez un océano desconocido e inmenso y lo que nos jugamos aparece ya en los titulares del telediario.

Es hora de que los debates sobre educación vuelvan a la educación.

11 feb

Los deberes no benefician a los niños.

Hay frases y reflexiones en este artículo que hacen que queramos compartirlo; no son razones nuevas pero, por suerte, van cogiendo fuerza en la sociedad. Los centros educativos, los maestros y los padres deberían unirse para demandar y sistema diferente porque "Estamos constantemente parcheando modelos que no funcionan, en vez de crear uno nuevo".

OLGA R. SANMARTINMadrid. 18/11/2014 

 

Richard Gerver: ‘Los deberes no benefician a los niños’

  • El experto educativo arremete contra los exámenes y las tareas escolares

  • ‘Hay que huir de los sistemas educativos que cambian cada cuatro años’

El experto educativo Richard Gerver, en Madrid.
Richard Gerver, en Madrid. CHEMA BARROSO
Richard Gerver (Londres, 1969) es de los pocos padres que no echan pestes de la PlayStation. Sus hijos utilizan los videojuegos y las redes sociales para estudiar y practicar idiomas y él les suele citar en sus conferencias para expresar cómo, en un mundo que cambia a gran velocidad, los jóvenes se están sirviendo de la tecnología para explorar nuevas formas de aprendizaje.

Este profesor, uno de los más influyentes a nivel mundial, defiende que “los alumnos aprenden mejor si se sienten implicados”, al tiempo que arremete contra los deberes y contra los exámenes. Cuando era director de colegio, convirtió la Grange Primary School, una de las peores de Reino Unido, en un ejemplo de innovación. Fue asesor de política educativa de Tony Blair y Premio Nacional de Enseñanza en su país. Estos días ha estado en Madrid, participando en el Congreso de Mentes Brillantes.

España tiene una tasa de abandono escolar temprano del 22%, la más alta de la UE. ¿Qué les pasa a nuestros estudiantes?
El sistema educativo español es uno de los más tradicionales del mundo y ocurre como con la educación durante la era industrial, en que se perseguía controlar la producción: se da a todos los alumnos el mismo mensaje y se les examina de la misma forma. Pero nuestros hijos son la generación más sofisticada de consumidores de la historia, sobre todo en tecnología. Conocen mucho más el mundo que nosotros a su edad. Ya no basta con atraparlos en clase, lo que necesitamos es un sistema que exprima lo mejor de cada uno. A pesar de que los niños tienen un instinto natural para aprender, el sistema actual hace aburrido el aprendizaje. Si creamos sistemas divertidos y estimulantes, los alumnos querrán seguir en las aulas.
El propio ministro de Educación, José Ignacio Wert, reconoce que nuestro modelo es excesivamente memorístico y rígido. ¿Puede estar aquí parte del problema?
Sí, por supuesto. El sistema aún cree en el mero proceso de memorizar y repetir información. Es un círculo vicioso porque los políticos les dicen a los profesores que evalúen así a los alumnos y a ellos les evalúan de la misma manera. Lo que necesitamos son políticos que digan: “Vamos a diseñar un nuevo sistema”. Estamos constantemente parcheando modelos que no funcionan, en vez de crear uno nuevo.
Los partidos de la oposición han acordado derogar la séptima ley educativa en democracia, la Lomce, en cuanto el PP pierda su mayoría absoluta. ¿Hace falta un Pacto de Estado por la Educación?
Hay que huir de los sistemas que cambian cada cuatro años, cuando lo hace el Gobierno. En Finlandia han hecho un acuerdo entre los políticos y en 12 años no han modificado su sistema educativo.
¿Qué opina de las reválidas, pruebas externas, nacionales y estandarizadas al final de cada etapa educativa que ha recuperado Wert?
La mayoría de los países tiene estas pruebas, pero el problema es que miden sólo un tipo de inteligencia. La sociedad aún cree que la forma en que haces el examen define lo inteligente que eres, pero muchos emprendedores de éxito tienen en común que suspendieron estas pruebas finales.Steve Jobs, cofundador de Apple, abandonó la universidad, mientras que Richard Branson, de Virgin, dejó de estudiar a los 16 años. Necesitamos un sistema educativo que sea capaz de medir las inteligencias múltiples, no sólo las habilidades para superar un examen.
Si no hay exámenes, ¿cómo se evalúa lo que aprende el alumno?
Los exámenes son fáciles de gestionar, pero esto no significa que estén bien. Deberíamos ver el progreso del niño en un ámbito general, su desarrollo emocional, creativo y colaborativo, así como sus habilidades interpersonales.
¿No es un riesgo primar las habilidades frente a los conocimientos?El aprender a aprender ha provocado que los niños no tengan ni idea, por ejemplo, de los nombres de los presidentes del Gobierno o de quiénes eran los Reyes Católicos.
No hay que elegir entre una cosa u otra. Si se hace bien, habilidades y conocimientos van unidos. El conocimiento es importante, pero el sistema educativo se ha centrado sólo en él y se ha olvidado de las habilidades. Y el conocimiento por sí solo no significa nada. No es tan importante que los niños no recuerden los nombres de los presidentes del Gobierno porque pueden encontrarlos en Google, pero sí lo es más que sepan cómo funciona Google.
Dice que los niños de hoy están expuestos a más cosas y que eso ha cambiado su perspectiva del mundo. Los críos tienen más información que nunca, pero ¿saben clasificarla y darle la importancia debida?
Desde luego que no, porque no les estamos enseñando a clasificar esa información. Hay que enseñarles a hacerse preguntas, a ponerse retos, a investigar la información.
Los padres se quejan de que sus hijos tienen demasiados deberes. ¿Hasta qué punto son útiles?
Nunca he entendido el valor de los deberes. En mi opinión, se inventaron para que el niño tenga algo que hacer cuando llega a casa y para que los padres puedan ver qué es lo que hace en el colegio. Ninguna de estas razones beneficia a los niños. No he visto ningún informe serio que diga que son beneficiosos para el progreso de los niños. De hecho, en China están empezando a quitarlos en Primaria. No digo que los videojuegos sean buenos todo el rato, pero a mi hijo de 14 años le encanta jugar al FIFA en la consola, que tiene conectada a internet. Ha empezado a decir frases en ruso, español y alemán porque habla con los chicos con los que juega, que son de otros países. Es un buen ejemplo de cómo aprenden por sí mismos. Confiemos en ellos y dejemos que hagan lo que les interesa en su tiempo libre. Quiero que jueguen en la calle y que tengan tiempo para estar con sus padres, para hablar entre ellos, para leer libros… y no pueden hacerlo con dos o tres horas de deberes al día.
Como defensor de las nuevas tecnologías en la educación, ¿qué le parece la asignatura de Programación de Videojuegos que ha estrenado la Comunidad de Madrid?
[Sonríe] Alguien les debió de decir: “Ponles a aprender videojuegos, que ahí es donde está el dinero”, pero lo que ocurrirá es que en unos años tendremos tantos programadores que ya no será una carrera rentable. Además, para cuando dejen la escuela, el lenguaje de programación será totalmente distinto. Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, no sabía de programación, pero sí entendía la naturaleza humana. Para salir de la crisis, España necesita una generación de emprendedores que cree sus propios negocios.